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Retrato de María José

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Retrato de María José, óleo sobre lienzo, 2020

El confinamiento hace que trabajemos más o que dediquemos nuestro tiempo a hacer lo que nos apetece de verdad. Este retrato, como todos los que he hecho, están motivados o surgen desde el cariño hacia la persona retratada. No sé si habré conseguido esa sonrisa que tanto la caracteriza, por lo menos lo he intentado. El fondo quería que fuera alegre como es ella, con motivos florales solo sugeridos por el color sin forma concreta alguna.

Retrato de papá

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Retrato de Pedro García Saura, Bárbara Carpi, óleo sobre lienzo, 2015

Qué puedo decir de este retrato que hice después de la muerte de papá. Nunca sería nada objetiva porque en él está todo el cariño que siempre le tuve. Él fue el mejor padre, el que nos contaba cuentos cuando éramos pequeñas, el que nos arropaba, el que nos llevaba al cine, a aquel cine de Mahón donde ponían películas para niños en aquellas sesiones de matiné… De lo que sí estoy orgullosa es de su mirada que creo he sabido captar, esa mirada que lo dice todo… la de un hombre esencialmente bueno.

Alvar Aalto, arquitecto y diseñador finés

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Silla Paimio

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Iglesia parroquial de Riola

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Auditorio  The Finlandia Holl, 1962

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Jarrón Savoi, 1936

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Biblioteca de Viipuri

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Biblioteca de Viipuri, sala de conferencias

Alvar Aalto es una figura destacadísima del diseño y la arquitectura nórdica del pasado siglo, a la altura de Le Corbusier o van der Rohe. Para el diseño del mobiliario y de los interiores utiliza las materias primas más comunes de su país, como la madera, suavizando las formas. Nació en Finlandia en 1898 y estudió en Helsinki. Alvar, como sus contemporáneos, entendió que cualquier objeto por sencillo que sea puede ser objeto de diseño actual. Al principio recibió la influencia del Romanticismo nacional y del Clasicismo después. Una de sus primeras obras importantes fue la Biblioteca de Viipuri,  en Viborg, cuyo techo del salón de conferencias está formado por listones de madera muy finos que adoptan formas onduladas para favorecer la acústica. En 1925 se casó con la también arquitecta Aino Marsio, que colaboró en varios de sus proyectos. Formaron un buen equipo, viajaron por Europa y se impregnaron de los distintos movimientos de vanguardia. Desde 1935 participó en la Exposición Internacional del Mueble de Londres y dos años más tarde funda con su esposa la empresa Artek en la que se exhiben obras de arte del diseño orgánico del siglo XX. Para su mujer diseñó la primera silla con una estructura de madera autoportante, la silla Paimio, para que los enfermos pudieran respirar mejor, aunando diseño y funcionalidad. Estas dos últimas constantes, sumadas a su preocupación ergonómica y orgánica, que nunca le abandonaron, caracterizan toda su obra. De alguna manera lo humano y la naturaleza unidas como fuente de inspiración. Muy conocido es también el jarrón Savoi, que hoy se puede comprar por Internet; aviso para todos los amantes del buen diseño.

Georgiana Houghton

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«El Señor resucitado», 29- 6- 1864

 

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«Flor de Catherine Emily Stringer»,

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«El ojo del Señor», 1864.

Esto se podría llamar el insólito caso de Georgiana Houghton, una pintora victoriana nacida en Las Palmas de Gran Canaria en 1814, que ha estado olvidada y redescubierta como la primera pintora abstracta de la historia. Alguna de sus obras que han pasmado a los críticos de arte más afamados, como el del Times, tienen algo en común con algunos de los inicios de Georgia O’Keefe. Nacida en España en el seno de una familia de comerciantes que se trasladó a Londres, tuvo una  importante relación con el espiritismo, que la llevó a afirmar que «el espíritu es quien conduce mi mano». La muerte de su hermana y después de sus padres la llevó al espiritismo para poder comunicarse con ellos. Su obra, de haber sido conocida y difundida, se habría adelantado a la obra del ruso Kandisnky, a sus teorías del arte abstracto de 1910 y a su consideración del primer artista abstracto. Su familia se arruinó y su vida no fue fácil, hacía de médium y producía «dibujos de espíritus». Expuso en 1871 en la New British Gallery y se arruinó con ella. Se hizo fotógrafa para captar con su cámara sombras y signos de otra vida. Murió en la pobreza en Londres en 1884. La mayoría de sus obras terminaron en Australia donde se preparaba una exposición que al final no llegó a realizarse. La exposición londinense costaba de 150 acuarelas. Al morir casi todas sus obras fueron heredadas por la Unión de Espiritistas Victorianos de Melbourne. La pregunta que nos hacemos muchos es por qué su obra fue olvidada, por su relación con el espiritismo o por el hecho de ser mujer, ya que otros autores decimonónicos, como Victor Hugo o Conan Doyle, estuvieron relacionados con estas prácticas y sin embargo ahí están para la historia. Otro caso lacerante de mujer artista «olvidada». Quizás algún día se debería revisar este orden de cosas y hacer justicia para todas ellas. Es increíble que estos dibujos de marañas de hilos que evocan el dibujo surrealista automático de André Masson de 1920 y los psicodélicos de los años 60 fueran hechos por esta pintora victoriana.

Publicó: «Evening at Home in Spiritual Seánce»  y»Crónicas de las Fotografías de Fenómenos y  Seres espirituales invisibles al Ojo Material»

 

Isabel Guerra, la «pintora de la luz»

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Sin título.

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«Confío en tu palabra».

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«Ven en ayuda de mi soledad»

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«Sobre rastrojos, sueño de primavera», 1985

Isabel Guerra, esta pintora universal, nació en Madrid en 1947. Su pintura extraordinaria va más allá del realismo, tampoco se puede calificar de hiperrrealismo, yo no lo haría, pero sí que su realismo es muy velazqueño. La importancia que esta grandísima pintora otorga a la luz es notable y por eso es conocida como la «pintora de la luz». Por todo ello, siendo una pintora de hoy, su obra es de un clasicismo imperecedero. Comenzó a pintar de forma autodidacta a los doce años y expuso por primera vez a los quince en la galería Toisón de Madrid. Estudió en el Museo de El Prado, viendo a los grandes maestros y leyendo con avidez libros de arte. Ingresó en el monasterio cisterciense de Santa Lucía en Zaragoza en 1970. Este hecho otorga además una dimensión casi mística a su pintura, que se refleja claramente en su manera de hacer, de impregnar cualquier tema que trata, desde sus retratos a sus bodegones. Sus dibujos al carboncillo son de una calidad insuperable. Es académica de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis y de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Ha realizado más de treinta exposiciones, estando su obra cotizadísima.

Mariposa

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Estas fotos son de Jerónimo García, mi querido corresponsal en Ceuta, en las que se aprecia el BN y el color. Y en este caso sí que no sé con cual quedarme, si tuviera que elegir entre una u otra, aunque posiblemente con la primera, cuya elegancia le gana al color. Es lo que tiene el BN, esa fuerza tan maravillosamente basada en los contrastes y en los grises, igual que en la vida. !Muchas gracias, Jero!

Lucía Maholy I

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Juego de café y té de Marianne Brandt, 1924. Fotografía de Lucia Moholy

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Silla de escalera de Alma Buscher, 1923. Fotografía de Lucía Moholy

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Casas maestros. Dessau, 1926. Fotografía de Lucía Moholy

Lucía Moholy (1894-1985), estudió historia del arte y filosofía en Praga donde desarrolló un gran interés por la fotografía. Tomo clases de Otto Decker y documentó el traslado de Bauhaus a Dessau donde tomo muchas imágenes con una cámara de 18 x 14 y con una Leica. Fue ella quién inició a su marido Moholy-Nagy a la fotografía. Fotografió los edificios y la artesanía que la escuela producía como del servició de té de Marianne Brandt a la mítica Table Lamp de K. Jucker y W. Wagenfeld. Publicó «A Hundred Years of Photography». A esta  gran artista le debe la Bauhaus los documentos gráficos de la labor desarrollada en la mítica escuela alemana y de los edificios diseñados por Gropius.

Lucía Maholy y la Bauhaus

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Fotografía de un estudio en equilibrio de Johannes Zabel, 1923-4. Fotografía de Lucía Moholy

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Gitana yugoslava, 1930-31. Fotografía de Lucía Moholy

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Walter Gropius. Fotografía de Lucía Moholy

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Inez Spender, 1938. Fotografía de Lucía Moholy

Este es otro caso de los muchos que se han dado a través de la historia en los que el trabajo de una artista mujer es apropiado o silenciado por un varón. Lucía se casó con el artista Moholy-Nagy y llegó por primera vez a la Bauhaus cuando su marido fue contratado para enseñar en la escuela donde también impartían clases Klee y Kandinsky. Ella, como fotógrafa, documentó todo sobre la Bauhaus, cómo eran los edificios, las cosas que hacían siguiendo los conceptos y principios que propugnaban. A través de sus fotografías, difundió y dio a conocer a la escuela más allá de Alemania. De hecho se la conoce como la fotógrafa de la mítica escuela Alemana. La Alemania de los años 20 buscaba algo más aparte del expresionismo o de convenciones pictorialistas; buscaba la exaltación de lo cotidiano y una ruptura con el lenguaje clásico, apostando por los primeros planos y los ángulos complejos. Fue escritora, editora y fotógrafa de grandísimo talento. Su matrimonio duró siete años, los mismos en los que tuvieron amistad con Walter Gropius, quien se apoderó de los negativos de cristal de Lucía llevándoselos consigo a Massachusetts, donde emigró. El «gran» Gropius se apoderó de su trabajo, que fue publicado muchas veces sin reconocer su autoría. La Bauhaus, que significa literalmente «construir casas», buscaba, tras la primera guerra mundial, un nuevo orden, un modelo de belleza nuevo, racionalista. Cuando los nazis llegaron al poder, Lucía huyó y finalmente se estableció en Inglaterra, dejándolo todo atrás. Durante años peleó para recobrar sus más de trescientos negativos que obraban en poder de Gropius; finalmente lo consiguió a través de un abogado, litigando. Cuando falleció en 1989, fueron legados sus negativos al Archivo Bauhaus en Berlín, donde se conservan y son objeto de estudio. La obra de esta gran artista de origen polaco es otro de los casos sangrantes en los que sus colegas varones les «roban» literalmente el trabajo. La Historia del Arte debería repasar y poner a cada cual en su sitio. Lucía vivió a la sombra de su marido primero y, después, ya sabemos lo demás.

Max Jacob, poeta en su época

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En la biblioteca de mis padres, antes del confinamiento, me encontré esta joya que tampoco sé de quien era pues venia con una firma desconocida por mi y editada en España en 1924. Esta obra,  «Le cornet à dés», «El cubilete de dados», poemas en prosa, es posiblemente la más influyente de toda su producción, que abarca, además de cuentos y textos diversos, una novela autobiográfica. Su corta producción, no obstante, no impide que Max Jacob, solo por el  prólogo-manifiesto de esta obra, se haya convertido en un escritor de culto y que este sea el prólogo más conocido y lúcido de los escritos en el siglo pasado sobre la creación. Este poeta surrealista, oriundo de la Bretaña (Quimper, !876-Drancy, 1944) trabó amistad  en París con Pablo Picasso y Apollinaire, quienes le aconsejaron que dejase su empleo en un almacén y se dedicase a vivir como un artista, cosa que hizo en Montparnasse y que suponía las consabidas penalidades. Pintó, escribió, ayunó y malvivió aunque apoyado por su fe, que le hizo convertirse al catolicismo, siendo Picaso su padrino en 1915. En 1917 escribió esta obra y «Le laboratoire central», en 1921, «Visions Infernales», en 1924, y «Les penitents en maillot rose», en 1925. Bajo el titulo de «Meditaciones de un judío converso» publicó diversos textos, cuentos y novelas en tres volúmenes que dedicó al monje Matorel. Se retiró a vivir a Saint-Benoit del Loire desde donde realizó varias salidas al extranjero, pero donde fijó su residencia definitiva hasta que los nazis le detuvieron y lo deportaron al campo de Drancy, donde murió de una pulmonía.

«El cubilete de dados», con poemas en prosa, contiene en sus páginas una mezcla de misticismo y de humor fantástico; fue una obra de total inspiración para los poetas posteriores, sobre todos para los surrealistas. Algunas parecen greguerías al modo de Gómez de la Serna. No puedo resistirme a poner una de las joyas que contiene las páginas de este libro:

«Sucede que cuando tú roncas el mundo material despierta al otro» o este «Saltad a la comba al bajar la escalera y no pondréis en ella los pies»…

Para muchos Max Jacob está considerado un poeta cubista quizás por su forma de vertebrar o examinar la realidad desde distintos ángulos o planos y por que además se relacionó sobre todo con dadaístas y cubistas aunque esto último no quiere decir nada a la hora de analizar su obra.

Jean Metzinger

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«La femme au cheval». 1911

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«Nature morte». 1911-1912

Jean Metzinger  que tuvo una instrucción clásica en la Académie des Beaux Arts de Nantes, ciudad donde nació en 1883, a través de su profesor Hippolyte Turon, pronto se interesó por las nuevas tendencias; de manera que experimentó con el neoimpresionismo, el fauvismo, el divisionismo y el puntillismo, para después dedicarse a obras más personales como por ejemplo el retrato de Guillaume Apollinaire de 1910. En 1903 envió tres obras al Salón de París y con las ganancias se fue a París con la intención de estudiar medicina, idea que pronto abandonó. Ese mismo año expuso en el Salón de Otoño y en una colectiva con Raoul Dufy y Lejeune y Torent. Al año siguiente volvió al Salón de Independientes y en el de Otoño.  Y en 1905 expuso en la galería de Berthe Weill con Robert Delaunay con el que tuvo una gran amistad. Esta galerista fue decisiva a la hora de mostrar y apostar por las nuevas tendencias y por pintores como Pablo Picasso, el mismo Metzinger, Matisse, Derain, Utrillo… y ella le presentó a Guillaume Apollinaire, personaje importantísimo en ese circulo de artistas. La influencia de Picasso en Metzinger fue considerable hasta 1923. Este artista en los años sucesivos expuso con todos los que tenían algo que decir en el arte moderno: Braque, Sonia y Robert Delaunay, Dufy, Brancusi, Leger, Van Dongen… A partir de 1910  comenzó a publicar artículos sobre pintura contemporánea y siguió publicando con el fin de difundirlo. Para ello fue decisivo el libro que publico junto con Albert Gleizes. Según él Braque y Picasso: «se habían despojado de la perspectiva tradicional y se habían tomado la libertad de girar alrededor de los objetos, lo cual les permitía hablar, por primera vez de totalidad». En 1911 expuso en la sala 41 del Salón de Independientes que sería la primera exposición formal de pintores cubistas con  Robert Delaunay y Léger. siguio exponiendo en los salones y en las mejores galerías de París y en 1916 expuso en N.Y. en la galería Montross, en la Der Sturm de Berlín. Participó en la I Guerra mundial y cuando regresó ya no abandonó su residencia definitiva en París. En años posteriores expuso en Londres en la galería Hannover y en la Leiscester y en el Arts Club de Chicago en 1953. Fue un asiduo del famoso Bateau Lavoir. Su obra se clasifica dentro del cubismo analítico. Murió en París el 3 de noviembre de 1956.