La higuera

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Trasplantamos la higuera porque la pobre no tiraba bien; estaba pachucha, diría que sufría de una cierta tristeza, si es que las higueras sufren esos estados de ánimo. Pues debe ser que algo no funcionaba como era debido porque ahora sus hojas se han estirado y se le ve más feliz que una perdiz, cuando por las mañanas me asomo al jardín. Y es curioso porque dicen que no hay que regarlas mucho si queremos tener higos dulces, pero he observado que si no se les riega le vuelve esa especie de morriña que no le favorece nada.

Fotos, Bárbara

6 pensamientos en “La higuera

  1. ¡Jajaja, claro que si! Es que el año anterior estaba muy bonita y este año no sé que es lo que le pasó que parecía que se había estropeado, pero al cambiarla de sitio se ha puesto estupenda.

  2. La higuera s un árbol muy resistente, en el norte llueve mucho y las hay por todas partes. Desde niña comí higos cogidos de la higuera ¡qué ricos!. Pues nada, Bárbara, que el trasplante y el agua la sigan reviviendo.
    Un fuerte abrazo.

    • Seguro que fue un fallo mío porque los árboles y las plantas, como seres vivos que son, nos avisan cuando algo no funciona y a veces no les prestamos la debida atención. Gracias por tus buenos deseos; ahora estoy muy pendiente porque los higos que nos regalan están deliciosos. Y coger la fruta directamente del árbol es una gozada. Siempre digo que los jóvenes en paro debería volver a los pueblos, el contacto con la madre tierra, aunque duro, nos devuelve algo esencial que se ha ido perdiendo…
      Un abrazo grandísimo

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