París y los ritos egipcios

La pirámide de cristal. Foto: Bárbara

La pirámide de cristal. Foto: Bárbara

La pirámide de cristal que tanto admiramos en el Louvre, construida bajo el auspicio de Miterrand, no hace más que continuar la “tradición”, la línea que une la antigua leyenda sobre la fundación de París y los ritos egipcios. Según esa antigua leyenda, ya los druidas crearon en la isla de la Cité un núcleo de población, que dio origen a la actual ciudad, donde se practicaba el culto a Isis. Desde la antigüedad el culto a Isis, diosa madre que amamanta a su hijo, floreció en Barís, nombre que por el fuerte acento del norte de las Galias originaría el nombre de París. En el antiguo escudo de la ciudad aparecen las abejas y una nave llevando a Isis. Los druidas elegían islas para levantar sus templos; en la Cité estaba el de Isis sobre cuyas ruinas se construyó Notre Dame. La llegada de Isis se celebraba el 3 de enero.

En un manuscrito de la obra de Boccaccio “De claris mulieribus” conservado en la Biblioteca Nacional de París  hay una miniatura en la que se ve   una figura sentada llegando en una barca a la ciudad;  bajo ella comienza el capítulo así: “La muy antigua Isis, diosa y reina de los egipcios”. Barís era el nombre de la barca y el núcleo así llamado era una ciudad fluvial e Isis la diosa que tuvo su templo primero no lejos del Sena en la que hoy es la iglesia de Saint Germain-des-Prés (el templo más antiguo de París).  El cristianismo adopta, mejor dicho, asimila la figura de la diosa madre y la figura de su hijo, de la misma forma que al estudiar los estratos de cualquier iglesia vemos que sobre lo que ha sido una basílica visigoda se superpone una iglesia cristiana, luego una mezquita etc; la palabra nave de una iglesia es en realidad la nave de la diosa Isis,  e Isis el origen de todas las religiones.

Los masones, que alentaron la revolución francesa, tenían la idea de sustituir el cristianismo por los valores de la razón. Al pueblo había que ofrecerles unos símbolos diferentes. Tras la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, y  finalizada la revolución, Robespierre decide que hay que  construir un monumento con las piedras de la demolida prisión; en principio, cuatro años atrás se pensó en una pirámide, mas finalmente se elevó un monumento dedicado a Isis. El monumento medía seis metros de alto e Isis, sentada en un trono, estaba custodiada por dos leones.

Para recordar a los mártires de la revolución, Robespierre hizo levantar pirámides en el campo de Marte, en las Tullerías y en la plaza de la Concordia. Napoleón siguió con la tradición al culto de todo lo egipcio;  debió sentirse fascinado durante la campaña en Egipto y elije la abeja como símbolo de su condición de emperador igual que los faraones.

Con posterioridad se continúa con la pasión de los símbolos egipcios. Para más gloria de Francia Champollion consigue descifrar los jeroglíficos y él mismo es el encargado de traer el obelisco que preside la plaza de la Concordia justo en el lugar que estuviera instalada la guillotina en los años del terror. Y donde hoy está la pirámide del Louvre hubo un proyecto para levantar una pirámide en honor a Napoleón, que finalmente no se realizó. Hoy, como ayer, París sigue fascinada por Egipto.

7 pensamientos en “París y los ritos egipcios

  1. Estupenda foto e interesantísimo comentario, Bárbara: no podía siquiera imaginarme la relación entre el Antiguo Egipto y París. Desde luego, sí había leído sobre la fascinación de Napleón y la figura de Champollion y la Piedra de Rosetta.

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