
«El Tránsito de Arturo», 1874

«Día de mayo», 1866

«Mrs. Duckworth», 1867

«Sir Henry Taylor», 1867

«Beatrice», 1866
Julia Margaret Cameron pertenece al movimiento «pictorialista». Comenzó tarde su quehacer fotográfico, a los 45 años, pero su interés no cesó de crecer. Hoy es considerada una de las mejores fotógrafas victorianas. Sus magníficos retratos transmiten más que describen. Y tienen la fuerza expresiva de unos rostros que surgen de las sombras, capta lo que esos rostros le inspiran, poses y actitudes, al estilo romántico y melancólico. Su puesta en escena los hacen intemporales, como en los tres últimos, o en los temas alegóricos, como en las dos primeras fotografías, que forman parte de su gusto por los asuntos bíblicos, mitológicos o artúricos; pero sobre todo es por sus retratos por los que su figura se engrandece. La cámara que le regalaron estaba pensada para el paisaje, pero ella buscaba el desenfoque porque, a pesar de las críticas de entonces, buscaba lo etéreo, lo impreciso, el sfumato que quería lograr al modo del gran Leonardo.






















