Otro año más, Noa

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Foto: Bárbara

Otro año más, mi princesita. No sé si a estas horas estarás ya durmiendo o los nervios por el día de mañana te impiden dormir. En cualquier caso, que tengas dulces sueños y que las horas pasen volando para poder estar juntos disfrutando de tu compañía, risas y juegos. Y que en el año que estrenarás se cumplan todos tus deseos. Un beso grandísimo de tus abuelos.

¡Te pillé!

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Yo estaba al acecho en el estanque y el pececillo rojo se me escapaba. La caída de una hoja, cualquier movimiento imperceptible y, plas, el puñetero se sumergía hasta el fondo raudo como una centella. Pero, como soy muy cabezota, me armé de paciencia y me senté a esperar, y me dije: ¡a ver quién puede más!. Y, cuando menos me lo esperaba, ¡lo pillé!; y ahí está la foto. Él, con cara de sorpresa y yo satisfecha.

 

Como un estallido de luz

 

 

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Foto: Bárbara

Como ya dije, me ha tomado vacaciones blogueras y solo voy poniendo alguna foto que otra porque esto es como un venenillo y me cuesta desconectar del todo. ¡Quién me lo iba a decir!

 

 

 

 

 

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Jazmín de la India

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Foto: Bárbara

 

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Foto: Bárbara

 

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Foto: Bárbara

La plumeria o vulgarmente conocida por el nombre de jazmín de la India le debe el nombre a Charles Plumier (1646-1704), misionero y botánico francés que trabajó en el Caribe. Es originaria del sur de México y de América Central y muy cultivada en todos los subtrópicos y trópicos del mundo. Se multiplica por esquejes. Debe ser que me enamoro de las plantas con el nombre de jazmín, como fue el caso de la ya, ahora, penúltima adquisición llamada jazmín de Madagascar; el caso es que con esta me pasó lo mismo: que en cuanto la vi me quedé bouche bée como dicen los franceses, es decir, con la boca abierta, ante la belleza de sus flores. Debe recibir luz durante varias horas al día, pero sin que le dé el sol directamente. Espero haber acertado con el sitio adecuado y poder disfrutar de ella durante tiempo.

La Taúlla de Julio Velandrino

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Una muestra del menú degustación  del local que dirige Julio Velandrino en Espinardo a unos tres o cuatro kilómetros de Murcia capital. La Taúlla era una antigua fábrica de pimentón y el pimentón está presente en carteles antiguos y en los aperitivos, seis, que inician los seis platos que siguen más dos postres. La nouvelle cuisine tiene sus devotos y sus detractores. Sinceramente debo decir que el servicio era inmejorable, rápido, pero sin agobios innecesarios. Y que la experiencia gastronómica fue de sobresaliente. A los que opinan que las raciones de la nouvelle cuisine son pequeñas les diría que depende del número de platos y, en este caso concreto, eran más que suficientes y de elaboración magnífica. Pero lo mismo que defiendo esto, defiendo la cocina tradicional, que una cosa no quita a la otra. Un chuletón de Ávila y unas judías del Barco tomadas en el Palacio de los Velada de la capital abulense, como puse en su momento, también fue toda una fiesta gastronómica. Digo todo esto por que a muchos les gusta el todo o nada. Y yo pienso que a cada cual lo suyo.

Fotos: Aurelio Serrano García.

La naveta des Tudons

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La naveta des Tudons. Foto: Bárbara

Aparte de los talayots y de las taulas el megalitismo menorquín aporta la estructuras de la naveta de finalidad aparentemente funeraria. La más famosa y bien conservada es esta de 13’5 metros de largo y 6 metros más o menos de ancho con una altura que supera los 4 metros. Entrar por la puerta al interior es para los que amamos la arqueología toda una experiencia. La naveta des Tudons está cerca de Ciutadella al otro extremo de la isla, desde Mahón. En su totalidad el megalitismo de Menorca no tiene nada que envidiar al de Göbleki Tepe en Turquía.

Cala Morell (Menorca)

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Si mi querida amiga Ángeles viera que estoy poniendo cosas de su isla, me reñiría y me diría: «No hagas propaganda, no nos gusta el turismo masivo que todo lo estropea», y tendría razón, pero en mi descargo le diría que amo tanto a esta tierra y la añoro tanto que este verano no me puedo resistir. Cuando yo vivía allí, las calas estaban casi vírgenes y cuando estuve  la última vez en agosto, Mahón ya estaba llena de turistas, una pena. Se me olvidó añadir que el poblado prehistórico de cala Morell esta cerca de esta cala, de modo que la excursión no puede ser más completa; primero visita al poblado y después un baño delicioso.

El espejo roto (relato corto)

Las avispas zumbaban allá abajo. En el jardín, los helechos formaban un alto tapiz; los gorriones iban de un árbol a otro en vuelos cortos sin aparente sentido. Las arañas tejían sus telas y, a pesar de ese trajín, todo parecía paralizado, sordo, sin sonido. Pero al salir, al abrir la puerta el sol la cegó y se paró aturdida, mareada. El día había comenzado sin ella. Y ella se volvió arrepentida. Dentro de la casa bajó las persianas. En la cocina miró por la ventana, el toldo del patio interior la protegía de la luz y se quedó quieta en la puerta; bajó los escalones y se dejó caer en la tumbona, El toldo estaba sucio, pensó al mirar hacia arriba. De las cocinas vecinas le llegaba los ruidos apagados, aún era temprano, se dijo, aunque algunas cocinaban ya preparando las comidas. Ella no tenía para quién cocinar, mejor, pensó; encendió un cigarrillo y tiró la ceniza sobre las piedras blancas. Pensó en los cantos rodados de los ríos, en el canal y en los baños del verano, allá en el pueblo de sus abuelos. Sintió su vida de pronto como una losa. Y se pensó como un espejo roto.