Restauración de Notre-Dame según Fran Canós

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El 15 de abril de 2019 se produjo el incendio que conmovió a todo el mundo. Tres meses después, la plataforma mundial GoArchitec seleccionó los 50 mejores proyectos para la restauración de la catedral, el monumento más visitado de Europa. Ahora, entre los diez favoritos, se encuentra el de Fran Canós (Nules, Castellón), un joven ingeniero de diseño industrial, según el diario The Independent. Impresionado por el incendio, se puso a trabajar al día siguiente. Según sus propias palabras: «Recuerdo que era viernes, acabé de trabajar por la tarde… y empecé a imaginar lo que debería hacer el arquitecto: atacar los contrafuertes, hacer algún tejido… una armadura de piedra natural que fuera por encima de la cubierta y que simbolizara proteger Notre-Dame… » Y añade: «Yo prefiero toda la historia de Notre-Dame con aplicaciones que permite la tecnología actual para la piedra y la madera, otros prefieren cristal o aluminio, pero no lo veo oportuno». Efectivamente, como añade, la catedral y la historia merecen un respeto. Además su idea es hacer la aguja de Viollet-le-Duc tal como era me parece destacable. Ese bellísimo trenzado que lleva su proyecto curvando la piedra ahora se puede hacer, porque él trabaja con una empresa francesa que lo hace, que realiza esta técnica. Para todo ello habría que hacer un análisis de estructuras, siempre según Canós. Este trenzado se ve perfectamente en la primera fotografía, cuyo resultado es muy bello. En Fran Canós Studio creen que la catedral debe ser reconstruida tal y como estaba, utilizando los mismos materiales de madera y piedra, aunque aplicando los avances técnicos y el diseño, como se hizo en 1163 cuando se construyó.. La aguja de Viollet-le-Duc data de 1844.

El proyecto de Canós lo encuentro fascinante y bellísimo, al tiempo que supone un respeto hacia la historia, anteponiéndolo a todo y sin ánimo de dejar «su firma» por encima de cualquier cosa, como pretenderían muchos profesionales. Aplaudo fervientemente su proyecto.

Paris en Primavera

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París en Primavera, con los árboles llenándose de flores y hojas nuevas. En la primera fotografía, Notre Dame, cuyos trabajos de restauración la dejarán como nueva, aunque aún se debe decidir quién se encargará por fin de llevarlo a buen término. De los innumerables proyectos presentados se seleccionaron finalmente cincuenta, entre los cuales se encuentra un ingeniero español, Fran Canós de 30 años, que quiere reconstruir la aguja de Violet-le-Duc tal como estaba. La segunda se la dedico a otra persona que, como yo vivió, en la casa de fachada rosa, sita en 5 rue Lagrange, va para ti M. Concepción Contel!. Yo estuve en el último piso, en una buhardilla que compartí con otra chica española; la habitación constaba de dos camas y un aseo, pero las duchas y las bañeras estaban en una sala grande en otro piso, igual que los retretes. Todo muy francés. En la Saboya francesa pasaba lo mismo, las duchas, que eran igualmente comunes, estaban aparte; las habitaciones solo tenían un lavabo y un bidet. Yo encontraba todo esto muy chocante, porque en España el cuarto de baño era completo; de modo que allí era frecuente ir con la botella de lejía en la mano. Son anécdotas para contar. La última es igualmente preciosa, con ese cielo tan azul y los típicos edificios del XIX. Lo dicho, París en primavera es como para no perdérselo; a ver si el año que viene y el virus lo permiten.

¡Mi agradecimiento a mi queridísima parisina!!!

La buganvilla

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Foto, Jesús Juárez

El botánico francés Bouganville le dio su nombre a esta especie tan hermosa, cuyas distintas variedades producen flores desde el rojo al magenta en esas cascadas de belleza indiscutible. De pequeña, cuando vivíamos en Ciudadela (Menorca), había una en el jardín de color lila, que caía sobre un banco de azulejos, formando un rincón delicioso donde me gustaba esconderme, eso pensaba yo, porque me sentía segura en aquel espacio que daba alas a mi imaginación de niña. Preciosa foto, donde el contraste de color entre el azul del cielo y las flores es todo un espectáculo que debo a la generosidad de Jesús; mil gracias.

Las lechuzas

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Desde la tumbona, el cielo, por la contaminación lumínica, es una masa difusa. Solo a lo lejos se veía el resplandor de la ciudad causante de esa carencia a la que estamos acostumbrados. Hacía solo unos días que habíamos vuelto de Lanzarote, donde por primera vez en toda mi larga vida había asistido al resplandor de la oscuridad, al hecho asombroso de ver el cielo tal como es: un tapiz cuajado de estrellas que titilan sin parar. Íbamos andando por una carretera desierta desde la urbanización al pueblo costero más cercano con idea de cenar allí; el campo era un desierto de lava volcánica sin ningún signo de civilización en kilómetros a la redonda, nada ni una casa, solo cielo y tierra y al mirarlo me sentí tan abrumada por aquella inesperada belleza que rompí a llorar; el corazón me latía con fuerza, hipnotizada no podía apartar la vista hasta que sentí dolor en el cuello. Y ganas de caer de rodillas y rendir así mi homenaje al espectáculo más hermoso que nunca había visto. ¡Qué pequeños somos, pensé!, al tiempo que me invadía un extraño sentimiento de serena felicidad. Después, fue una borrachera de sensaciones. Sabía que nunca podría olvidar esa noche en la que descubrí el firmamento. Ahora, observo desde la terraza del ático el mismo cielo, pero al que hemos tapado en pago por la «civilización». Aun así la noche es tranquila; en la terraza y en silencio miramos sin ver más que eso que se parecía al cielo, pero que no es más que un remedo. De pronto, desde detrás de una de las chimeneas del tejado, dos lechuzas pasaron por encima de nuestras cabezas en un vuelo rasante que nos dejó sin palabras.¡ Qué hermosas eran! Sin duda era un regalo de la diosa de ojos glaucos, Atenea, que se repitió varias noches seguidas.

Las rocas y el mar

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Fotografías, Jero

La generosidad de los amigos es inagotable. Magníficas estas de Jero, que combina dos de las cosas para mi más inspiradoras, la piedra y el mar. Viéndolas solo falta oír el sonido de las olas rompiendo contra ellas, nos falta el olor a salitre y casi el canto de las sirenas… Muy sugerentes para este domingo soleado que invita a ir a la playa. ¡Gracias mil, querido Jero!!!

La primera

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Foto, Bárbara

La primera rosa de esta primavera ya está aquí. Este año le ha tomado el puesto al rosal rojo que eran las que primero salían; ha sido trasplantarla a otra maceta más grande y se ha esponjado de satisfacción. Y ya hay dos más a punto de abrirse. Presiento que los rosales amarillos van por el mismo camino.

Amanecer

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Fotografía, Jesús Juárez

No hay nada como tener buenos amigos que saben de mi pasión por la fotografía y tienen el detalle de enviarme fotos como esta. Un cielo de ensueño que despierta el día con estas galas. Será para invitarnos a enfrentarnos con alegría al trabajo o al dolce farniente. ¡Mil gracias!

El sombrero

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Foto, Jero

Otra excelente fotografía que Jero me envía desde Ceuta. Ya he dicho en alguna ocasión, que la fotografía es un gusanillo que cada vez me atrae más y que ya lo llevo en la sangre. Por eso mismo agradezco tanto que entre nosotros, que nos unen lazos familiares y de simpatía mutua, se produzca ese trasvase que me alegra el día; al igual que la de algún amigo que me regala fotografías muy bellas. ¡Solo me queda dar las gracias!

Las «grandes» de Montmartre (I)

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Una calle de Montmartre, foto, Bárbara.

En la época dorada de Montmartre también existieron importantísimas mujeres que, como siempre, quedaron eclipsadas por sus maridos, amantes… Entre ellas están Misia Sert, Berthe Weill, Suzanne Valadon y Mary Cassat; no obstante, que sirva esto como un pequeño homenaje a otras tantas que sufrieron su condición de mujer.

Misia Sert fue descrita por Jean Cocteau como una mujer «con talento para reírse y para colocar a cada uno en su sitio». No parece mucho, pero no deja de ser una opinión masculina, de un amigo, sí, pero sesgada. Porque Misia Sert además, con su mecenazgo, ayudó de forma principal a que alguno de los grandes pintores como Renoir, al que le extendió un cheque en blanco, pudiera realizar su obra. Hija de padre escultor y madre chelista se crió en un ambiente familiar plenamente artístico. Muy joven se fue a Londres; muy inteligente tenía el don de percibir el genio de otros antes de que se abrieran paso en el mundo del arte; ayudó a sus amigos entre los que se encontraban Coco Chanel, Diaghilev y el ya citado Cocteau. Tuvo varias parejas y finalmente se casó con el arquitecto catalán Josep María Sert, cuyo matrimonio fue una relación de mutua admiración y apoyo, y cuando apareció en sus vidas Roussy Madivani, ayudante de Sert, se convirtió en lo que hay llamamos una relación poliamorosa.

Berthe Weill es la primera galerista de la historia; tenía un olfato muy sutil para distinguir las obras falsas de las verdaderas. Su actividad se inicia en una pequeña librería que después le permitió abrir una tienda de arte; su hermano la ayudó económicamente hasta que se pudo independizar de él y abrir su galería, a la que llamó «B. Weill» debido a que en aquella época tan machista no hubiera tenido éxito. Apoyó a Toulouse-Lautrec en sus comienzos y tuvo con Picasso una relación curiosa; ella le vendió obras de la época azul, pero como tardaba en pagarle, según cuentan él la llegó a amenazar con una pistola: eran tiempos difíciles. Expone por primera vez a los fauvistas Matisse y Marquet, apuesta por el cubismo y también por las mujeres. Vende por primera vez a los grandes pintores,es ella quien los lanza a la fama. Otros marchantes, hombres más poderosos, le chafan el negocio hasta que descubre y lanza, antes de morir, a Modigliani.

Nota aclaratoria: José María Sert era pintor y el marido de Misia y yo lo he confundido con el arquitecto José Luis Sert, pido disculpas por el error.

Alcachofas en escabeche

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Foto y receta, Bárbara.

El mundo del escabeche es realmente interesante, porque te permite escabechar cualquier producto; el límite lo pones tú. Normalmente se escabechaban sobre todo pescados para evitar que se estropearan, poder hacer mayor cantidad y dejarlos preparados durante días. Y, a medida que pasa el tiempo, mejor está. Ahora me interesa preparar así las pechugas de pollo y pavo, que son las partes más secas, para que queden jugosas. Las alcachofas quedaron estupendas, riquísimas y sin duda las volveré a hacer.

Ingredientes: Alcachofas congeladas, una o dos hojas de laurel, pimienta negra en grano, cebolla, vinagre de manzana y zanahoria, pero como no tenía no las puse, y dos dientes de ajo enteros y con su piel, que también doramos.

Tenía dos bolsas de alcachofas congeladas que vienen ya limpias y cortadas en cuartos, de manera que hacerlo fue coser y cantar. Una vez descongeladas dentro de la nevera las alcachofas que saco del congelador la víspera, las pongo a hervir con sal. Mientras, cortamos en palmera una cebolla grande, que vamos rehogando en aceite de oliva sin que se doren. Si tenemos, cortamos en rodajitas las zanahorias y los rehogamos también. En una cazuela, si es de barro mejor, añadimos la cebolla, los ajos, la zanahoria, las hojas de laurel, un puñados de pimienta en grano y vinagre de forma generosa y las alcachofas ya tiernas y hechas. Dejamos macerando en ese recipiente tapado y os aseguro que de un día para otro el resultado es fantástico. Si no queréis que el escabeche salga demasiado fuerte, lo podéis rebajar con agua; eso ya depende de como lo queramos y al gusto de cada uno.