Mariposa

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Estas fotos son de Jerónimo García, mi querido corresponsal en Ceuta, en las que se aprecia el BN y el color. Y en este caso sí que no sé con cual quedarme, si tuviera que elegir entre una u otra, aunque posiblemente con la primera, cuya elegancia le gana al color. Es lo que tiene el BN, esa fuerza tan maravillosamente basada en los contrastes y en los grises, igual que en la vida. !Muchas gracias, Jero!

Lucía Maholy I

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Juego de café y té de Marianne Brandt, 1924. Fotografía de Lucia Moholy

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Silla de escalera de Alma Buscher, 1923. Fotografía de Lucía Moholy

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Casas maestros. Dessau, 1926. Fotografía de Lucía Moholy

Lucía Moholy (1894-1985), estudió historia del arte y filosofía en Praga donde desarrolló un gran interés por la fotografía. Tomo clases de Otto Decker y documentó el traslado de Bauhaus a Dessau donde tomo muchas imágenes con una cámara de 18 x 14 y con una Leica. Fue ella quién inició a su marido Moholy-Nagy a la fotografía. Fotografió los edificios y la artesanía que la escuela producía como del servició de té de Marianne Brandt a la mítica Table Lamp de K. Jucker y W. Wagenfeld. Publicó “A Hundred Years of Photography”. A esta  gran artista le debe la Bauhaus los documentos gráficos de la labor desarrollada en la mítica escuela alemana y de los edificios diseñados por Gropius.

Lucía Maholy y la Bauhaus

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Fotografía de un estudio en equilibrio de Johannes Zabel, 1923-4. Fotografía de Lucía Moholy

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Gitana yugoslava, 1930-31. Fotografía de Lucía Moholy

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Walter Gropius. Fotografía de Lucía Moholy

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Inez Spender, 1938. Fotografía de Lucía Moholy

Este es otro caso de los muchos que se han dado a través de la historia en los que el trabajo de una artista mujer es apropiado o silenciado por un varón. Lucía se casó con el artista Moholy-Nagy y llegó por primera vez a la Bauhaus cuando su marido fue contratado para enseñar en la escuela donde también impartían clases Klee y Kandinsky. Ella, como fotógrafa, documentó todo sobre la Bauhaus, cómo eran los edificios, las cosas que hacían siguiendo los conceptos y principios que propugnaban. A través de sus fotografías, difundió y dio a conocer a la escuela más allá de Alemania. De hecho se la conoce como la fotógrafa de la mítica escuela Alemana. La Alemania de los años 20 buscaba algo más aparte del expresionismo o de convenciones pictorialistas; buscaba la exaltación de lo cotidiano y una ruptura con el lenguaje clásico, apostando por los primeros planos y los ángulos complejos. Fue escritora, editora y fotógrafa de grandísimo talento. Su matrimonio duró siete años, los mismos en los que tuvieron amistad con Walter Gropius, quien se apoderó de los negativos de cristal de Lucía llevándoselos consigo a Massachusetts, donde emigró. El “gran” Gropius se apoderó de su trabajo, que fue publicado muchas veces sin reconocer su autoría. La Bauhaus, que significa literalmente “construir casas”, buscaba, tras la primera guerra mundial, un nuevo orden, un modelo de belleza nuevo, racionalista. Cuando los nazis llegaron al poder, Lucía huyó y finalmente se estableció en Inglaterra, dejándolo todo atrás. Durante años peleó para recobrar sus más de trescientos negativos que obraban en poder de Gropius; finalmente lo consiguió a través de un abogado, litigando. Cuando falleció en 1989, fueron legados sus negativos al Archivo Bauhaus en Berlín, donde se conservan y son objeto de estudio. La obra de esta gran artista de origen polaco es otro de los casos sangrantes en los que sus colegas varones les “roban” literalmente el trabajo. La Historia del Arte debería repasar y poner a cada cual en su sitio. Lucía vivió a la sombra de su marido primero y, después, ya sabemos lo demás.

Mayo y sus flores

 

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Foto: Barbara

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Foto: Bárbara

Comienzan a salir las flores en este mes de mayo tan atipico en el que el confinamiento va abriendo paso a la esperanza. Cuánto añoro, ahora que empieza el buen tiempo, ir a los viveros. No muy lejos de casa hay uno con unas dimensiones tremendas; calles y  calles con las distintas especies, árboles enormes, bonsais, un sin fin de muestras de lo que la naturaleza es y de la enorme variedad que nos ofrece como regalos inmerecidos, que nos debería hacernos reflexionar sobre cómo estamos tratando el medio ambiente y si somos merecedores de tanto prodigio.

Max Jacob, poeta en su época

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En la biblioteca de mis padres, antes del confinamiento, me encontré esta joya que tampoco sé de quien era pues venia con una firma desconocida por mi y editada en España en 1924. Esta obra,  “Le cornet à dés”, “El cubilete de dados”, poemas en prosa, es posiblemente la más influyente de toda su producción, que abarca, además de cuentos y textos diversos, una novela autobiográfica. Su corta producción, no obstante, no impide que Max Jacob, solo por el  prólogo-manifiesto de esta obra, se haya convertido en un escritor de culto y que este sea el prólogo más conocido y lúcido de los escritos en el siglo pasado sobre la creación. Este poeta surrealista, oriundo de la Bretaña (Quimper, !876-Drancy, 1944) trabó amistad  en París con Pablo Picasso y Apollinaire, quienes le aconsejaron que dejase su empleo en un almacén y se dedicase a vivir como un artista, cosa que hizo en Montparnasse y que suponía las consabidas penalidades. Pintó, escribió, ayunó y malvivió aunque apoyado por su fe, que le hizo convertirse al catolicismo, siendo Picaso su padrino en 1915. En 1917 escribió esta obra y “Le laboratoire central”, en 1921, “Visions Infernales”, en 1924, y “Les penitents en maillot rose”, en 1925. Bajo el titulo de “Meditaciones de un judío converso” publicó diversos textos, cuentos y novelas en tres volúmenes que dedicó al monje Matorel. Se retiró a vivir a Saint-Benoit del Loire desde donde realizó varias salidas al extranjero, pero donde fijó su residencia definitiva hasta que los nazis le detuvieron y lo deportaron al campo de Drancy, donde murió de una pulmonía.

“El cubilete de dados”, con poemas en prosa, contiene en sus páginas una mezcla de misticismo y de humor fantástico; fue una obra de total inspiración para los poetas posteriores, sobre todos para los surrealistas. Algunas parecen greguerías al modo de Gómez de la Serna. No puedo resistirme a poner una de las joyas que contiene las páginas de este libro:

“Sucede que cuando tú roncas el mundo material despierta al otro” o este “Saltad a la comba al bajar la escalera y no pondréis en ella los pies”…

Para muchos Max Jacob está considerado un poeta cubista quizás por su forma de vertebrar o examinar la realidad desde distintos ángulos o planos y por que además se relacionó sobre todo con dadaístas y cubistas aunque esto último no quiere decir nada a la hora de analizar su obra.

El naufragio

El sol bruñía los acantilados; había salido de entre las nubes tras una noche de tormenta donde los rayos iluminaban por segundos el cabo de Favàritx. Las olas, ahora mansas, fatigadas, lamían la orilla con desgana. La espuma sin fuerza eran burbujas rotas sobre los maderos que iban apareciendo aquí y allá. Desde el cantíl un hombre encorvado observaba los restos del naufragio; los años lo habían doblegado como solo sabía hacer la tramontana con los árboles de la isla. Era viejo, patizambo y por equipaje llevaba una gran joroba, pero en otro tiempo había sido marino mercante del Patriakos, un barco griego, con el que recorrió medio mundo. Era viejo, lo sabía, pero seguía llevando el mar en el azul de sus ojos apagados. Se sentó sobre una roca, encendió una pipa de espuma de mar que amarilleaba por el uso. ¡Cómo le gustaba observar los restos de un naufragio! Ese ir y venir de trozos, restos sin rumbo y sin sentido, y le gustaba imaginar qué era cada pedazo, qué había sido y cuál su función en el orden programado de la nave. Un trozo de maroma se deshilachaba sobre la arena como la trenza de una muchacha, igual a la de aquella rubia norteña que le esperaba en el puerto de Eskorpios cada primavera. Sonrió recordando sus años mozos mientras el humo le hacía toser y maldecir en arameo.

Jean Metzinger

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“La femme au cheval”. 1911

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“Nature morte”. 1911-1912

Jean Metzinger  que tuvo una instrucción clásica en la Académie des Beaux Arts de Nantes, ciudad donde nació en 1883, a través de su profesor Hippolyte Turon, pronto se interesó por las nuevas tendencias; de manera que experimentó con el neoimpresionismo, el fauvismo, el divisionismo y el puntillismo, para después dedicarse a obras más personales como por ejemplo el retrato de Guillaume Apollinaire de 1910. En 1903 envió tres obras al Salón de París y con las ganancias se fue a París con la intención de estudiar medicina, idea que pronto abandonó. Ese mismo año expuso en el Salón de Otoño y en una colectiva con Raoul Dufy y Lejeune y Torent. Al año siguiente volvió al Salón de Independientes y en el de Otoño.  Y en 1905 expuso en la galería de Berthe Weill con Robert Delaunay con el que tuvo una gran amistad. Esta galerista fue decisiva a la hora de mostrar y apostar por las nuevas tendencias y por pintores como Pablo Picasso, el mismo Metzinger, Matisse, Derain, Utrillo… y ella le presentó a Guillaume Apollinaire, personaje importantísimo en ese circulo de artistas. La influencia de Picasso en Metzinger fue considerable hasta 1923. Este artista en los años sucesivos expuso con todos los que tenían algo que decir en el arte moderno: Braque, Sonia y Robert Delaunay, Dufy, Brancusi, Leger, Van Dongen… A partir de 1910  comenzó a publicar artículos sobre pintura contemporánea y siguió publicando con el fin de difundirlo. Para ello fue decisivo el libro que publico junto con Albert Gleizes. Según él Braque y Picasso: “se habían despojado de la perspectiva tradicional y se habían tomado la libertad de girar alrededor de los objetos, lo cual les permitía hablar, por primera vez de totalidad”. En 1911 expuso en la sala 41 del Salón de Independientes que sería la primera exposición formal de pintores cubistas con  Robert Delaunay y Léger. siguio exponiendo en los salones y en las mejores galerías de París y en 1916 expuso en N.Y. en la galería Montross, en la Der Sturm de Berlín. Participó en la I Guerra mundial y cuando regresó ya no abandonó su residencia definitiva en París. En años posteriores expuso en Londres en la galería Hannover y en la Leiscester y en el Arts Club de Chicago en 1953. Fue un asiduo del famoso Bateau Lavoir. Su obra se clasifica dentro del cubismo analítico. Murió en París el 3 de noviembre de 1956.