El kimono

 

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Serie “El kimono”. Foto: Bárbara

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Serie “El Kimono”. Foto:     Bárbara

Oriente y Occidente, lo lejano y lo que considerábamos exótico está hoy al alcance de la mano; el mundo se ha ido encogiendo y se puede decir con más propiedad que nunca que es un pañuelo. La televisión, los medios audiovisuales nos hacen sentir liliputienses, sin ánimo de ofender, nos uniforma y nos unifica de modo que el sueño de los espíritus aventureros cada vez  más tiene que poner sus ojos en el espacio… la Tierra no da más de sí.

Marie Bradquemond, impresionista

 

 

 

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Paisaje. Camino de jardín. Colección particular

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Dibujo

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Paisaje

Marie Bracquemond, nacida Marie Guiveron, es un caso más de mujer pintora con enorme talento que, como tantas otras, tuvieron que luchar para sobrevivir en unos ambientes predominantemente masculinos y, aun así, tuvo que renunciar a pintar por los celos artísticos de su marido, el también pintor Félix Bracquemond.  Marie nació cerca de Brest en una pequeña localidad francesa y pronto destacó como pintora y dibujante, tomando clases particulares de pintura. Muy pronto, en 1857, una obra suya fue aceptada en el Salón de París, la gran y prestigiada exposición que organizaba la Academia de Bellas Artes. Ingres se interesó por ella y la tomó como discípula, consiguiéndole un empleo como copista de las obras maestras del Museo del Louvre. Allí fue donde conoció a su marido en 1869; se casaron y tuvieron a su único hijo Pierre. En un principio él la animó y seguramente admiraba el talento de su mujer, introduciéndola en los círculos impresionistas; Degas y Monet se interesaron por su obra y la animaron a pintar al aire libre, cosa inusual en una mujer. Expuso con los impresionistas desde 1879 hasta 1886. Gauguin, que estuvo alojado en la casa del matrimonio, dejó su impronta en la obra de Marie. Poco a poco Félix se sintió celoso de la fama de su mujer y ella, abrumada por las discusiones familiares, abandonó la pintura; al mismo tiempo creció el reconocimiento de él con la concesión de la Legión de Honor y la Medalla de Honor de la Exposición Universal de 1900. Un caso tristísimo el de Marie, de la que es difícil encontrar obra suya en las colecciones públicas; solo la labor de su hijo permitió recordar el talento de su madre. Marie murió en 1916.

Preciosa la cabeza de mujer en ese magnífico dibujo.

Matissse y “Las flores del mal”

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En múltiples ocasiones las firmas más reputadas de los pintores se han puesto al servicio de las obras insignes de la literatura; así la pintura y la literatura se alían para producir obras para deleite de todos, aficionados y coleccionistas. Ya hemos visto, en su momento, las ilustraciones de Dalí para “El don Juan Tenorio” y “Alicia”, y la “Lisístrata” de Picasso… Pero ha habido otras muchas, como sucede con la obra de Baudelaire “Las flores del mal”, que ha tenido muchas versiones ilustradas, como la de Rodín o esta de retratos esquemáticos de Matisse desprovistos de todo artificio, donde la línea pura y simple es la única protagonista. Esta versión se publicó en 1947 por la Bibliothéque Française.

Los girasoles marchitos

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Hay flores tan hermosas que hasta el paso del tiempo les sienta bien; ellas no necesitan cremas de belleza que rellenen los surcos, alisen y den esplendor al encanto con que la naturaleza les dota. Simplemente envejecen tan bien que da gusto verlas en su sencillez, sin artilugios, sin trampas ni cartón. Es una bonita lección que deberíamos aprender, porque no hay nada tan bello como un rostro surcado, marcado por arrugas que la vida deja…