Torre d’en Gaumes (Menorca)

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Santuario, vista general

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Interior

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Interior del recinto. 

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Hoyos vertederos. 

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Vista del conjunto con el dintel de entrada. 

Este impresionante conjunto megalítico o santuario parece que tenía una función de culto. Quien primero propuso esta funcionalidad fue la arqueóloga inglesa Margaret Murray y esto parece, no sin muchas controversias, que se impone frente a las teorías que sostenían que eran santuarios astrológicos a fin de estudiar y fijar las estaciones para la siembra, por ejemplo,  que ya casi no se sostienen, porque la sociedad talayótica no era agrícola sino sobre todo ganadera. Este santuario de taula menorquina fue un misterio durante mucho tiempo; la idea de que eran observatorios astronómicos, como en el caso de Stonehenge u otros círculos de piedra, era muy atractiva. El arqueólogo Aranburu-Zabala sostiene que la orientación tiene que ver con la alineación con otros monumentos cercanos, de modo que es más realista pensar que la orientación de una taula está relacionada con un talayot y que esta relación tuviera que ver con una procesión ritual entre ambos. En el centro del recinto exterior formado por un muro ciclópeo, que tiene forma de herradura, se encuentra la taula, que consta de una una gran losa rectangular vertical o piedra soporte con una gran losa rectangular puesta encima a modo de mesa, llamada piedra capitel. El conjunto puede tener hasta 5 metros de altura. Está flanqueada por otras piedras de menor altura clavadas en el suelo a ambos lados. En muchas ocasiones el espacio interior del recinto está escalonado en varios niveles y existen otras piedras rectangulares que servían como altares. También varias zonas delimitadas, donde se hacían grandes hogueras rituales y hoyos que se usaban como vertederos para arrojar los restos de los animales sacrificados y consumidos durante estos rituales. Apasionante, sin duda.

 

Poblado prehistórico de Cala Morell ( I )(Menorca)

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

 

 

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Foto: Bárbara

 

 

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Foto: Bárbara

 

 

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Para los amantes de la Prehistoria y de los restos arqueológicos Menorca es un paraíso. Por toda la isla se encuentran taulas, talayots, recintos prehistóricos. Los mejores especialistas se han dado cita, estudiado y escrito sobre estos restos y poblados que se conservan magníficamente. Hay rutas, muy completas que nos indican los itinerarios para que no nos perdamos toda esta riqueza que nos hablan de un pasado remoto, pero que nos unen con otros pueblos del mediterráneo. Los isleños orgullosos de ese patrimonio comentan siempre que no quieren el turismo de masas, que no quieren que su preciosa isla se convierta en una Ibiza bulliciosa, repleta de gente que estropean las calas; ellos conscientes de ese legado no son partidarios de que el “negocio” maltrate su tierra y tienen toda la razón.

El puerto de Mahón

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Puerto de Mahón. Foto Bárbara

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Puerto de Mahón. Bárbara

 

 

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Puerto de Mahón. Bárbara

El puerto de Mahón es como una ría y uno de los más bellos de Europa. Tuve la gran suerte de vivir en Menorca siendo pequeña y después adolescente y los años que allí viví son los más hermosos de mi vida. Después he vuelto y siempre he querido llegar por barco porque la entrada en el puerto es un regalo para los ojos. Me siento menorquina porque creo firmemente en que uno es del lugar donde se abre a la vida: el primer colegio, la primera pandilla, el primer amor… y si esto se desarrolla en un marco paradisíaco, eso te marca para siempre y hace que sientas nostalgia cuando estás lejos.  Siempre la siento como si me faltara algo fundamental. Y experimento al llegar una alegría difícil de definir, es como volver a casa.

Camille en su lecho de muerte, Monet

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Monet; “Camille en su lecho de muerte”, 1879. Museo d’Orsay

Monet retrata a Camille, su amiga, compañera y esposa con la que compartió los inciertos años de joven pintor, en su lecho de muerte. Camille murió muy joven, a la edad de 32 años, sufrió de dispepsia y algunos dicen que tuvo cáncer. Camille Léonie Doncieux tenía 18 años cuando se conocieron y se casaron por lo civil el 2 de junio de 1870. Camille fue la primera esposa de Monet. El matrimonio tuvo dos hijos y las respectivas familias los repudiaron; ella pertenecía a una acomodada familia y lo dejó todo para irse a vivir con él. Después de su segundo alumbramiento, la salud de ella se deterioró rápidamente. En su lecho de muerte un sacerdote los casó por la iglesia; cinco días después falleció. Tras su muerte, Monet quedó desolado. Monet, que había pintado a su mujer en distintas ocasiones, realiza este último retrato de su  querida esposa en tonos malvas, con largas pinceladas, con el rostro velado, pero siendo cautivo de la primacía del color y de la técnica impresionista. Camille también había posado para Renoir y  Manet.

 

Fotografías de Dora Maar

 

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Fotografías de Dora Maar. Sigo opinando que la fotografía en blanco y negro tiene una magia que la de color no tiene. Las fotografías de Dora Maar tienen una gran calidad; en su producción hay una etapa surrealista siendo quizás una de las más conocidas la de la mano que sale de una caracola. La relación que tuvo con Picasso y su posterior ruptura la afectó en gran manera hasta el punto de retirarse y vivir enclaustrada pensando en el suicidio.

Acunándose (relato corto)

Despegados, así lo dijo él. Se lo dijo por la mañana, mientras ella de espaldas preparaba el desayuno de los niños. Una greña del pelo le caía sobre la cara y el sudor de la frente le entraba en los ojos. Recordó que aquel día la radio había anunciado los cuarenta grados, mientras él le reprochaba su ausencia, su desgana, su despego. Oyó las gritos de los niños que, desde el jardín, jugaban y se perseguían alrededor de la charca. Julián, el niño del vecino, saltaba sobre el agua sucia. Andrea entró, hecha un mar de lágrimas, porque Antonio la había empujado sobre la gravilla y le sangraba la rodilla; la sentó en la mesa, le sonó la nariz y le curó la herida mientras las gotas saladas le escocían los ojos; se restregó la cara con el dorso de la manga mientras oyó el portazo de la puerta. ¡Vete a la mierda!, pensó llena de rencor. Sentada ya en la oscuridad del patio, buscando algo de frescor, pensó también  en que nadie la había avisado, en que nadie le había dicho que ese era el futuro que le esperaba. Los niños dormían, oyó a los grillos y sintió que el calor pegajoso no daba tregua alguna. Sabía que no podría dormir y supo que aquel portazo iba a ser definitivo, que él no volvería y se sintió tan aliviada que comenzó a cantar bajito una nana como acunándose a sí misma.