Sol y sombra

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

El sol juega entre las hojas de las aspidistras y yo en la tumbona intento captar el juego que hace que las hojas cobren vida de otra manera.

Museo Departamental de Arles Antiguo (II)

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Barcaza de la época romana

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Barcaza y al fondo típico sarcófago

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Herramientas

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Reproducción de una barca de trasporte.

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El Ródano en la actualidad

El Museo Departamental de Arles Antiguo nos acerca a la vida cotidiana de un pueblo con una muestra extraordinaria de utensilios de labranza, herramientas, barcazas, ánforas, sarcófagos… la vida y la muerte de los habitantes de esta zona de la Provenza cuyo testimonio es tremendamente semejante a cualquier otro pueblo a orillas del Mediterráneo. Y me estoy acordando del magnífico Museo de Arqueología Subacuática  de Cartagena al que por cierto quiero volver porque Museos así hay que disfrutarlos despacio, sin prisa, y volviendo cuantas más veces mejor.

Ánforas del Museo Departamental de Arles Antiguo

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Foto: Barbara

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Foto: Barbara

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Foto: Barbara

El Museo Departamental de Arles Antiguo nos muestra la importancia que la ciudad tuvo en la época romana y el florecimiento comercial que experimentó y su relación con la metrópolis. La Plaza del Forum y el Circo nos hablan de su condición plenamente romana; el Ródano era la vía fluvial por la que grandes barcazas transportaban grano y aceite. El Museo se inauguro en 1999 y es un bello espacio que bien merece una visita sosegada.

 

Madame Cézanne

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“Madame Cézanne dans la Serre”

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“Madame Cézanne”

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“Madame Cézanne cheveux denoues”

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“Madame Cézanne”

La mujer de Cézanne debía tener una paciencia infinita pues, su marido, dedicaba para cada retrato alrededor de unas cien horas. Y eso que el retrato, ya de por sí difícil; lo es en menor medida si se conoce perfectamente a la modelo y aun así, si el retrato es tratado, no como la imagen fidedigna del que posa, sino como un todo, es decir, como una obra en la que cada elemento es parte esencial del conjunto y tiene la misma consideración que los elementos de un paisaje o de un bodegón; entonces el retrato se convierte en una obra de arte cuando, como en el caso de Cézanne, cada pincelada tiene su razón de ser. Así, en el primer retrato, en el que el fondo comparte con el rostro de Madame Cézanne los mismos colores y que se considera inacabado, en mi opinión se adelanta a obras posteriores, pongamos por ejemplo a las de periodo azul de Picasso, porque fondo y forma son la misma cosa armónica. En el segundo, las rayas, aun siendo horizontales, de la falda dan sensación de cubrir una volumen rotundo. En el tercero, la inclinación de la cabeza con el óvalo de la cara perfectamente delineado muestran una tristeza o melancolía infinitas, con los labios apretados. Y, por último, el rostro inexpresivo de la modelo, como una máscara, contrasta con la viveza de la camisa azul que parece tener vida propia.

Las monsteras bajo el sol

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Cuando hace unos días me quejaba de que por el levante no llovía apenas, ojalá no lo hubiera hecho porque ha caído una de mil demonio y Valencia, Alicante y parte de Murcia están sufriendo unas inundaciones que no se recordaban desde hace más de cuarenta años. Antes de eso hice algunas fotos cuando el sol jugueteaba sobre las hojas enormes de las dos monsteras que tengo.

El paisaje en Cézanne (I)

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“Rochers a Fontainebleau”

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“Le pont de Maincy”

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“Arbres dans le forêt”

El paisaje, en el gran maestro de Aix, junto con los bodegones y retratos es, a mi entender, lo mejor de su obra. No así la serie de desnudos y bañistas donde los cuerpos los encuentro desproporcionados, alargando los miembros y en actitudes un tanto forzadas. En el primero de los paisajes, esos tonos malvas y azules muy uniformes, salvo unos toques sabiamente salpicados en ocres y alguna pincelada verde, otorgan al conjunto una delicada armonía, si se quiere poco realista, pero realmente de una serena belleza, como si fuera un paisaje soñado. En el segundo, el verdor vibrante de los árboles a la derecha se equilibra con esas rayas negras que atraviesan desde la derecha la imagen; a ello contribuyen también los dos árboles en primer plano que las refuerzan y las sostienen. El ojo del puente de la derecha se refleja en el agua hasta casi la misma masa de verdor del ojo de la derecha y, sin embargo, este queda más próximo al espectador sin por ello romper el perfecto equilibrio. Por último, el más colorista, de vivos tonos, nos sugiere una masa forestal del todo primaveral, como un canto a la naturaleza renovada. Fantásticos los tres.

 

En un balcón, resguardadas de la lluvia

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Llueve, pero como suele llover por estas tierras, poco y con mesura, aunque casi toda España esté con tormentas y aguaceros. Este Levante nuestro sediento y reseco que ansía el agua que tanta falta le hace, se queda a medias. La gente de los pueblos, que es muy sabia, ya lo dice: Nunca llueve a gusto de todos.