Javier Trejo me ha hecho caer en la cuenta de que no he sido nada cortés con los seguidores de este blog, que inició su andadura en febrero de 2012 y que hace ya unos días traspasó la bonita cifra de 35.000 visitas y 2400 comentarios, cosa que agradezco a todos los que se han dejado caer por aquí, sean o no estirgáticos burlones o no del todo o solo un poquito. ¡Un millón de gracias a todos!
La moda y los caballos
La moda o mejor dicho las casas de moda y los carruajes de caballos, podría ser el título. En la Piazza della Señoria y por la Piazza della Republica se veían los coches de caballos parados ante las tiendas de moda, ¿estaban ahí por casualidad o es que los turistas visitan más las boutiques que los monumentos renacentistas…?; me quedé con esa duda. En todo caso era muy bonito verlos trotar por el casco antiguo, por esas calles estrechas y no lo sentía como algo anacrónico -como me sucede en otras ciudades-, en Florencia era algo natural y la verdad es que me quedé con las ganas de darme un paseíto.
El haz y el envés
Sé que me estoy poniendo muy pesada con el otoño y no lo puedo evitar; los amigos que viven en otras latitudes, Suecia, Dinamarca, Noruega…, con una naturaleza espléndida, que disfrutan de bosques, de lagos, lagunas, de espacios verdes donde la abundancia de agua hace brotar la vida en cualquier rincón, igual no entienden que los que vivimos en el sureste de este país, donde el desierto va ganando terreno desde hace décadas por la falta de agua, de lluvias que no llegan por culpa del cambio climático y de otros factores medioambientales… amén de políticas poco previsoras. En fin, lo que quiero decir es que, cuando el otoño se reduce a unos pocos días y una se encuentra en el noroeste de nuestra región, un lugar donde la caída de las hojas es así y se comportan como si esta estación durara lo que debe durar… no puedo dejar de extasiarme ante un río que nace y comienza a andar con una belleza de otras latitudes. ¡Pero que es de aquí y me sorprende como un milagro!
Juana J. Marín Saura: El ovalado cerco de la luna
XXVI
La bruma, el desaliento, la niebla…
que durante semanas, meses,
constante e insistente nos cubría, Merlin,
hoy, finalmente, se retira
dejándonos ver el otro lado del mar.
La calma reina. Ya descansamos Lancelot,
la transparencia del lago es infinita
antes nuestras naves que regresan
destrozadas y abatidas
tras soportar, a merced de la suerte y del destino
la inclemencia de interminables días,
después de su lucha enorme por sobrevivir…
Fragmento del poema XXVI de «El ovalado cerco de la luna».
De la antología «Carta de navegación (Poesía 1975-2005). Del libro «El ovalado cerco de la luna» (2005). Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2006.
Por las calles
Seguimos paseando por Florencia y nos volvemos a encontrar con otra obra de Clet Abraham, una señal de dirección obligatoria reconvertida en pez. Encuentro, en términos automovilísticos, que es un pez que está en el chasis, es decir es una pura raspa; aunque sea esta una raspa muy maja, simpática y divertida.
Citas de Camus
Camus dijo muchas cosas sobre el hombre, su integridad, la moral social, la libertad de expresión, casi todas aplicables a hoy como esto : «Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia» y « Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu un poco limpio acepte ser deshonesto».
Junto al río
Negro sobre blanco II
De mi serie «Negro sobre blanco». Yo podría decir: este lienzo continúa con un gestualismo que se centra y se enroca en la geometría de la semicircunferencia o de la onda que se propaga desde su eje. Describir así un acto espontáneo, gestual, es una pedantería de modo que, ante una superficie así, lo mejor es que cada cual lo sienta o experimente como quiera. Cada uno de los cuadros de esta serie es el resultado de un sentimiento que brota desde el comienzo mismo, desde el inicio de una sinfonía que me suele acompañar hasta el final, la misma una y otra vez, sigue su desarrollo y yo paralelamente lo que me hace sentir. ¡Esa es la libertad absoluta a la hora de crear, de hacer brotar algo de la nada! Trabajar así es de las mejores cosas que conozco…
De la seria «Negro sobre blanco», acrílico sobre lienzo, 140 x 70 cm. 2010.
Antonio Ungar: Tres ataúdes blancos
Quisiera que este comentario fuese brillante, ocurrente, divertido para rendir homenaje a un escritor que reúne todas las cualidades que hacen que un libro resulte inolvidable. Antonio Ungar nació en Bogotá en 1974 y en la actualidad vive en Jaffa; poco más sé de su biografía, cuestión nada relevante, por otra parte, pues su mejor carta de presentación puede ser cualquiera de sus obras. Escribe crónicas, cuentos y novelas; sus trabajos periodísticos se publican en distintos países y en 2005 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. «Trece circos y otros cuentos comunes» reúne todos sus cuentos hasta la fecha; «Zanahorias voladoras» y «Las orejas del lobo» son dos de sus novelas. «Tres ataúdes blancos» fue premio Herralde de Novela en 2010 en su edición XXVIII. «Las orejas del lobo» fue finalista del Courier Internacional al mejor libro extranjero publicado en Francia en 2008… Un autor joven con un gran talento.
Y siento que mi reseña no sea ni brillante ni ocurrente ni divertida, porque tengo un trancazo tremendo, las neuronas que estornudan todo el rato, las ideas pegadas las unas a las otras por tanta secreción nasal y mi alta estima, en los días en que me siento optimista, por los suelos; de modo que con esas condiciones poco se puede hacer salvo tomarme una infusión de tomillo para aliviar la garganta.
«Tres ataúdes blancos» es una crítica feroz de las dictaduras en países de América del Sur, de la corrupción del poder en una república llamada Miranda. El protagonista, un ser antisocial y solitario que se ve forzado a suplantar al dictador. Situaciones disparatadas, hilarantes, divertidisimas se suceden en esta novela que a través del humor denuncia la política y a los políticos sin escrúpulos. La gran capacidad de Ungar es que nos engancha desde la primera frase con una excelente escritura. El humor hay que saber trabajarlo, es muy difícil hacerlo bien, hay que ser un gran escritor para dominarlo. En este frenético thriller se suceden las aventuras y la realidad se muestra en toda su fragilidad; Ungar es, sin duda, un malabarista. Esta es una obra brillante -él sí-, ingeniosa, maravillosamente escrita; cuando un libro así se termina se produce una situación de desánimo y surge el siguiente pensamiento pesaroso: ¿Cuándo volveré a leer, a disfrutar con un texto semejante…? El maestro Cortázar decía algo así sobre los libros, que los hay buenos y los hay, los otros, que se caen de las manos; este no se cae de las manos. Es una joya para lucirla en los parques leyéndola mientras se toma el sol, en los cafés, para enseñar a los amigos, para difundirla y agradecer el talento de un valor consagrado y en alza.
Editorial Anagrama. Barcelona, 2010.
Aviso a navegantes
Lo prometido es deuda, así que aviso, especialmente a Chelo Puente, con este otro llamador: ya he terminado de subir el cuento «Nostradamus y el oficio de relojero». Es el último, evidentemente, lo aclaro porque el orden es al revés que en el blog que lo primero que aparece es lo último que se sube. Esto que es una perogrullada me lo digo más a mi misma que nunca he sabido muy bien donde tengo el pie derecho y el izquierdo…









