El banco de Manet

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. Manet: The Bench (Mi jardín). 1881

Cuando en 1972 visité por primera vez el pequeño y coqueto museo de los impresionistas en las Tullerías, Le jeux de Pomme, no recuerdo haber visto este cuadro ni lo conocía hasta hoy, de modo que cuando lo he visto  reproducido he pensado con alegría lo mucho que me queda aún por aprender y conocer, por suerte. Porque encontrar algo así es como encontrar un tesoro o un sello extraordinario para cualquier filatélico o para un loco numismático una moneda rara. La siguiente reflexión es que los pintores impresionistas, cuyo apelativo les puso un crítico de arte, me parece perfecto desde aquel cuadro, «L’impression du soleil couchant», que buscaban el efecto de la luz, la impresión sobre el entorno y el ambiente, la atmósfera en definitiva vibrante, y que tuvieron la enorme suerte de triunfar en vida, de modo que su deseo de pintar al aire libre les permitía tener un jardín como Manet e, incluso en el caso de Monet, permitirse el lujo de hacer desviar un afluente del Ep para poder construir su famoso jardín japonés donde plantar sus nenúfares que él inmortalizara; claro es que además su marchante pagaba sus facturas y hasta el colegio de sus hijos, el chófer y demás servicio doméstico; y además, como era íntimo amigo del ministro Clemenceau, pudo diseñar cómo quería, en su museo, disponer sus ninfeas en salas circulares. Lo dicho: ¡Qué tiempos aquellos!

 

Atardecer espectacular

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Fotografía de Isabel Ramos

 Hay personas que trasmiten paz e irradian luz interior; posiblemente no solo sea el hecho de que sean empáticas, sino que son de alguna forma portadoras de una fuerza interior que proyectan sin darse cuenta. Soy afortunada, porque desde hace muchísimos años me rodean un puñadito de ellas; últimamente otra ha entrado en mi vida, en circunstancias difíciles para mi, y gracias a esa persona me encuentro con ganas de luchar. También es cierto que las hay que son negativas y de ellas, a ser posible, hay que poner distancia. Isabel, una de esas personas con luz propia, ha tomado, precisamente, esa fotografía de un hermoso atardecer desde su casa, en este sureste nuestro. A todas las personas que nos hacen la vida agradable y mejor, muchas gracias. La naturaleza nos ayuda a ser mejores y a apreciar la belleza.

Un personaje florentino

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Foto: Bárbara

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Los Uffizi. Foto: Bárbara

Debajo de la escultura de Pisano, este personaje renacentista, inmóvil, con la cúpula del Duomo a cuestas, un hito en la historia de la arquitectura, se supone que va disfrazado de su autor, Brunelleschi, deja pasar las horas frente a los Uffizi como si nos quisiera retrotraer a aquellos tiempos en los que el arte se escribía con mayúsculas. Dicha inmovilidad me sobrecoge.

La Grenuillère, Monet y Renoir (1869)

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«Bain à la Grenuillère». Monet. Óleo de 75×99 cm, Metropolitan Museum of N.Y.

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«La Grenuillère». Renoir

A las afueras de París y a lo largo del Sena, en la época en que tan de moda estaban los balnearios, Monet y Renoir dedicaron parte de su tiempo a pintar los efectos del agua y la luz sobre el paisaje. Uno de los lugares más populares y frecuentados por los parisinos era la isla de La Grenuillère donde además había un restaurante y, como es bien sabido, donde se come y se bebe bien, y hay buen ambiente, la concurrencia está asegurada. Monet y Renoir no eran ajenos a su encanto y ambos tomaron el mismo motivo y desde el mismo ángulo para realizar estas obras; poder compararlas así me parece muy interesante; algo que ellos sin duda hicieron en su momento. A simple vista el de Renoir es más impresionista, baste con observar el bosquecillo de árboles del fondo o las barcas, cuya definición es más imprecisa, o la ondulación del agua, donde la pincelada es más corta, y los mismos elementos en Monet, donde la pincelada está más definida y larga, más «clásica» por así decir. No obstante, como siempre digo, en la trayectoria de cualquier artista hay obras que nos sorprenden, porque nos chocan al no responder a a su estilo, lo que demuestra que en todos siempre hay intentos, ensayos, estudios o experimentos que les ayudan y que luego les conducirán a su camino definitivo.

Picasso en Gósol

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Pisasso.» Gósol». 1908

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Picasso. «Desnudo con las manos juntas». 1908

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Picasso.»Adolescentes». 1908

En la actualidad, estas tres obras de Picasso que él pintara durante su estancia en Gósol están en L’Orangerie (París).

 

Matisse (1898 -1912)

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Matisse. «Naturaleza muerta»

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Matisse. «Naturaleza muerta»

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Matisse.

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Matisse. «Ramo en una mesa de bambú». 1903

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Matisse. «Jarrón de girasoles». 1898

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Matisse. «girasoles en un florero». 1898

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Matisse. «Ramo de flores en una terraza». 1912

El «Jarrón con girasoles» muy vangohguiano» y el más antiguo en el tiempo también me ha sorprendido, aunque de la influencia del genio holandés pocos se han librado; el siguiente, también de girasoles, es ya más matissiano, aunque no del todo. De los tres primeros, claramente con su sello, el tercero, aunque no tengo la fecha ni el título, lo creo posterior a los dos anteriores por su soltura y supongo que fue pintado a partir de los años treinta. En cualquier caso, todos maravillosos.

 

Matisse (1935-1943)

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Matisse. «Anémonas». 1943.

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Matisse. «Desnudo rosa sentado». 1935

Los desnudos de Matissee son bien conocidos por todos los amantes de su obra, sin embargo he descubierto distintas obras de flores que son en parte desconocidas y que me han sorprendido por su fuerza y colorido. El primero, «Anémonas» me ha entusiasmado por el tratamiento de las flores, aunque el jarrón es claramente reconocible, pero su pincelada es tan suelta que parece que esté lleno de vida y no algo estático. Respecto al segundo, «Desnudo rosa sentado» tiene la marca inconfundible del maestro. Dos obras que enamoran. Supongo que por la época los pintó en Niza.

El Museo Arqueológico de Florencia

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Fotos : Bárbara

Hay tanto que ver en Florencia que  muchos no nos planteábamos ir al Museo Arqueológico y la verdad es que merece la pena. Es un museo pequeño que se recorre con facilidad, abierto a un jardín lleno de árboles y pájaros que te acompañan con sus trinos como música de fondo. Muy bien montado, de forma muy didáctica, está justo al lado de la Piazza della Santissima Anunziata, en una callecita lateral de la iglesia barroca dedicada a S. Antonio, si no recuerdo mal. Lo encontramos por pura casualidad y nos encantó. La historia estaba allí representada por ánforas, vasijas, copas, pulseras, armaduras y enterramientos etruscos.

«Alla Griglia», enfrente del Hotel París en Florencia

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Foto: Bárbara

Justo enfrente del Hotel, tan solo hay que cruzar la calle, hay un restaurante familiar, con pocas mesas y con una cocina casera rotunda y contundente, ideal para los días en que uno, a las nueve de la noche, está ya fundido de andar recorriendo Florencia de un lado a otro.  Con el menú del día se come muy bien, está decorado muy a la italiana, con manteles de cuadros y el servicio es simpático. y atento. De ahí a lanzarse a la cama hay solo un paso. Este plato nada especial, tenía una salchicha y una carne estupendas.

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

El Hotel París. Florencia

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Interior del Hotel París. Florencia. Fotos: Bárbara

El Hotel situado en la via dei Banchi es un hotel confortable y muy bonito, además de céntrico. Como ya dije en otro post, es un edificio antiguo formado por parte del palacio Mondragone y la totalidad del palacio Venturi. Desde la entrada se divisa la cúpula del Duomo y al final de la calle está  la Iglesia de Santa María Novella; más cerca del centro antiguo imposible. La terraza para desayunar en verano es una delicia y el comedor de invierno tiene unos frescos en el techo muy interesantes. Desde la cama, por las mañanas, te despiertan las campanas de las iglesias cercanas y es imposible decirle no al día tan lleno de cosas preciosas por ver. Esa es la mejor invitación que Florencia nos hace a todos.