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Lobo lunar

 

 

 

Mientras la abuela se moría de aburrimiento en la cama, Lobo lunar intentaba silbar juntando los labios, pusch, ssiff, schif.. ; el viento ululaba, uh, uh, uh…; Tambor el conejo golpeaba la txalaparta, pam pam pam…; Verde, la rana, croaba, croa, croa, croa…;  Grio, el grillo, cri, cri, cri… en el regazo de Caperucita que seguía el compás  con el pie. Lobo alzó la batuta y la orquesta dejó de afinar; comenzaba el concierto en clave de sol más o menos así;  croacricricri uhuh crischifpampam croacripampampam croacricripampamschif schif…

¡Basta! -gritó la abuela. Fue lo último que dijo.

Lobo lunar en París

El circular armónico de la tortuga le irritó y la fustigó con ortigas furiosas o la instigó furiosamente, que daba igual; ella circulaba místicamente alrededor de la marquesina del Metropolitano: bajar no podía, luego, subir tampoco. Lobo lunar fascinado por la polifonía de lo imposible oyó el órgano de catedral y el escalofrío metálico de la luna; sintió en su cabeza un disparo como el latigazo de un metrónomo y la fustigó y la instigó hasta verla girar y girar circulando boca arriba por la línea siete dirección La Courneuve.

Lobo Lunar

 

Voraces los corderos sobre zancos insaciables, balsámicos pasos que avanzan alrededor de la última llama azul. Por zonas desérticas, senos de leche en la Vía Láctea, acompañan el cadalso furtivo; circunspecto en la danza, Lobo Lunar sorteaba las flechas envenenadas.