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Paseando por el Louvre: un cántaro beocio muy curioso

Cántaro de Beocia, Museo del Louvre

Cántaro de Beocia, Museo del Louvre

El tiempo veraniego propicia el paseo y, paseando por el Museo del Louvre, nos encontramos con este curioso cántaro beocio del siglo VI. Una de las asas está reemplazada por el hocico de un jabalí y en la otra vemos, con sorpresa, un ojo -de quién o de qué especie, no lo sabemos-. Un dios con cuerpo de serpiente sujeta un pez con una mano y dos delfines colocados como al azar y una palmeta completan el conjunto; se puede decir que la decoración es debida a una tradición popular más que a un estilo definido.

Paseando por el Louvre: una paella griega

Muchos estarán disfrutando de sus vacaciones; en nuestro país, junto a la playa, sentados en el chiringuito, algunos estarán esperando disfrutar de una sabrosa paella con un tinto de verano. Aquí llamamos paella al contenido del recipiente plano de dos asas; este es un error frecuente, pues lo correcto es llamar paella al recipiente, que así es como se llama. Paseando por el Museo del Louvre nos encontramos con esta copa jónica llamada «El pajarero» que, vista desde arriba, parece totalmente una paella.

Bromas aparte, la copa de mediados del siglo VI realizada con la técnica de las figuras negras todavía indecisa, representa la figura de un hombre que sujeta las ramas flexibles de dos árboles, entre las cuales se puede ver un pájaro y a la izquierda, lo que parece un saltamontes.

Ramsés II y su visita a París

Obelisco, Place de la Cordorde. Foto: Bárbara.

Obelisco, Place de la Condorde. Foto: Bárbara.

En tono jocoso podríamos decir que Ramsés II le devolvió la visita a Napoleón, aunque esta no fuera propiamente de cortesía. Pocos faraones tuvieron la grandeza de Ramsés II, cuyo reinado superó los sesenta años y una vida tan longeva más allá de los noventa. Hijo del también grande Seti I se destacó en sus primeros años de reinado por sus dotes militares y las sucesivas campañas contra los hebreos y los hititas; famosa es la batalla de Qadesh contra estos últimos, aunque los cronistas no se ponen de acuerdo sobre el final de la misma. A la vez que controlaba y pacificaba los territorios fronterizos, dedica parte de su longevo reinado a la construcciones de grandes obras monumentales para mayor gloria de su imperio. En 1881, por casualidad, se encuentra en el Valle de los Reyes un auténtico tesoro arqueológico: más de cuarenta momias de los faraones de la XVIII Y XIX dinastía, que habían sido depositadas en una gruta de Deir-el-Bahri por los sacerdotes de la dinastía XXI para evitar los saqueos de las tumbas. Entre todas las momias se encontraba la de Ramsés II. Gaston Maspero, artífice del hallazgo, fue el primero en ir separando las vendas de este faraón con fama de cruel, mujeriego y altanero; el momento debió ser impactante: la cara era la de un anciano de nariz prominente y su estatura, de alrededor de un metro ochenta.  La momia, hasta entonces perfectamente conservada, se fue deteriorando tras ser expuesta el público. Para los arqueólogos, conservadores y restauradores de todo el mundo este hallazgo fue tan importante y concitó tanta curiosidad como el de la de Tutankamón.  Una conservadora del Museo del Louvre, Cristianne Desroches fue requerida por el gobierno Egipcio para que analizara el estado del faraón. Valéry Giscard d’Estaign vio la oportunidad política de exponer la momia en el Museo del Hombre de París o en el Grand Palais y convenció al presidente egipcio Anwar el-Sadat, que comprendió así mismo la rentabilidad política de semejante viaje -cómo son los políticos-.

Dicho y hecho, el 26 de septiembre de 1976 llega a París la momia del faraón al aeropuerto de Le Bourget. ¡Si Napoleón levantara la cabeza, le tendría que rendir cuentas de todo lo que se llevó en sus campañas de Egipto!, todo hay que decirlo, y que no fue poco.Y se le rinden honores militares y protocolarios de un jefe de Estado. Y para mayor inri, al furgón de Ramsés se le da una vuelta por la Place de la Concorde, alrededor del obelisco del templo de Luxor. ¡La historia es implacable e impecable, al menos en este caso!

El caso es que la momia fue curada en Francia, fue radiada en Grenoble con rayos gamma de cobalto 60 que no la dañaron. Todos los hongos que la estaban destruyendo fueron eliminados. En la actualidad está expuesta en una urna de cristal en el Museo de El Cairo.

Aviso a navegantes

 

Pont des Arts. Foto: Bárbara.

Pont des Arts. Foto: Bárbara.

Nuevo capítulo de la novela «Parisombra»  y  de cómo Niko Sureda y Michel tienen que deshacerse del cadáver del pintor mexicano y de su travesía por el Sena.

La función hace al órgano

Foto, Bárbara

Foto, Bárbara

Tenemos un dicho que afirma que «la función hace al órgano». En la foto vemos como una gran oreja perteneciente a esa enorme cabeza posada enfrente de la imponente iglesia de Saint Eustache parece haberse formado a fuerza de oír los insuperables y maravillosos sonidos salidos del órgano de dicha iglesia, uno de los de mayor calidad de Europa. Esta escultura, que encuentro fascinante es, además refugio y cobijo; esa mano te puede resguardar  de la  lluvia o de un sol implacable en un día en el que una se pierde andando alrededor de Les Halles.

Detrás de la Estirga

Notre-Dame. Foto: Bárbara

Notre-Dame. Foto: Bárbara

Las notas del órgano de Notre Dame se esparcen desde arriba hacia el rosetón lateral que da al Sena; la luz que filtra es un arcoiris que inunda la nave para asombro de las piedras. Las notas salen al exterior y la luz se filtra hacia el corazón de la nave de Isis. La Estirga sonríe dominando los cuatro puntos cardinales. Detrás de la Estirga, el Sena discurre plácido, sereno de verde alga.

A ver si se estabiliza el tiempo

Quai de Montebello. Foto: Bárbara.

Quai de Montebello. Foto: Bárbara.

Ya tengo ganas de que el tiempo nos deje de tomar el pelo. Esa constante inestabilidad -de sobra lo sé- propia de la primavera, no hace más que confirmar el tan traído y llevado cambio climático; y si algo de positivo tiene es, sin duda, ofrecer argumentos suficientes para convencer de una vez a los recalcitrantes opositores que siempre han puesto en duda dicho fenómeno. Sin duda la primavera es como «la dona è movile», pero nunca como ahora. Tengo ganas de que el día amanezca claro y poder pasear por el quai de Montebello y contemplar el Sena a bordo de esos barcos donde poder comer o tomar una copa por las noches oyendo «Las hojas muertas».

La Tour siempre diversa

La Tour Eiffel. Foto: Bárbara

La Tour Eiffel. Foto: Bárbara

Una toma de La Tour Eiffel; siempre poliédrica, diversa, múltiple. La Tour esconde, amaga vistas sorprendentes y ella misma es una sorpresa.

Aviso a navegantes

La Seine 2 - Pont aux Doubles 2

 

Nuevo capítulo de la novela «Parísombra»: Un muerto que no interesa a nadie: un muerto sin sombra.

Cuentos: nuevo cuento : » La estoy viendo otra vez».

París en primavera

 

Las Tullerías. foto: Bárbara

Las Tullerías. Foto: Bárbara

No todos tenemos la primavera que nos merecemos o que quisiéramos disfrutar; dependiendo de donde uno nace o de los avatares de la vida que nos  lleva de un sitio a otro, a veces, envidiamos la primavera del «otro». Y ese otro puede gozar de una estación anegada en agua, de suaves temperaturas donde aún el calor está lejos y ni siquiera se le espera a corto plazo. Unos pocos serían felices con una primavera así, larga y tranquila, con tiempo para habituarse a lo inevitable. Otros desearían esa primavera que eclosiona de pronto con la celeridad del rayo, sin tiempo casi de guardar los calcetines. Hay lugares donde esta hermosa estación se ha dado a la fuga y ha dejado de respirar, no existe ya; en esos lugares se pasa del edredón al aire acondicionado literalmente de un día a otro. París aún tiene primavera y es de esas que me gustan, donde el aire huele a flores y los gorriones les quitan la comida a las palomas al vuelo.