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¿Paul Klee o Kandinsky?: «Hacia arriba».

Kandinsky: "Hacia arriba". 70 por 49 cm. Óleo sobre cartón,1929. Peggy Gugenheim Museum, Venecia.

Kandinsky: «Hacia arriba». 70 por 49 cm. Óleo sobre cartón,1929. Peggy Gugenheim Museum, Venecia.

¿A simple vista este cuadro es de Klee o de Kandinsky? ¿Por cual se inclina usted?

La Bauhaus fue fundada por el arquitecto Walter Gropius, en Weimar, en 1919. Kandinsky comenzó su relación con la escuela en 1922, en donde impartió un curso de pintura. La Bauhaus fue concebida como una escuela de diseño, de arquitectura y de técnicas artesanas; el acierto de la misma fue la contratación de grandes pintores abstractos de distintas tendencias y arquitectos quienes realizaron una labor de tal envergadura que su influencia llega hasta nuestros días. En la escuela Kandinsky pudo compaginar su labor docente con la de pintor. De esa época surge la búsqueda de un equilibrio entre elementos contrapuestos. En 1925 la Bauhaus se traslada a Dessau, posiblemente como consecuencia de presiones políticas. En el nuevo recinto, Paul Klee, que impartía clases también y gran amigo personal del ruso, diseñó el interior de la casa de Nina y Wassily, que incluía el mobiliario en blanco y negro, decoración que tuvo un gran impacto por sus ideas innovadoras. Cada profesor disponía de una casa propia que respondían a los nuevos conceptos racionales de arquitectura de la Bauhaus. Cuando el pintor cumple sesenta años, la escuela le organiza una exposición y le dedica un número entero de su famosa revista. Era el año 1926 y Kandinsky exponía en diversas capitales europeas y ciudades alemanas;, su prestigio como pintor estaba consolidado. La relación con Paul Klee más allá de la amistad fue una relación fortísima donde el arte era el vínculo que los unió hasta el fallecimiento de Klee en 1940. Alexei von Jawlensky, Lyonel Feininger, Paul Klee y Kandinsky formaban el grupo «los cuatro azules»; los cuatro, amigos y profesores; pero Kandinsdy estaba más próximo a Klee como se ve claramente en este cuadro.

En 1929 Kandinsky termina el cuadro «Hacia arriba», que en mi opinión podría haber firmado su gran amigo. De estructura marcadamente geométrica, de suaves colores, alternando colores fríos y cálidos sobre ese fondo «atmosférico» en el que la figura parece flotar, me lleva al Klee más poético. El trasvase de ideas, conceptos y sensibilidades que se dieron en la Bauhaus fue  así de enriquecedor.

Hartung: La abstracción lírica.

Hartung: "Pintura sobre lienzo". 180 por 111 cm.

Hartung: «Pintura sobre lienzo». 180 por 111 cm.

Hans Hartung nació en Leipzig en 1904 y murió en Antibes en 1989. Tuvo una vida larga y fecunda marcada por la guerra y el nazismo como todos los artistas de su generación. Fue un miembro eminente de la llamada Escuela de París, pionero del expresionismo abstracto y exponente y creador de la abstracción lírica. Pocos pintores han tenido como él un reconocimiento en vida tan grande y merecido: en el año 1945 se le otorga la Cruz de Guerra y la Medalla Militar por el gobierno francés; en 1952 es nombrado Caballero de la Legión de Honor; en 1956 se le otorga el Premio Guggenheim y es nombrado Miembro de la Academia de Bellas Artes de Berlín; en 1960 se le otorga el Grand Premio Internacional de Pintura de la Bienal de Venecia; en 1964 la gran Cruz de la Orden del Mérito de la República de Alemania; en 1967 el Premio de Honor la VII Bienal de grabado de Ljubljana; en 1970 el Gran Premio de Bellas Artes de la ciudad de París… y otras distinciones como miembro de distintas Academias de Bellas Artes en distintas ciudades de todo el mundo.

Enumerar todos los datos de su biografía sería muy prolijo, datos que, por otra parte, están al alcance de cualquiera. En lo que sí quiero incidir es en el hecho de que se crió en un ambiente familiar donde la pasión por la música y la pintura era compartida por todos sus miembros, lo que, unido a la desahogada situación financiera familiar, le permitió estudiar Historia del Arte y Bellas Artes en su ciudad natal y en Dresde. De niño le atraía la astronomía y la fotografía, las cuales le acompañarían e influirían en su creación posterior. Siendo estudiante en la Universidad, acude a una conferencia de Kandinsky; es su primer contacto con la abstracción, aunque puramente teórico. Es entonces cuando uno de sus profesores le aconseja estudiar en la Bauhaus, pero él opta por seguir sus estudios en Dresde. En esta ciudad, en La Exposición Internacional, descubre la pintura moderna de fuera de Alemania: impresionismo, fauvismo, cubismo… Sus viajes por Francia  e Italia le hacen confrontar la estética de Cézanne y Van Gogh. Expone por primera vez en Dresde y en Berlín, y con su mujer Anna  Eva Bergman en Oslo. Ante el crecimiento del nazismo abandona Alemania. Se cierra una etapa.

En 1932 se instalan en Menorca, en el litoral norte de la isla, en la cala Tirán, cerca del puerto de pescadores de Fornells, donde se construyen una casita diseñada por Anna Eva.  Es allí, en la soledad buscada, donde Hartung inicia su propio camino. La belleza incuestionable de la isla, el mar, el cielo limpio lleno de estrellas, que inspiró siempre a su después amigo Miró, le embarcan hacia su propia constelación. Su pintura se vuelve más instintiva: el frustrado astrónomo debió sentir toda la fuerza cósmica que la isla procura.

Entre tanto sus bienes son confiscados en Alemania. Regresa a París y desde allí parte para Estocolmo con el ánimo de volver a Alemania; en Berlín tiene que escapar de la policía nazi. Vuelve a París y crea su taller en el 19 de la rue Daguerre. Entabla amistad con Goetz, Kandinsky, Miró, Calder, Mondrian. Desde 1935 hasta el mismo año en que estalla la guerra, expone todos los años en el Salon des Suridépendents. Entre 1934 y 1938 pinta una serie de telas denominadas taches d’encre (manchas de tinta).  En 1937 expone en la Internacional  que organiza Zervos en el Museo Jeu de Paume donde conoce al escultor Julio González cuyas esculturas le impresionan enormemente. En los años posteriores su situación es precaria y trabaja en el taller de González; expone con su hija Roberta y se casa con ella -su anterior pareja le había abandonado- y es movilizado en la Legión Extranjera. Tras la derrota, regresa a la Francia no ocupada y vive con la familia González en el departamento del Lot. Tras la muerte de González y la ocupación de toda Francia, huye a España donde es hecho prisionero e internado en las prisiones de Figueres y de Girona, y en el campo de Miranda del Ebro; liberado, se vuelve a enrolar en la Legión extranjera; es herido y se le amputa una pierna. En 1945 vuelve a Paris donde el gobierno le concede la nacionalidad francesa y lo condecora. A partir de ahí participa en las exposiciones internacionales más prestigiadas: Bienal de Venecia, Documenta de Kassel, en Sao Paulo, en Tokio, en Lausana, en Estados Unidos, en Canadá, en Osaka,  en la Fundación Maeght…

En 1961 se inicia un nuevo periodo en su pintura: los rascados sobre la superficie fresca, nuevo experimento en lo que los pintores llamamos «la cocina» de cada cual. En el año 1964 la fotografía retoma con fuerza su lugar, propiciado por los innumerables viajes que realiza por todo el mundo. En 1966, abandonando el grafismo casi en su totalidad, aparecen las grandes manchas oscuras, generalmente en telas de gran formato. A Hartung le debe la pintura actual toda la fuerza del expresionismo abstracto, la poesía, el gestualismo inconsciente, la rapidez de la ejecución, aparte de la ya mencionada «cocina» donde él experimentó con la genialidad del que abre caminos antes inexplorados. Su obra reverenciada en todo el mundo es, no un referente, sino «el referente» del expresionismo abstracto.

Por si no se nota, les diré que me entusiasma su pintura, aunque en estos casos los adjetivos se quedan cortos. A  él acudo cuando necesito, en el estudio, oxígeno para seguir pintando.

Henri Matisse: «Lo oriental» y «Lo español»

Henri Matisse: «Figura decorativa sobre fondo ornamental». Paris, Centro George Pompidou.

Desde el Segundo Imperio, España estará de moda en muchas facetas de la vida parisina; a ello contribuye de forma decisiva la boda de Napoleón III con Eugenia de Montijo. La temática oriental cautivó a numerosos pintores por sus posibilidades sensuales, frente a la composición académica de influencia neoclásica. Delacroix e Ingres cultivaron esta temática desde sus respectivas visiones diferentes. Pintores franceses como Degas, Constant, Daux, visitaron España buscando tanto a los maestros del Museo del Prado como el tipismo de Andalucía, muchas veces de paso hacia el Norte de África. Esta hispanofilia continuó llegando hasta los impresionistas y un ejemplo es el conocido cuadro de Manet «Lola de Valencia». La publicación de los cuadernos de viajes de Delacroix -concretamente el de España- animó indudablemente a los literatos y pintores que recalaron en Córdoba, Sevilla, Granada en pos de las muestras del arte islámico. Derain y Bonnard también estuvieron en España, visitando este último también Madrid y Toledo. Van Dongen será otro gran cultivador del tema español.

En Matisse el tema español está presente en su pintura antes de su viaje a España.

Desde la época de Delacroix, muchos talleres parisinos estaban llenos de artesanía islámica: cerámicas, tapices, muebles, alfombras…; de igual manera el taller de Matisse estaba repleto de objetos orientales y de carácter español de gran colorido. Los tejidos con arabescos, de intensa policromía, eran elementos muy queridos por el pintor, que los incluye en sus composiciones al modo fauvista. Además Matisse conocía perfectamente el arte musulmán y los tapices persas del Museo del Louvre.

Es a principios de 1910 cuando Matisse visita Sevilla. Pero antes, en Madrid, conoce el Museo del Prado; ante los cuadros de Velázquez demuestra su frialdad, prefiriendo las obras de Goya y del Greco. Su estancia en Sevilla se prolonga por espacio de dos meses. Allí coincide con su buen amigo Iturrino, con el que comparte jornadas de trabajo; fruto de ello son los extraordinarios cuadros «Bodegón en España» y «Bodegón con geranios». En Tánger también pintó con Iturrino, al que le unía una gran amistad cimentada con anterioridad en Francia. Durante su estancia en Sevilla, visita Granada -el Sacromonte también- y Córdoba. Desde ambas ciudades manda postales a los Stein; desde Córdoba dice, » Splendide la mosquée suis très contente de mon / voyage / Amitiés à vous deux. / H. M». De vuelta a Madrid pasa por Toledo donde se admira de la obra del Greco.

Sus viajes por el norte de África, Argelia y Marruecos se concretan en los cuadros de odaliscas, en los cuales los fondos barrocos formados por telas coloristas y arabescos crean una atmósfera sensual que envuelve a las figuras femeninas. Con Matisse, el tema de las odaliscas que remiten al harén de las mil y una noches o a las fantasías orientales -tema, por otra parte, nada original pues había sido tratado antes por los maestros franceses precedentes- adquieren un tinte absolutamente «moderno» y transgresor por el tratamiento decorativo -sin el carácter peyorativo de lo decorativo- del fondo y de la forma. Esta unidad lograda es, a mi modo de ver, absolutamente genial. Ya lo decía Picasso. Para el genial malagueño, Matisse era el pintor del siglo XX que perduraría. Nos queda la duda si era después de él.

Tesoros ocultos al descubierto.

Durante la Segunda Guerra Mundial, un sinfín de obras de arte fueron destruidas o se les perdió la pista y, consecuentemente, se consideraron desaparecidas. Cuando la Alemania nazi invade Rusia, los daños ocasionados a su patrimonio fue considerable. Con la entrada de los aliados en la Alemania derrotada, se produce una dispersión de obras de arte por parte de los distintos estados vencedores; unos, con intención de salvaguardar las obras; otros, con el mismo interés aunque con el sentimiento de justa recompensa por los irreparables daños sufridos; y todos,  técnicos encargados de llevar a cabo esta acción, según las órdenes recibidas por sus respectivos gobiernos. El soviético encargó que, por vía férrea, fueran llevados a diversos museos rusos obras en poder de marchantes alemanes pertenecientes a diversas colecciones privadas -sin olvidar que el gobierno nazi antes había despojado a propietarios judíos de sus colecciones particulares-. Con la posterior guerra fría las cosas no sufrieron cambio alguno. En la primavera de 1995, en la ciudad de San Petersburgo se celebró una exposición, «Tesoros ocultos al descubierto», con la muestra, por primera vez, de 74 cuadros que han permanecido ocultos durante medio siglo en los almacenes del Museo Estatal del Ermitage. Estas obras, perfectamente cuidadas y conservadas, mantenían la frescura del momento en que fueron creadas. La mayoría estaban sin catalogar y poco o nada se sabía de ellas, dado que muchos marchantes guardaban obras de grandes pintores esperando la mejor ocasión y que el mercado les fuera favorable, a fin de obtener el precio más elevado. La relación de los artistas expuestos es impresionante: Delacroix, Corot, Renoir, Pissaro, Cézanne, Degas, van Gogh, Gauguin, Monet, Picasso, Matisse, Rouault, Toulouse-Lautrec y un largo etc. El libro «Tesoros ocultos al descubierto», editado por el Ministerio de Cultura de la Federación Rusa y el Museo del Ermitage (Ediciones Polígrafa en España, Barcelona  1995) de Albert Kostenevich, conservador de pintura moderna en el Museo Estatal del Ermitage, da fe de todo ello.