
V. Van Gogh, «Iris». Saint-Remy, mayo, 1889. Óleo sobre papel sobre tela (62X 48 cm.). Ottawa, National Gallery of Canada.
A unos veinte kilómetros al norte de Arles se encuentra el Hospital Psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mousole; el hospital está dentro de un convento de agustinos abandonado, muy cerca de Saint-Remy. Allí Vincent, recluido, es como un monje ascético que trabaja cuando le dejan; de los alrededor de 140 obras fechados en Saint-Remy solo firmó siete, lo que demuestra el ejercicio continuo de exigencia al que se sometía. Al no estar recluido como el resto de los internos, se abandonó al paisaje y a la vegetación circundante. Y como telón de fondo allí están las suaves montañas de Les Alpilles, los campos de trigo, los olivos retorcidos con las ramas giradas hacia el cielo y los cipreses que son parte esencial de toda la zona. Para Vincent ellos, los cipreses, son mejor que el mejor de los obeliscos egipcios… Los muros no muy altos del edificio están rodeados de olivos, lo mismo que flanqueaban el camino de tierra por donde debía pasear y pintar todo lo que se ofrecía ante sus ojos. Este iris, fechado en Saint-Remy, de esta época, es una obra impresionante en su sencillez y en la que no busca la exuberancia de las flores abiertas, sino la perfecta, equilibrada composición y la ondulante disposición de las hojas.








