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Indignados: Alepo bajo las bombas. Y Pablo Neruda.

Foto: «Santiago» (aplicable a cualquier lugar donde ocurra lo que en el Chile de septiembre de 1972). Del libro «Neruda: entierro y testamento». Las Palmas de Gran Canarias, 1973.

Hoy terminan los Juegos Olímpicos. Durante dieciséis días los ojos de todo el mundo han estado pendientes de lo que sucedía en Londres. Daba la sensación de que nada ocurría fuera del Reino Unido. Las noticias con categoría de anécdota apenas contribuían a  despertar el interés de los ciudadanos agotados por las altas temperaturas, por el sopor de las siestas a más de cuarenta grados. En agosto las ideas se van a la playa y las lagartijas acumulan grados centígrados para el invierno.

Pero mientras el «negocio» del olimpismo generaba millones que engordaban a las grandes multinacionales, las hambrunas y los conflictos armados continuaban, porque la rapiña y el desprecio por la vida de los poderosos no baja la guardia. Lo que se juega en esos campos de batalla es la vida y el sueño de libertad de muchos; ahí no hay balones ni modernos estadios ni himnos nacionales ni lágrimas en los ojos por la emoción de las medallas ganadas para la patria.

En Alepo, mientras el mundo feliz y civilizado se ponía las medallas, se apretaban los dientes cuando las bombas caían sin descanso. En los campos de refugiados de Turquía o de Jordania los miles de refugiados sirios que han podido escapar con vida del infierno no sueñan con récords, sueñan con sobrevivir día a día. Alepo, como Damasco (nombres de ciudades legendarias asociadas a viajes de aventuras) y antes Homs, está siendo objeto de cruentos ataques por parte del régimen de ese sátrapa  que no renuncia al poder. La minoría alauí a la que pertenece Bachard al Asad y su corte de familiares y amigos no está dispuesta a perder su posición privilegiada. La mayoría suní apoya al ELS en su lucha sin cuartel por reconquistar el terreno que había perdido en los barrios más pobres de la ciudad, como el de Saladino. Posiblemente esta semana se nombre al nuevo negociador tras el fracaso del plan de paz de Kofi Annan. A pesar de esto, EEUU  podría dar un paso hacia adelante que fuese decisivo a la hora de equilibrar las fuerzas beligerantes; Hillary Clinton, de visita en Turquía, estaría a favor -contando con la Liga Árabe y con Turquía- de la exclusión aérea, que fue lo que se hizo en Libia. Por otra parte la CIA está apoyando de hecho al Ejército de Liberación…

Mientras, con esta canícula, en Alepo  la gente malvive, hay escasez de alimentos y de medicinas, los precios de los alimentos básicos, como la leche para los niños, se ha elevado de forma escandalosa. Cada día sobrevivir es un milagro: las bombas de Bachard al Asad no dejan de caer sobre Alepo.

Del gran poeta chileno Pablo Neruda, que nos conmovió con su poema «España en el corazón» (subtitulado » Himno a las glorias del pueblo en guerra») en su libro «Tercera residencia», transcribo estos versos que se pueden extrapolar a cualquier situación bélica que suponga la masacre de un pueblo:

Y una mañana todo estaba ardiendo,

Y una mañana las hogueras

salían de la tierra

devorando seres,

y desde entonces fuego,

pólvora desde entonces,

… … … … … … … … … … …

Venid a ver la sangre por las calles,

venid a ver 

la sangre por las calles,

venid a ver la sangre

por las calles!

(Editorial Losada, Buenos Aires, 1970).

Sir Arthur Conan Doyle

Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

La participación en las campañas africanas y en la guerra de los Bóers le valió a Arthur Conan Doyle el título de Sir. Medico de profesión, que ejerció con más pena que gloria, se dedicó desde que era estudiante a escribir pequeños relatos que iba publicando en revistas y periódicos. Este escritor escocés fue enormemente prolífico, contando en su haber novelas históricas, de ciencia ficción, cuentos…, siendo mundialmente conocido por su criatura de ficción, el detective Sherlock Holmes. La tremenda popularidad que alcanzó Sherlock Holmes y su inseparable compañero el doctor Watson llegó a ensombrecer  al mismo autor que, en su momento y cansado de su notoriedad, decidió «matarlo». Peregrina idea que le trajo más de un disgusto y el enfado -iracundo a veces- de sus fieles seguidores. No le quedó más remedio que «resucitarlo». ¡Menudo parricidio! En la vida del escritor hay un antes y un después tras su experiencia bélica en África. Es a partir de ahí y de la muerte de su hijo en la primera guerra mundial cuando se demuestra claramente su interés por el espiritismo («Historia del espiritismo» y «Cuentos de la penumbra y lo invisible»). En «La guerra de los Bóers», su libro más extenso, narra su anteriormente citada experiencia africana. De sus novelas de ciencia ficción habría que destacar «El mundo perdido», «La máquina desintegradora» y la «Zona ponzoñosa». De sus novelas históricas quizás «La compañía blanca», «Rodney Stone», «Sir Nigel»… «El sabueso de los Baskerville», «El valle del terror», «Las aventuras de Sherlock Holmes», «El signo de los cuatro» y un largo etc. pertenecen al detective que nos ha hecho pasar ratos tan apasionantemente entretenidos. Los personajes construidos con gran brillantez son un ejemplo de que se puede deleitar entreteniendo sin bajar el listón literario.

El genio de Gaudí

Fragmento de la fachada de la casa Milà, Barcelona.

Este extraño país que habitamos, mosaico de lenguas, de culturas, cruce de caminos, a veces bárbaro, radical, insumiso, ácrata, pasota y quijotesco, ha dado de forma excepcional hombres y mujeres fuera de lo común; unos dotados de ingenio, otros de valor y unos  pocos tocados por la llama del genio que digo debe venir desde arriba,  concretamente del Olimpo de los dioses. Gaudí, orgullo de todos los que formamos esa amalgama que es España, es el genio que mejor representa el mar, el azul del Mediterráneo, la cultura clásica griega, la música de todas las orillas del Mare Nostrum. Gaudí es clásico (él dice: tot això des mosaics és grec = todo esto del mosaico es griego), es barroco ( él dice: i la casa d’estadant del carrer de Casp és ben emparentada  am el barroc català= y la casa de la calle Casp está emparentada con el barroco catalán), es mudéjar-morisco (él dice, hablando de los arcos: trobo superior el sentit mecànic des àrabs = encuentro superior el sentido mecánico de los árabes). Gaudí es todo y su originalidad está en la vuelta al origen, a la simplicidad de las primeras soluciones. Gaudí hace las cosas bien, es un perfeccionista que siempre busca, indaga hasta conseguir lo mejor; siempre busca mejorar lo inicialmente proyectado, y consigue la perfección del inconformista. Gaudí es inclasificable, porque  Gaudí es un genio y a los genios no se les cosifica. Gaudí es como Beethoven: sus sinfonías arquitecturales se basan en la repetición; igual que el músico, reitera, amplia, retoca y vuelve sobre la partitura. Los dos son únicos e irrepetibles. Preguntado por qué hacía columnas inclinadas, respondía que por la misma razón que el caminante cansado se para y se apoya en el bastón inclinado, porque si lo apoyara vertical no descansaría. ¡Maravillosas las columnas inclinadas del parque Güel! De ensueño, «la Pedrera» (casa Milà) por dentro y por fuera: subir a la azotea es ascender a otra galaxia; las chimeneas tienen un diseño futurista y visionario. Y es que además fue un visionario al mismo tiempo que un hombre de su tiempo; en el momento en que el fauvisme triunfaba, él soñaba con el color al que daba la misma importancia que los griegos. Cada una de sus obras es un todo donde se unen la música, la pintura, la escultura. De la naturaleza extrae las formas paraboidales, helicoidales, conoides, la proporción áurea. Catalán universal, Gaudí define el mar como la única cosa que sintetiza las tres dimensiones. «El mar és l’unica cosa que em sintetitza les tres dimensions-espai. A la superficie, s’hi reflecteix el cel, i a través d’ella veig el fons i el moviment.»

Definir lo que es Gaudí es vano; a Gaudí hay que sentirlo como sucede con los grandes: trasciende la piedra, lo material, es la retorta donde la alquimia se traduce en poesía mística.

Las obras más importantes de Gaudi son:  «El capricho», Comillas; Palau Güel, Barcelona; «Los Botines», León; Palau Episcopal de Astorga; Casa Calvet, Barcelona; Casa Batlló, Barcelona;  Casa Milà («La pedrera»), Barcelona; Park Güel, Barcelona; y la Sagrada Familia.

Del libro-catálogo: VV. AA. «Gaudí x Gaudí», Ed. Triangle Postals S. L., Barcelona, 2001.

Herta Müller: La gran dama de las letras.

Bárbara Carpi : «Las hoces» (fragmento), Óleo sobre lienzo, 1987 (163 x 98) Colección particular

En 2009, Estocolmo concedió el Nobel de Literatura a la escritora rumano-alemana, perteneciente a la minoría de suabos de Rumanía, Herta Müller. Del total de galardones concedidos desde su creación, 776 han recaído en hombres y solo 41 en mujeres; es solo un dato pero, caramba, muy significativo. Si nos movemos por categorías, todavía es peor, de 108 que se concedieron en Literatura, solo 12 recayeron en mujeres -un 11’1 %-; eso hasta 2010. Con los premios Nobel pasa como con los Oscars, unos son muy merecidos, otros no tanto y otros que, incomprensible e injustamente, nunca se concedieron. Estas cosas, como casi todo en la vida, dependen de muchas circunstancias: la oportunidad, los amigos, incluso los perjuicios en tiempos pasados (todo hay que decirlo). En el caso de Herta Müller, el Nobel es merecidísimo. He de confesar que descubrí a esta genial escritora no hace muchos años y que su hallazgo fue toda una inspiración. Como además soy una «cuentista» apasionada de este género, cuando leí por primera vez el libro «En tierras bajas» me sentí atrapada por su lenguaje, por su manera de escribir tan particular, tan personal, tan cautivadora; desde una voz infantil descarnadamente veraz -porque los niños expresan lo que ven sin tapujos- describe un mundo rural, el de los suabos alemanes en Rumanía durante la II Guerra Mundial. «En tierras bajas» es una recopilación de quince cuentos; el más corto, «El baño suabo», consta de una sola página y es sin duda toda una lección de maestría donde lo menos es más. La premio Nobel posee el don de la ironía y el de la poesía al tiempo que narra historias tremendas, como en su novela «Todo lo que tengo lo llevo conmigo»  sobre la persecución de los alemanes suabos en Rumanía por parte de Stalin; una parte de la historia poco conocida. Por otro lado la búsqueda e investigación de la escritora la lleva a realizar sus poemas collages, donde aflora lo cómico, la vena divertida desde la angustia a veces de una sociedad represora. El último libro de poemas publicado en España es «Los pálidos señores con las tazas de moca» editado por Colección Norte y Sur de e.d.a. libros. Herta Müller es, junto a Virginia Woolf, de esas escritoras de las que se aprende continuamente, de las que hay que leer con el lápiz en la mano. La enorme, extraordinaria Virginia Woolf es un caso tremendo de ceguera de esos que de vez en cuando se producen en Estocolmo; esta otra gran dama de las letras no fue galardonada con el Nobel, pese a que solo su «Orlando» se merecería varios.

Herta Müller además posee el Premio de Literatura de Berlín 2005, el Würth de Literatura Europea 2005, el de Literatura Walter Hasenclever 2006 y el Hoffmann von Fallersleven 201o.

Braque

Braque: «Naturaleza muerta con frutero, clarinete y guitarra» (1918). Öffent Liche Kunstsammlung. Basilea.

En 1914 George Braque es movilizado y enviado al frente; herido gravemente en la cabeza y tras sufrir una trepanación es dado de alta. Cuando regresa a París, en 1917 se encuentra con los últimos avances realizados por Picasso y por Juan Gris. Este posee, probablemente, una obra cubista y postcubista de una gran belleza y personalidad, que espero poder comentar en otro momento En 1910 Braque ya había terminado su obra en el ámbito del cubismo sintético y, al reanudar su actividad pictórica, adapta elementos cubistas con ritmos armónicos -musicales- libres, donde el color toma el protagonismo. Hay una vuelta progresiva a la forma. Cambia de marchante y en 1919 expone en la galería de este -Léonce Rosenberg- una colección importante de cuadros donde se refleja el nuevo rumbo. La obra aquí reproducida está fechada en 1918 y en ella ya se puede intuir el giro y la experimentación de esos años. Braque, Picasso y Juan Gris forman el «núcleo» fundamental del cubismo. Mi predilección por este sistema pictórico es evidente en el blog. Braque nos ha dejado además sus ideas por escrito en «Pensamientos y reflexiones sobre la pintura», en su diario «El Dia y la Noche»…

Del libro de Marco Valsecchi y Massimo Carrà «La Obra pictórica completa de Braque». Ed, Noguer-Rizzoli. Barcelona 1976.

Eduardo Chillida

Eduardo Chillida: «Rumor de límites IV» , 1959. Washington University, Gallery of Art, St. Louis

Eduardo Chillida el gran escultor vasco de San Sebastián  escribió lo siguiente: «No se debe olvidar que el futuro y el pasado son contemporáneos»; » El presente como el pasado, recuerdos  del futuro» y «Tengo las manos de ayer; me faltan las de mañana» en sus «Páginas de Carnet» (del libro catálogo de la Exposición Antológica en el Palacio de Cristal del Retiro. Ed. Maeght, Madrid, 1980). El tiempo es una constante en la obra de cualquier artista. En «Las armas secretas» Johnny Carter dice: ¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio? Y aquello otro de estar tocando lo de mañana… Otro grande, el poeta José Hierro, decía que tenía «un sentimiento plano del tiempo». ¿Pasado, presente y futuro, todo en el mismo instante? ¿Se puede uno asomar a otra dimensión, por un resquicio… del tiempo?

«Las armas secretas» de Julio Cortázar.

Rue Monsieur le Prince. La calle más literaria de Cortázar. Foto : Bárbara.

Lo lúdico, el juego, forma parte fundamental del impulso creador de Julio Cortázar. Sin ese ejercicio, no se concibe al gran escritor. La descripción de personajes, situaciones o paisajes le debían provocar el aburrimiento más insoportable. Jamás «explica» cómo son sus personajes; son ellos los que nos hacen ver el relato; es a través de ellos que se desarrolla el relato corto o la novela. De esa manera tan prodigiosa la atmósfera es creada como lo haría un mago que va sacando de la chistera elementos sorprendentes sin que veamos el truco, la farsa, el juego. En la recopilación de cuentos «Las armas secretas», que tienen su desarrollo en París, nunca la ciudad es descrita, es un elemento más, el lugar físico, el escenario. En los recorridos de sus personajes por itinerarios parisinos, el lugar es el nombre de una calle, de una plaza, de un puente; los ancla allí, pero sin describir si la calle es corta o larga, si la plaza es fea o bonita… Es el discurso mental lo que articula cada uno de los componentes del cuento o de la novela, el bucle en el tiempo. Creo sinceramente que «el tiempo» es una constante en su obra de una forma muy precisa y urgente, como en «El perseguidor», donde Johnny se angustia -«esto ya lo toqué mañana»-, porque cuando Johnny toca está en otro plano. El tiempo y el espacio. Y el «ser»,  que es capaz de experimentar situaciones paranormales, que es capaz de entrever por algunos instantes otra dimensión. Hablar de Cortázar como un escritor metafísico -con lo que rechina eso- no es decir nada. ¿Qué demonios quiere decir? Las etiquetas son inútiles, no sirven para nada; pero está claro que, al margen del surrealismo o de cualquier -ismo, hay en el Maestro un gran interés por escudriñar, en lo posible, otras dimensiones de las que solamente se puede atisbar algo, si uno está en buena disposición. «Las armas secretas» es un conjunto de cuentos o de relatos breves -lo mismo da- que incluye «Cartas de mamá», «Los buenos servicios», «Las babas del diablo», «El perseguidor» y «Las armas secretas» que da titulo al libro. «Las babas del diablo» tengo entendido que inspiró la película de culto de los años sesenta «Blow up». Recientemente «El perseguidor» se ha publicado de forma independiente como novela corta. El libro es un conjunto imprescindible para conocer a Julio Cortázar. Los que hayan seguido el blog saben que soy cortazariana hasta la médula, que sus libros son una gran inspiración para mi, de modo que se lo recomiendo para que pasen un buen verano.

Julio Cortázar: «Las armas secretas». Ed. Planeta, colección Aula. Biblioteca del Estudiante. Barcelona 1984.

Literatura oral.

 

Nuevas Hébridas: «Escultura en pie», detalle. Musée de l’Homme, París.

 

Canción tradicional de la isla de Ouvéa en lengua polinésica  perteneciente a su literatura oral.

 

Vengo de debajo de la tierra.

Aparto de delante las hojas de bambú.

Miro hacia lo alto.

Me enfrento con dos nubes rojas.

Me hacen llorar.

Si estuviesen más cerca,

ese sería el color de mi canto.

 

¿Preciosa, verdad?

Del libro de Jean Guiart «Oceanía». Ed. Aguilar, colección «El Universo de las Formas». Madrid, 1963.

Faulkner, «Miss Zilphia Gant». Y además guionista en Hollywood.

Se cumplen cincuenta años de la muerte del premio Nobel de literatura William Faulkner. Debo decir que tengo adicción por las novelas cortas, las prefiero a esos volúmenes larguísimos tan de moda, tipo best-sellers. Lo que digo es que lo breve, si bueno, es doblemente bueno y sobre todo escaso, pues nos sabe a poco. Acabo de descubrir y de leer una novela corta editada por Tusquets en 1971, «Miss Zilphia Gant», de Cuadernos Marginales. Esta joya se publicó en Dallas en el 32, con posterioridad en Italia en el 59 y Tusquets la rescató podríamos decir del olvido (en Estados Unidos no se había vuelto a imprimir). Es una obra intermedia entre sus dos etapas en la que se percibe la influencia formal de Joyce y de Anderson y en donde se pone de manifiesto la tesis de Freud sobre la represión engendradora de violencia.

Pero hoy lo que quería es agradecer al señor Faulkner su labor como cooguionista de las mejores peliculas del cine de Hollywood de los años cuarenta y cincuenta. Como admiradora del buen cine que se hizo entonces, cuando las películas tenían guión gracias sobre todo a los magníficos escritores que por la guerra se exiliaron de Europa -lo mismo que sucedió con directores de primera fila-, me siento en deuda. ¿Se acuerdan cuando los diálogos eran rápidos, inteligentes, mordaces? ¿Se acuerdan de que en las películas se contaban historias? La primera que me viene a la memoria es una del 44, «Tener o no tener», dirigida por Howard Hawks con actores fantásticos como Humphrey Bogart, Walter Brennan, Lauren Bacall… Pues bien esta obra del séptimo arte debe el guión nada menos que a Faulkner y a Hemingway. Así sí se podía hacer buen cine. Otra insuperable, esta rodada en el 46 en la que Faulkner trabajó como guionista es «El Sueño eterno», igualmente dirigida por Hawks con la pareja Bogart-Bacall. Recuerdo que del rodaje de «La burla del diablo» -una película increíblemente divertida-  se decía que el guión se escribía la noche anterior, claro que los guionistas eran de tal categoría que iban escribiendo el guión sobre la marcha en medio de unas juergas tremendas. Me estoy refiriendo al «equipo» formado por Truman Capote, Bogart, Huston y Peter Lorre.

El trabajo como guionista a Faulkner no le satisfacía lo más mínimo, era un trabajo de subsistencia que todos le agradecemos.

Dalí, escritor.

Salvador Dalí: «El Ángelus arquitectónico de Millet». Óleo sobre lienzo. 1933. Museo Nacional Reina Sofía. Madrid.

Salvador Dalí, un surrealista paranoico y un catalán universal como Gaudi, alcanzó la fama en vida como pocos artistas lo han hecho. Al margen de su obra pictórica, que puede ser discutible como todo, Dalí fue un intelectual con una cultura enciclopédica. Quizás su personaje, que él se cuidó mucho de explotar en cualquier tipo de medio, ocultó para muchos el hecho de que Dalí era poseedor de una vasta cultura que abarcaba la física, la filosofía, la arquitectura…; conocedor y admirador del mundo clásico, tomó elementos de la geometría estética del Renacimiento, del empleo de la divina proporción de Luca Pacioli,  de la alquima,  de la magia natural… Creador del llamado método paranoico-crítico, en sus «Confesiones inconfesables» dice que fue en 1929 cuando concibió la formula experimental que se traduce por la creación del azar objetivo. El delirio, la paranoia, la alucinación forman parte, junto al mundo onírico surrealista, de la sustancia que conforma la cosmogonía del mundo daliniano. Debo decir que el surrealismo como movimiento me apasiona literariamente, no tanto pictóricamente, pues considero que en general los pintores surrealistas, salvo excepciones, son malos pintores; la factura de sus cuadros dejan mucho que desear. Esto puede sonar a herejía, pero es solo mi opinión totalmente subjetiva. No dudo de que el surrealismo ha creado imágenes tremendamente impactantes y sugerentes con gran poder lírico y a veces dramáticos, pero puestos a elegir prefiero la fotografía surrealista.

Salvador Dalí fue un gran escritor que, por desgracia, escribió poco, pero lo que dejó escrito es todo un descubrimiento. El libro que tengo en mis manos es una joya que lleva por titulo: «50 Secretos «Mágicos» para pintar», es la primera edición de abril de 1951, editado por Luis de Caralt en Barcelona. En él no solo el aprendiz de pintor puede ensimismarse en la deslumbrante enumeración de esos secretos, sino cualquier amante del arte o de la buena literatura se dejaría llevar por una prosa brillante que en algunos momentos llegan a un lirismo clásico. Cuantas veces he antepuesto el Dalí escritor al pintor y lo he discutido con personas fervientemente dalinianas se me ha mirado como un bicho raro; y digo yo que los esquemas están también para romperlos. Dalí como dibujante es otro cantar y gracias a ese dominio puede pintar los «epatantes» cuadros que pintó. Otro Dalí se nos muestra en el libro antes mencionado, «Confesiones Inconfesables» de Editorial Bruguera S. A., de lectura también apasionante, pero más anecdótico, donde desgrana su vida en Paris.

Resumiendo: Dalí es para mí un magnífico dibujante y un fantástico escritor que está por descubrir.