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La catedral de los mercados: La Boquería

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Uno no se cansa de pasear por la Boquería y por sus calles aledañas. Y no solo por ver los distintos puestos con los productos más frescos venidos del interior y de la costa, sino por degustar lo que te entra por los ojos. Y cuando llega el momento de tomar una “serveseta” con cualquiera de las delicias que te hacen al momento, puedes encaramarte a un taburete y así seguir inmerso en el bullicioso ambiente o bien salir a los bares colindantes donde aún compartes el clima del mercado. A mí particularmente me encantan los erizos de mar y no digamos los caracoles con mucha pimienta y alioli, de modo que salgo de allí salibando y contenta como unas castañuelas. Si pasan por Barcelona, no dejen de ir y tomar un buen aperitivo. ¡Ya me dirán!

Paseando por Arles

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Una casa de Arles. Foto: Bárbara

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Una casa de Arles. Foto: Bárbara

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El canal de Craponne. Foto: Bárbara

Cada día, al salir del hotel, para ir al centro de Arles, pasábamos por delante de esta casa tan bonita y tan tipicamente francesa, supongo que de finales del XVIII o del XIX con sus techos abuardillados y con la pequeña pasarela sobre el canal de Craponne.

Puerto Banús, Costa del Sol (Málaga)

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

En el Costa del Sol, concretamente en Puerto Banús, la vida parece fácil. El mar se nutre de gasolina de los yates, las terrazas a rebosar de gente “guapa” que toma “flûtes” de champagne para desayunar y que lucen el bronceado dorado con desgana; se diría que el mundo se ha parado en este rincón del paraíso solo para millonarios. Los yates se alquilan a precios desorbitados para el resto de los mortales, pero en otros lugares el paro y la desesperanza nos avergüenza al contemplar tamaño despilfarro. Y, ojo, no me equivoco, de sobras sé que las cosas son así y que por desgracia seguirá habiendo estas diferencias abismales. Pero sería bonito pensar en un equilibrio más justo…

 

 

 

Otro año, Noa

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foto: Bárbara

Otro año ya, mi princesita. Otro día que pasaremos juntos, que reiremos celebrando,casi sin darnos cuenta, que despacito vas dejando atrás esa época feliz de sueños, ese territorio donde reinan los juegos y las ilusiones no se cortan un pelo. Todo lo mejor para ti, mi niña preciosa de ojos que ríen…

Barbaridad urbanística

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Cúpula de una capilla de la Iglesia de S. Lorenzo. Murcia

En el centro de Murcia, para vergüenza de todos, se construyeron edificios justo detrás y al lado de la Iglesia de S. Lorenzo, de manera que esta quedó rodeada, encerrada de la forma en que se ve en la foto. El negocio urbanístico puede más que la estética o el respeto hacia el patrimonio cultural de un pueblo.

El fin del terror

Si hay un pueblo al que quiero y admiro es al del País Vasco. Sus gentes son solidarias, veraces y cariñosas como pocas, no tienen pelos en la lengua porque son sinceras y sin dobleces. No me lo han contando, lo sé porque he vivido en Vizcaya y me han dado pruebas de todo ello. Llegué a Musquiz, un precioso pueblo costero, sin conocer a nadie; mi marido, como funcionario de la enseñanza, fue destinado allí y de buenas a primeras tuvimos que incorporarnos al inicio del curso escolar. Solo llevaba un nombre escrito en un papel y ese nombre de un desconocido fue nuestra tabla de salvación; fue el samaritano que hasta nos encontró piso, algo realmente difícil, pues hacía años que la construcción estaba parada y no había pisos en alquiler. Este señor, todo un caballero, nos ofreció su amistad y la de toda su familia, como si nos conociéramos de toda la vida. Y su amistad, al cabo de los años, es un tesoro que llevamos en el corazón. Los escasos tres años que pasamos allí fueron de los mejores de nuestra vida. Nuestro hijo, que apenas andaba, durante años siguió diciendo que él era vasco, tal era su identificación con todo lo hermoso que hay allí, jugaba en aquellas campas siempre verdes rodeado de cariño y nos hicieron sentir que pertenecíamos a aquel lugar. Uno de los recuerdos más bonitos, ligado a Musquiz, es revivir el momento en que llegamos a la playa y por primera vez nuestro pequeño vio el mar; sus ojos se llenaron de lágrimas y se me abrazó emocionado; nunca olvidaré ese momento. Estoy segura de que, si el Ministerio no nos hubiera desplazado, seguiríamos allí; ninguno queríamos irnos. En ningún otro sitio he visto tratar a los niños como allí; cuando uno de ellos hacía algo reprobable cualquier persona podía afearle y corregir su conducta, sin que nadie se sintiera ofendido por ello; era como si la sociedad entera se preocupara por ellos y los sintiera suyos. En fin, podría no parar de contar; he visto ejemplos de solidaridad increíbles, como que, cuando una empresa despedía a trabajadores, en las tiendas no les cobraban diciéndoles: ya me lo pagarás cuando puedas… o no, o caceroladas de todo el pueblo en la calle por causas justas. Nuestras familias estaban preocupadas lógicamente, desde fuera se vivián las cosas de otra manera. Todo esto viene a cuento por el anuncio de E.T.A. de disolverse. Por fin. De hecho estaba liquidada.  Debo decir que aunque mi marido estaba amenazado por la banda por ser funcionario, como todos los funcionarios del estado, nunca tuvimos miedo en el día a día; pienso que vivir como vivíamos rodeados de gente tan increíblemente “personas”, tan generosas y valientes nos inoculaba el mejor de los genes, el de la : “humanidad”.

¡¡¡Doscientas mil vistas!!!

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La Estirga, Notre Dame. París

Gracias, gracias, gracias a los amigos de la Estirga Burlona por su generosidad. Nunca pensé ni me planteé ponerme metas, pero esto supera lo que esperaba cuando empecé esta travesía incierta. En mi cuaderno de bitácora, tendré que anotar que bien temprano, mi querida Estirga, desde Notre Dame, me ha hecho llegar una nota en la que dice textualmente: “Si algo me debes es una visita, porque perdida la noción del tiempo desde los años en que mi padre Violet le Duc me creó, te espero cuando la lluvia y el viento azotan mi piel, cuando el sol implacable reseca mi lengua, en todas las estaciones en que los hombres parados en el Parvis hacen cola para subir a las torres; sabes que lo único que te pido es que me acaricies el lomo y me digas al oído aquello por lo que tú y yo estamos unidas para siempre. Debes recordarme lo más secreto de nuestra alianza; la memoria me falla, porque la piedra es voluble e inestable a pesar de su condición de roca imperturbable. Nada me debes; lo que te pido es lo que debe de ser, lo correcto”. No viene rubricado; las quimeras no ponen su sello como los hombres, lo ponen en las noches estrelladas cuando sobrevuelan el Sena y los puentes de París; solo entonces se convierten en seres vivos que pueblan nuestros sueños.