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Aviso a navegantes

A partir de hoy «Aviso a navegantes» será una llamada a los seguidores del blog a los que como a mí nos gusta leer hasta los anuncios en la prensa. Aparte de mi actividad con los pinceles, desde hace años la escritura, que me apasiona, ha ido haciéndose un hueco en mi quehacer diario. Sin grandes pretensiones, porque le tengo muchísimo respeto, intento divertir y, en la cadena de transmisión que supone la palabra, desearía compartir sentimientos tiernos y divertidos que se mezclen en una coctelera que nos hagan pasar un buen rato. Si lo consigo, estaré debidamente recompensada. A tal fin, en las dos páginas recién creadas, «Mis escritos: cuentos» y «Mis escritos: novela», iré colgando capítulos y cuentos nuevos. ¡»Aviso a navegantes» se pone en marcha!

Disculpas a los amigos.

Quiero pedir disculpas a los amigos que dejáis vuestros comentarios, que agradezco tanto; desde hace varios días y por razones que desconozco ha desaparecido la sección de comentarios recientes -y que, por cierto, es la que más me alegra ver todos los días-. No soy una experta, pero estoy intentando ver como se puede solucionar esto.

Gracias. ¡Todo solucionado!

Primer aniversario: «Chapeau» a todos los visitantes.

"Sombrero". Foto: Bárbara.

«Sombrero». Foto: Bárbara.

Hoy hace un año que esto empezó a andar. Mi agradecimiento a todos los que se han detenido, a los que le han dado forma y lo han hecho con sus comentarios. Mi agradecimiento a todos los blogueros que me honran con su presencia. Y gracias a la «Estirga Burlona», pretexto para que el blog se pusiera en marcha;  sé que está contenta a pesar de que este año, aquí, en España, nos hemos podido reír poco.  Mi gran satisfacción ha sido conocer a gente increíble que están haciendo unos blogs con una calidad tremenda de los que aprendo mucho y disfruto mucho. ¡Chapeau a todos! Ante todos me quito el sombrero.

Lo que genera el cambio climático: ¡Tenemos un cactus hembra!

Cactus Hembra. Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

A pesar de la obstinada negación de muchos políticos sobre los efectos del cambio climático y de los intereses de las grandes compañías contaminantes que van a lo suyo, es decir, a llenarse los bolsillos y el mañana dios dirá y que se apañen como puedan los futuros terrícolas, digo, a pesar de los pesares, hay cambios tan evidentes como el de la foto adjunta. Y no hay que irse a la Amazonía ni a los casquetes polares. Desde ahora observen su parcela, huerto, maceta o jardinera, por si ya se están produciendo mutaciones extrañas o chocantes. De entrada, desde hace unos años en el jardín no hay ni babosas ni caracoles ni tijeretas, que aparecían gozosas tras los riegos (tradicionales o por aspersión); las llamadas mariquitas desaparecieron, tan bonitas, con sus élitros rojos salpicados de puntitos negros; las abejas han emigrado a las ciudades y hasta hecho de menos la plaga de los pulgones que dejaba a la bignonia (para los de casa, la grannonia) que daba pena; y añoro también a las hormigas que los ordeñaban con mimo. Si les extraña esta última afirmación, infórmense: de toda la vida lo que hacen las hormigas es ordeñar a los pulgones que se concentran por cientos en los brotes más tiernos de las ramas, quedando estas (las ramas) con un color negro ala de mosca.

Mutaciones las hay; es cuestión de estar alerta, con los ojos muy abiertos, y hacer oídos sordos a quienes intentan acallar las voces disidentes que cada vez somos más.

Miren si no el aspecto que presenta este cactus de la foto: unas anómalas protuberancias simétricas le confieren el aspecto de una venus de Wilendorf prehistórica. El proceso casi nos ha pasado desapercibido y, de buenas a primeras, el cactus se nos ha convertido en fémina. ¡Tenemos un cactus hembra!