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Brochetas de riñones de cordero rebozadas

 

Picasso: «El hombre del cordero», escayola (vaciado a la romana).1943. Museo Reina Sofía, Madrid

No es esta una receta para prepararla todos los días por aquello del colesterol, pero tampoco hay que hacer caso a todo lo que nos dicen, miren si no lo que está pasando: no estamos en crisis, no nos han rescatado ni vamos hacia el «corralito» ni Mariano está mising… en fin.Y digo yo que, mientras podamos seguir haciendo la compra, vamos a darnos una alegría.

Ingredientes: 1/2 kg. de riñones de cordero. 150 gr. de tocino de jamón, 2 huevos, pan rallado, brochetas medianas de madera, vinagre en abundancia.

Limpiamos bien de pellejitos los riñones y los cortamos en rodajitas; en un recipiente lleno de vinagre los lavamos a conciencia, cambiando el vinagre varias veces hasta que queden limpios como una patena -es un decir-. Aclaramos con agua sin escatimar el líquido elemento. Los secamos bien. Ensartamos las rodajitas de riñón alternándolas con dados de tocino de jamón o bacón. Batimos los huevos, pasamos las brochetas por ellos y a continuación por el pan rallado. Freímos las brochetas en aceite muy caliente y las escurrimos en papel de cocina. Se pueden acompañar de una ensalada, una escalibada o  de un arroz pilaf o al curry.

Recetas para épocas de supervivencia: Patatas al ajo cabañil

Pablo Neruda dijo de Miguel Hernández que tenía «cara de patata recién sacada de la tierra». No es un comentario peyorativo, sino la expresión de su unión con la tierra.

Esta receta lo mismo sirve «para un cosido que para un remiendo», expresión muy castiza de esta patria al borde del colapso fundamentalmente por dos enemigos del pueblo llano, a saber: los sinvergüenzas especuladores internos y los externos a nivel mundial. La receta, aunque simple y barata, alegra cualquier mesa, lo mismo acompañando unos huevos majestuosos con puntilla y rebordes de gorgueras felipianas de El Escorial, que unidos a cualquier exquisitez  de casquería ( higaditos, criadillas, riñones…), tan desnostada por los cardiólogos y, por eso mismo, tan exquisitas y de pecado mortal.

Patatas al ajo cabañil.

Ingredientes:  aceite, patatas, ajos y vinagre.

Cortamos las patatas en rodajas finas, como para tortilla española, y las freímos en abundante aceite a fuego vivo y bajamos luego a fuego suave  para que queden blandas. Reservamos las patatas. Picamos bastantes dientes de ajos, como para asustar a un regimiento de vampiros, y los ponemos en la misma sartén, rehogamos y, sin que lleguen a tomar color, añadimos las patatas. Regamos con abundante vinagre y seguimos rehogando un poco más. Et bon apetit!

Huevos al caballo

Los famosos del caballo de Espartero.

Seguimos con recetas para épocas de crisis. Los huevos constituyen  una fuente de proteína de primera calidad (la más completa y la que puede evitar que en un futuro tengamos problemas con la mácula) y posiblemente la más barata, aparte de la que consigamos recolectando en el campo, con mayor o menor acierto, gasterópodos, batracios e insectos -estos últimos en nuestra cultura no tienen muy buena prensa, pero todo se andará-.  Atontar con alevosía nocturna conejos en una carretera secundaria con los faros del coche es otra actividad que favorece su caza sin pasar por el supermercado; para los que detesten la violencia, mejor recurrir a los huevos; por eso la receta de hoy es una  muy buena opción que, por regla general, gusta mucho a los niños.

Huevos al caballo

Ingredientes para 6 comensales:  6 huevos o 12 según si estos son triperos o frugales; salsa bechamel, pan de molde y ketchup. Para la bechamel: harina y grasa (mantequilla o aceite) en la misma proporción, medio litro o un litro de leche, según la cantidad de huevos que se vaya a hacer y una pizca de nuez moscada ; la salsa ha de quedar espesita.

Hacemos primero la bechamel y una vez hecha le añadimos un poco de ketchup para que quede de color rosa. Freímos los huevos mientras vamos tostando las rebanadas de pan de molde en el horno o en una tostadora. Emplatamos poniendo sobre cada una de las rebanadas un huevo y cubrimos generosamente con la salsa. Hay que tomarlo bien caliente.

Caracoles a la literana.

¡No saben lo que les espera!

Después de un invierno cicatero en lluvia, la primavera anuncia algún que otro aguacero. Es el momento de hacer provisión de proteinas de forma gratuita; podría suceder que la cosa se redujera a cuatro gotas de nada; en este caso no se molesten, es mejor quedarse en casa escuchando a Billy Holliday. En caso de observar que llueve a conciencia, no hay que perder el tiempo en divagaciones, no sea indeciso: cálzese unas botas de agua, póngase un chubasquero, amarillo a ser posible, y abrigue al perro caso de que tenga can; en tan buena compañía váyase al campo o algo parecido verde que tenga cerca. Pasee un buen rato -el ejercicio lo agradecen los perros siempre que les guste la lluvia; el mío es de secano; él se lo pierde, el pobre-, lo digo porque la tierra huele a Chanel núm. 5 y a los alvéolos pulmonares les entra un no se qué expansivo parecido al sentir del cosmos. Tras fuerte chaparrón los caracoles comienzan su lenta aparición, se estiran perezosos con una alegría contagiosa; es el momento de ir cogiéndolos de uno en uno con la delicadeza que ellos se merecen. Ya en la cocina hay que ponerlos en una caracolera de esparto con harina para que se vayan purgando ellos solitos. Pasados unos días ya están listos para ser cocinados.

Caracoles a la literana

Ingredientes para 6 personas: 2 kilos de caracoles, 8 cucharadas de harina, pimienta negra molida en abundancia, cayena molida al gusto, aceite de oliva (mejor), vinagre. Esta receta es de lo más económico.

Lavamos  muy bien los caracoles con agua y vinagre cambiando al agua varias veces. Los ponemos a hervir en una cazuela grande hasta que estén cocidos. Cambiamos el agua y los volvemos a lavar bajo el agua del grifo. En una sartén grande con suficiente aceite doramos la harina y añadimos bastante pimienta y cayena al gusto; incorporamos los caracoles y vamos dando vueltas hasta que se forme una capa de harina que envuelva la concha de los caracoles. Se toman bien picantes y se acompañan de ajoaceite. Un vino tinto es casi necesario.

Lechugas rebozadas

Arcimboldo: "Retrato del verdulero"

Seguimos en tiempos de crisis y la que nos rondará morena… Habrá que seguir agudizando el ingenio y acudir a las recetas de la abuelita.   Esta (receta, no abuelita) aparte de ser sana es barata y fácil de hacer.

Ingredientes para 6 personas: 6 cogollos de lechuga, harina, 1 pechuga de pollo, 150 gr. de chorizo, 6 huevos, aceite de girasol (que es más barato),  1 bote de aceitunas rellenas, perejil y caldo del tipo que sea.

Picamos el pollo, el chorizo y medio bote de aceitunas. Hacemos un picadillo con la yema de cuatro huevos duros. Tostamos en una sartén dos cucharadas de harina y añadimos los picadillos; los salpimentamos y rehogamos todo. Abrimos los cogollos con cuidado, los rellenamos con el picadillo anterior y los atamos. Pasamos los cogollos por harina y huevo batido. A continuación los freímos en aceite muy caliente y los ponemos sobre celulosa para que absorba el exceso de aceite. En una cazuela calentamos el caldo, añadimos el resto de las aceitunas cortadas en rodajitas y dejamos que reduzca como si fuera una salsa;  agregamos los cogollos, dejando cocer unos cinco minutos. Añadimos el perejil picado. Si los acompañamos de arroz blanco tendremos un plato único sano y sabroso.

Arcimboldo: "Retrato del verdulero" al revés. Magnífico bodegón.

La Legión de Honor para A. Escoffier

A  August Escoffier, el gran cocinero, el primero en recibir la Legión de Honor, le debemos entre muchas otras cosas que dignificara la profesión de cocinero. Nació el 28 de octubre de 1846, buena fecha para nacer bajo el signo de Escorpio; muchos lo consideran el padre de la «haute cuisine», sin embargo lo que hizo fue modernizar y simplificar el estilo anterior.  Durante la guerra franco-prusiana estudió la técnica de las conservas en lata. Trabajó en Niza, Montecarlo, Lucerna y en el Savoy de Londres. Junto con Ritz creo el Hôtel Ritz de París y otros muchos por todo el mundo. Diseñó las cartas de los más lujosos transatlánticos de la época, entre ellos la del Titanic. En 1903 publicó su «Guide Culinaire», aún hoy libro de texto imprescindible para los profesionales, y en 1911 «Le Carnet d’Epicure». En el 2006 la Ed. Flammarion reedita «L’Aide-Memoire Culinaire» en una edición facsimilar prologada por su nieto Michel, obra tan necesaria como la «Guide Culinaire»  para cualquier amante de la cocina, que cada vez somos más.

Arroz modernista

Arroz modernista. Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

Para los tiempos que corren nada mejor que volver a hacer milagros, convertir el agua en vino, multiplicar los panes y los peces, estirar el fondo de armario, en este caso de despensa; hay que volver a comer pan, pizzas, legumbres a destajo, frutas y verduras, mucha patata (los irlandeses comieron muchas durante la segunda gran guerra y ahí están así de majos; nosotros, en España, nos comíamos hasta las mondas); en la variedad está el gusto. Hoy propongo un arroz casero de esos que han pasado de generación en generación; una receta actualizada, barata y estupenda para el verano,

Arroz modernista

Ingredientes para 6 personas: Arroz en cantidad suficiente (mejor el oriental de grano largo o el que se tenga más a mano), salsa de tomate, mahonesa, unas hojas de lechuga, tres zanahorias y unas latas de atún en aceite.

 Hervimos con sal el arroz y lo enfriamos bajo el agua del grifo. Escurrimos muy bien la salsa de tomate que suele llevar más agua que tomate (son así de listos en las empresas conserveras tomateras). Hacemos lo mismo con el arroz hasta que quede sin nada del liquido elemento. Mezclamos todo bien y añadimos el atún. Picamos las hojas de lechuga que usamos para adornar igual que las zanahorias cortadas en tiras anchas, porque en juliana no hay quien las pille.

Les Carnets de Cuisine de Monet

«Nature morte au melon». Monet, 1876. Museo Gulbenkian.

Vivir en Giverny para un amante de la naturaleza y para un pintor debía ser un sueño. A partir de 1883 Monet y Alice Hoschede, su segunda mujer, y sus ocho hijos se instalan en la casa de Giverny. Desde ese momento la casa, la desviación del afluente del Sena que consiguió a fin de construir su estanque, el huerto y la granja constituyen la otra «obra» del pintor. Las comidas al aire libre y las que se celebraban en el comedor amarillo, decorado con estampas japonesas, formaban parte de un ritual doméstico y de un estilo de vida.   La lista de visitantes es interminable: Cézanne, Pizarro. Renoir, John S. Sargent, Bherte Morisot, Degas, Rodin, el mismo Clemenceau, Durant.Ruel, Sacha Guitry, Gallimard, Charpentier…  Pintores, políticos, editores se reunían para degustar la cocina exquisita de Madame Hoschede; amigos que además dejaban sus recetas como la bullabesa de merluza de Cézanne, la chuleta de cerdo de Sacha Guitry, por poner dos ejemplos. El libro «Les Carnets de Cuisine de Monet», editado por Èditions du Chêne, es un ejemplo de edición preciosista y cuidadosa con unas fofografías de Jean-Bernard Naudin impresionantes. Visitar Giverny en primavera y a principios del otoño es una buena elección; en verano hay demasiados turistas.

Del Recetario de Supervivencia para tiempos de crisis.

Entre pucheros. Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

Antes de entrar en materia, un consejo práctico para después de las comidas. Entre las muchas cosas que se usan para la limpieza de los dientes, los jabones son de  lo más eficaz y facilísimos de hacer en casa. El más sencillo consiste en mezclar partes iguales, en peso, de jabón corriente, raíz de lirio y talco, y cuando en caliente esté todo bien unido, a  modo de perfume se añade un revuelto de esencia de menta y clavo picado en cantidad prudencial. Práctico no es, pero tiene su morbo; que un sábado no tenemos plan, pues al campo a buscar raíz de lirio, por ejemplo. Siempre que vaya al campo es aconsejable llevar una bolsa de plástico en el bolsillo. El campo está lleno de sorpresas, si se sabe mirar bien. Y en este ir y venir se nos puede transmutar la mitad del día que se nos antojaba insoportable. Que no encuentra raíz de lirio, pues  aproveche  y de paso se trae a casa algunos limones y naranjas de los huertos ajenos; bajo los limoneros se pueden tropezar fácilmente con  deliciosos espárragos trigueros silvestres. El caso es no perder el día. Y si se tiene que pasar a última hora por el supermercado, recuerde que necesita dentífrico.

JUDÍAS A LA ZARAGOZANA

Ingredientes para 6 personas:

300gr. de judías blancas, 1/4 de kilo de oreja de cerdo, ajo, perejil y hierbabuena, clavo y nuez moscada.

Ponemos a remojar las judías la víspera y, si en el agua se disuelve  un puñado de bicarbonato de sosa, no pasa nada malo, aunque la cosa no sea muy zaragozana. A priori en el cuarto no sabemos si entra más de una oreja, ya que eso dependerá del tamaño del marrano; de cualquier modo hay que rasparlas y lavarlas para quitar la sal. Y como hay que dejarlas guisables, las churrascaremos chamuscándolas bien. Después las partimos. En el puchero ponemos  a cocer las judías con los trozos de oreja. El agua se sazona  y se le echa el clavo, la nuez moscada y la hierbabuena. Cuando las judías estén tiernas, sin que se pelen, les añadimos un refrito con aceite, ajo y perejil y dejamos, sin constreñirlas, que den un hervor a su aire. Lo suyo es emplatarlas como toda la vida en platos hondos, pero si lo quiere hacer en bonito lo puede hacer mediante aros, eso sí con escaso caldo; que no tiene aros, pues nada más sencillo que cortar un trozo de botella de plástico y hacerse uno.

Del Recetario de Supervivencia para tiempos de crisis.

Entre pucheros. Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

Para los amantes del buen beber y del mejor yantar nada mejor, en los momentos de crisis, que soñar con cochinillos al horno  o terneras con los caretos de los responsables de la crisis mundial que nos atenaza, ensartadas al más genuino estilo pampero.  ¡Soñar es gratis, no aporta calorías y, al despertar, esas imágenes algo consuelan! Propongo, para esta época de contrarreforma, una vuelta revisada y aligerada (de mantecas de cerdo) a las recetas de la posguerra.

CREMA SUPREMA CON TEXTURA DE NATILLAS Y UNA NUBE DE PEREJIL

Ingredientes para 6 personas:

9 huevos ( son muchos huevos pero, si se tiene colesterol, ni caso; en la posguerra no había colesterol, había hambre; si vive en un pueblo y tiene el gallinero del vecino a mano, mejor que mejor), caldo de pollo (1 carcasa, 1 trozo de apio, 2 zanahorias o una XXL; en cuanto dé un hervor, se retiran y guardan para otra sopa), un poco de cúrcuma para que aporte colorcillo y sabor, y un poco de perejil de la maceta.

Las 9 yemas se baten bien, haciendo otro tanto aparte con 3 claras. Se mezclan en una cacerola, despacio y sin dejar de batir. Apartamos del fuego la cacerola y echamos lentamente el caldo colado y muy caliente. Añadimos como unos tres cuartos de litro y ponemos a cocer al baño María hasta que queden como unas natillas. Las claras sobrantes se cuecen también al baño María y, cuando estén, se parten en tiritas finas echándolas en la sopa. Adornamos con el perejil muy picado a modo de nubecilla. Buena no sé si estará pero saciar, sacia. Después unas buenas torrijas caseras y a dormir la siesta a calzón quitado o en su defecto lo que llamamos la «siestecilla del perro».