Del Recetario de Supervivencia para tiempos de crisis.

Entre pucheros. Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

Antes de entrar en materia, un consejo práctico para después de las comidas. Entre las muchas cosas que se usan para la limpieza de los dientes, los jabones son de  lo más eficaz y facilísimos de hacer en casa. El más sencillo consiste en mezclar partes iguales, en peso, de jabón corriente, raíz de lirio y talco, y cuando en caliente esté todo bien unido, a  modo de perfume se añade un revuelto de esencia de menta y clavo picado en cantidad prudencial. Práctico no es, pero tiene su morbo; que un sábado no tenemos plan, pues al campo a buscar raíz de lirio, por ejemplo. Siempre que vaya al campo es aconsejable llevar una bolsa de plástico en el bolsillo. El campo está lleno de sorpresas, si se sabe mirar bien. Y en este ir y venir se nos puede transmutar la mitad del día que se nos antojaba insoportable. Que no encuentra raíz de lirio, pues  aproveche  y de paso se trae a casa algunos limones y naranjas de los huertos ajenos; bajo los limoneros se pueden tropezar fácilmente con  deliciosos espárragos trigueros silvestres. El caso es no perder el día. Y si se tiene que pasar a última hora por el supermercado, recuerde que necesita dentífrico.

JUDÍAS A LA ZARAGOZANA

Ingredientes para 6 personas:

300gr. de judías blancas, 1/4 de kilo de oreja de cerdo, ajo, perejil y hierbabuena, clavo y nuez moscada.

Ponemos a remojar las judías la víspera y, si en el agua se disuelve  un puñado de bicarbonato de sosa, no pasa nada malo, aunque la cosa no sea muy zaragozana. A priori en el cuarto no sabemos si entra más de una oreja, ya que eso dependerá del tamaño del marrano; de cualquier modo hay que rasparlas y lavarlas para quitar la sal. Y como hay que dejarlas guisables, las churrascaremos chamuscándolas bien. Después las partimos. En el puchero ponemos  a cocer las judías con los trozos de oreja. El agua se sazona  y se le echa el clavo, la nuez moscada y la hierbabuena. Cuando las judías estén tiernas, sin que se pelen, les añadimos un refrito con aceite, ajo y perejil y dejamos, sin constreñirlas, que den un hervor a su aire. Lo suyo es emplatarlas como toda la vida en platos hondos, pero si lo quiere hacer en bonito lo puede hacer mediante aros, eso sí con escaso caldo; que no tiene aros, pues nada más sencillo que cortar un trozo de botella de plástico y hacerse uno.

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