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Lavanda.

Desde un mirador de la Provenza vi un extenso campo de lavanda y esa imagen tan hermosa de un color lila intenso la llevo desde, entonces, en la memoria.

La tórtola en la morera.

Se nota que estamos en primavera, porque las tórtolas, mirlos y gorriones se hacen notar con sus cantos; es sobre todo por las mañanas, cuando forman una algarabía considerable. Las tórtolas emiten un arrullo bisilábico monótono para llamarse y cuando el macho está de cortejo el sonido es más rápido que el de la hembra. Y aunque no lo parezca, por que esta primavera es más fría de lo común, andan ya alborotados; será por aquello de que la primavera la sangre altera.

Vinagrillos.

Aparecen por todas partes, ahora entre los helechos, con sus flores amarillas. De pequeña me gustaba chupar sus tallos y cuando con el Instituto íbamos de excursión a Trepucó entre las tancas, siempre había alguno. Recuerdo un día en el que estando en el recinto prehistórico vimos un arco iris salir por detrás de la taula, enorme, y abarcar el talayot como abrazando el poblado. Parecía todo tan irreal y al tiempo tan hermoso que es una estampa que no podré olvidar nunca. A la vuelta, cerca del cementerio, unos pepinillos del diablo esparcieron sus semillas en todas direcciones a la velocidad del rayo. Y en la memoria todo junto, los vinagrillos, los pepinillos del diablo… y la taula.

Ya se ven los futuros frutos.

Aunque diminutos, como pequeños botones, ya se ven los que serán futuros paraguayos. Sentada en el jardín es una gozada contemplar esos proyectos de fruta que tanto me gustan. El paraguayo es un árbol bien bonito que ya desde la floración nos da, además, belleza; sus flores blancas se tornan de color rosa llenando las ramas desnudas. La cantidad de lluvia que ha caído esta primavera, lejos de perjudicarle, parece que le ha sentado muy bien.

La monstera y la luz.

En este caso, el sol y las sombras se proyectan aleatoriamente, pero cuando la luz platea las hojas de esta manera he conseguido lo que andaba buscando hace tiempo. ¿Habrá algo más bello que la naturaleza?

De Sicilia y rodeado de helechos.

Segundo año de mi limonero siciliano (limonero carrubaro) entre helechos. Temí por él, porque las hojas tuvieron minador en el otoño y pensé que no se salvaría, pero esta primavera sus hojas están creciendo a un buen ritmo, con ese color oscuro que luego se aclara, con ese brillo espectacular que pronostica unos limones con una acidez justa, más suave que los otros. ¡En fin, me tiene muy ilusionada!