Lo prometido es deuda. Comenté en un post anterior que la higuera que tengo en el jardín se ha visto rodeada de helechos. Es posible suponer que dichos helechos, que son más propios de zonas húmedas y sobre todo del norte de nuestro país, estén buscando la sombra protectora de la higuera. No lo puedo saber, pero esta simbiosis es cuanto menos curiosa, sobre todo si pensamos en las altas temperaturas que aquí se alcanzan en verano y este está ya aquí. El verano pasado, sufrieron lo suyo, pero con las abundantes lluvias, de este invierno, se han puestos tremendamente grandes y fuertes y rodean a la higuera en un abrazo múltiple.
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Finalizado el proceso.
La higuera crece y crece…
La compramos ya hace unos cuantos años y parece mentira lo que ha crecido. Esta, la higuera, tiene un mérito añadido y es que a sus pies crecen los helechos como locos; una y otros creo que se equivocan de ubicación, pero ahí están compartiendo suelo y, lo más disparatado, riegos. Mañana si tengo tiempo subiré los helechos a sus pies.
Sinfonía de colores.
Del verde tierno al verde-verde.
Del verde más tierno al verde-verde que no llega a ser verde vejiga. Como pintora, el poder captar la luz con la Nikon sobre las plantas de mi pequeño jardín, me proporciona, casi, el mismo placer que cuando en el estudio me aplico al pintar un lienzo: la atención es la misma, la misma concentración, aunque el resultado con la máquina es totalmente diferente. Gana la máquina. La inmediatez del disparo es un valor añadido que, tras pasarlas al ordenador, me dejan fané y descangayá de satisfacción, como dice el tango del inefable Gardel.
Bicolor.
Atardecer en Ceuta.
Fotografía de Jero García Gázquez.
Un cielo al atardecer de la ciudad de Ceuta. Muchas gracias, Jero, por esas magníficas fotos que de vez en cuando nos regalas de la bella ciudad autónoma; tengo pendiente una visita a ese rincón español en el norte de África tan unido a mi familia, donde viví de pequeña y de donde tengo vagos recuerdos, unidos al olor inolvidable del té con hierbabuena.
Siguiendo las huellas del maestro Cortázar.
Buscaba por todo el Barrio Latino y por Montparnasse la huella del escritor. Amaba sus cronopios y famas y recorría sin descanso la calle donde vivió su personaje favorito, de tal forma que, cuando enfilaba la rue Lagrange, sonaba música de jazz. Sin darse cuanta se había convertido en el perseguidor cuando se sentaba en el pequeño velador del café Le Metro. Aquel día de cielo incierto donde lo brumoso persistía borrando los contornos de las esquinas, decidió darse una vuelta por el cementerio de Montparnasse, aun sabiendo que era un suicidio enmascarado. No obstante ascendió sin dudarlo por la calle y se sintió aliviado cuando el cuervo le fue guiando hasta la tumba; y allí se posó sobre la lápida para que él pudiese reposar junto a su maestro enhebrador de historias de cronopios y de famas.
Aspidistra.
La aspidistra es una planta que tanto puede estar al aire libre como en interiores con buena luz. A pleno sol no se debe tener, aunque es bueno buscarles un sitio a la sombra; el sol del atardecer les sienta bien, creando entre sus hojas preciosos contrastes de luz y sombra. Recuerdo que en Menorca era la planta preferida en los patios de interior de las casas y en las iglesias.
Mañana en el Vaticano.
Mañana, frente a la Basílica de San Pedro, frente a la cúpula que diseñara Miguel Ángel, se celebrará el funeral por el Papa Francisco. Hoy ya han pasado por delante de su féretro alrededor de doscientas cincuenta mil personas, que le han querido dar su último adiós. El Pontífice de los pobres y marginados, el cardenal que llegó de Argentina, que no quiso vivir en el Palacio Pontificio, se ha sabido ganar el corazón de todos, fieles y agnósticos; su figura se ha visto agrandada desde su fallecimiento. Mañana se espera que Roma sea el centro del mundo. Dignatarios de todos los continentes se reunirán en la plaza de San Pedro. Por estricto deseo del Papa, su cuerpo descansará en un solo féretro y no en tres como era habitual, además, sus restos no descansarán en la Basílica de San Pedro, sino en la Basílica de Santa Maria Maggiore, también por deseo del Papa. En todo lo posible se han simplificado los rituales, como dejó establecido.
























