




En la playa de San Juan, en Alicante, la primera vez que lo vimos, este pinsapo nos llamó poderosamente la atención. ¿Es normal que un abeto se adapte tan bien a estas latitudes? No sabemos calcular su altura, pero es enorme. En mayo esta clase de abeto estaba lleno de piñas femeninas. Hace años ya que lo conocemos; cada verano sigue ahí altivo, fuerte, vigoroso y es como encontrarnos con alguien amigo que forma parte de un paisaje conocido.






























