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Hibisco II

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Fotografía Noa Serrano Plaza.

El hibisco o hibiscus es un género de 150 especies de las más de 1000 descritas. De la familia malvácea originaria de las regiones tropicales y subtropicales. Originaria de Asia. Con unas flores espectaculares se comporta bien en interiores. Tiene propiedades medicinales y se toma en infusión ( té de hibisco) como relajante, para reducir la acidez y mejorar el tránsito del aparato digestivo, ayuda a adelgazar y también regula la presión arterial. Necesita mucha luz, pero no conviene que le de el sol directamente en las horas centrales del día. Necesita suelo bien drenado y húmedo. Las flores pueden ser blancas, rosas, amarillas, rojas… tuve una planta cuyas flores eran de color champan que era realmente hermosa. ¡Gracias Noa por esta foto tan bonita!

El Buda y el caracol.

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La leyenda dice más o menos que ciento ocho caracoles cubrieron la cabeza de Buda cuando este se sentó a meditar para que el sol no le molestara; la baba de los caracoles humedecieron así su cabeza. Por esto se le representa con la cabeza cubierta por ellos. Esta mañana tras una ligera lluvia, por aquí el agua es muy rácana, vimos que este caracol se había plantado encima de la cabeza del Buda que tenemos en el jardín y que compramos a principio del verano. ¡Que maravilla, pensamos, el caracol busca a sus hermanos y la leyenda se repite! Estaremos ojo avizor por si las moscas o por si los caracoles….

Cactus de Navidad.

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Este cactus, conocido más popularmente como de Navidad o de santa Teresa, florece curiosamente en septiembre-octubre por lo menos en la costa de Alicante, aunque lo normal es que sea en la época navideña. La Schlumbergera es una planta de la familia de las suculentas que no tiene espinas y destaca por su abundante floración. Es una de las plantas favoritas de los amantes de los cactus, porque florece entre el otoño y el invierno. Se adapta muy bien al interior. Las flores se forman en el borde de sus tallos, que parecen hojas, y pueden llegar a los 60 cm de largo. Sus flores van desde el rojo hasta el rosa pasando por el blanco, el amarillo o el violeta. Es originaria del Brasil; necesita mucha luz, pero sin exposición solar directa; durante la floración se riega una vez a la semana. Esta variedad rosa es una preciosidad que no conocía, ya que siempre la había tenido en rojo, y me sorprendió su delicado color y sus matices.

Amanecer en la ría de Laxe.

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Foto de Aurelio Serrano García.

Bellísimo paisaje de la ría de Laxe donde se confunden los contornos en este amanecer que Turner habría hecho suyo. ¡Gracias mil, Aurelio por esta fotografía tan esplendida! Calma y serenidad, silencio y paz son los términos que evoca este parte de Galicia tan hermosa.

La Estirga y los Juegos Olímpicos.

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Fotografía de Brasaïs.

La Estirga me espera, lo sé. Le he mandado una carta al jorobado para que se la lea una noche de estas. Le digo que no puedo ir, aunque me quedo con las ganas, pero que he visto por la televisión los barcos deslizarse por el Sena. El espectáculo era fascinante y el entusiasmo de los participantes contagioso. Pero lo más era el espíritu de hermandad de los distintos pueblos. Le digo que «me imagino que nadie como tú, desde esa atalaya privilegiada de Notre Dame, habrá visto ese desfile fluvial lleno de calor. Y el color propagarse, ondear por la suave brisa de las diversas banderas de todos los continentes, mientras oías la música volar por encima y por debajo de los puentes desde el de Austerlitz repujado en dorado. Le digo también «que me hubiera gustado tanto sentir la lluvia en la cara mientras acaricio tu lomo de piedra sin pulir, al tiempo que contemplamos, las dos, el galope de ese caballo metálico que flota sobre el agua como fuera del tiempo, ingrávido. Desde el parvis, vemos como las luces incendian el recorrido del Sena hasta el Trocadero. Y la Tour barriendo con haces de luz el cielo de París, mientras una voz prodigiosa hacía que la Piaf, el gorrioncillo, estuviera presente. Ella no podía faltar; tampoco esa lluvia tan parisina. Ni siquiera faltó que sonaran las campanas de Notre Dame, como cierre de esa noche llena de embrujo y que sonaran a rebato para anunciar que la restauración va viento en popa y que el ocho de diciembre de este año, Notre Dame volverá a lucir como la joya que es.

Crassula Ovata.

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Esta planta suculenta necesita un buen drenaje y sol o buena iluminación, puede vivir en exterior e incluso en interior sin ningún problema. El mejor abono será el de los cactus. En verano basta con regarla una vez a la semana y en invierno apenas agua. Florece en primavera con flores blancas diminutas en ramilletes. Las hojas parecen orejas de conejo. De crassula existen ciento diez tipos. Se puede reproducir por esquejes, semillas e incluso con una de sus hojas.

«La locura» de la Fontana de Trevi.

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Sin duda el lugar más visitado de Roma es la Fontana de Trevi; tanto es así que, como mucho, la podréis ver de perfil a no ser que paséis la noche al fresco o, como dicen los franceses, «a la belle étoile» cogiendo sitio. Yo la he «visto» a medias dos veces y ninguna de frente, pues un ejército de turistas bien pertrechados y alertados toman posiciones bien temprano. Lo mejor es volver a ver la película donde Anita Ekberg y Marcello Mastroianni juguetean en la fuente. Al final la culpa la tiene el cine, porque somos «animalicos» cinéfilos y románticos a más no poder.

Portulacaria.

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La portulacaria, de la familia de las portulacas, son unas plantas cuya floración me apasiona. Las flores se abren con la luz del día y se cierran por la noche de forma definitiva, es decir son flores de un solo día. En la misma planta se dan de distintos colores, lilas, naranjas, amarillas… y brotan de dos en dos en la misma rama; como no soy botánica no sé explicarlo mejor, pero creo que en la cuarta foto se ve muy bien esos dos botones que al día siguiente se abrirán; sus flores son tan delicadas que parecen de papel. Todos los veranos me gusta tener una en el jardín, lo malo es que son anuales y la suerte es que tenemos viveros donde comprarlas.

Siempre la luz… que platea las hojas.

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Al atardecer, la luz, sin contar con su anuencia, platea las hojas de la aspidistra; cambia el verde clorofila de la planta a su antojo y ese fenómeno, que es arbitrario y se produce rara vez, vez hay que pillarlo como a quien se coge con las manos en la masa. ¡Cosas de la luz, no hay que darle más vueltas!

El envés de las hojas de la monstera.

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No sé por qué, pero desde siempre, y más concretamente desde que me emancipé y tuve casa propia, siempre ha habido una monstera en mi casa y en las distintas casas que he tenido por diversas partes de la geografía española. Será porque me gustan sus enormes hojas agujereadas por donde mirar, a modo de antifaz, sin que te vean o por esa vocación de mirilla o de celosía andalusí que te transportan al otro lado del estrecho de Gibraltar; me apasiona por su evocación a esa cultura hermana, a esas tierras africanas tan cercanas… En fin, por imaginación que no quede.