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Los Ángeles del puente (Roma)

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En el puente de Sant´Angelo podemos admirar diez figuras de ángeles y las figuras de San Pedro y San Pablo. Cada una de la figuras porta uno de los elementos de la pasión de Cristo y así vemos: que la que porta la corona de espinas fue realizada por Bernini y su hijo Paolo, hoy en la iglesía de Sant`Àndrea delle Fratte y que fue sustituida por la copia en el puente realizada por Paolo Nardini; la del ángel con la columna de Antonio Raggi; la del ángel con la fusta de Lazzaro Morelli;; la del ángel con sudario de Cosimo Francelli; la del ángel con la túnica y los dados también de Paolo Nardini; la del ángel con los clavos de Girolamo Lucenti; la del ángel con la cruz de Ercole Ferrata; la del ángel con la inscripción «Regnavit a ligno deus» de Bernini y su hijo Paolo, copia en el puente de Giulio Cartari; ángel con la esponja de Antonio Giorgetti y por último el ángel con la lanza de Dominico Guides. El movimiento de los paños de las figuras que, parecen flotar movidos por el viento, les dota de una singular belleza.

Antes del siglo XVI el puente se utilizaba para exponer los cuerpos de los ejecutados en la cercana Piazza di Ponte y con anterioridad el puente era utilizado para llegar a la Basílica de San Pedro. El papa Clemente VII destinó el peaje del puente para erigir las esculturas de San Pedro y de San Pablo y más tarde de los cuatro evangelistas y patriarcas. En 1669 el Papa Clemente IV encargó el reemplazo de los ángeles de estuco de Raffaello de Montelupo. Bernini programó la construcción de los diez ángeles actuales de los cuales, como hemos dicho, realizó dos junto a su hijo Paolo, que en la actualidad se encuentran en la iglesia Sant`Andrea delle Fratte.

Ponte Sant’Angelo I (Roma)

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El puente del mismo nombre que el castillo está, a lo largo y a ambos lados, custodiado por una serie de figuras de ángeles que portan los elementos de la pasión de Cristo. En principio se llamó Ponte Elio y también fue conocido como puente de Adriano. Bernini diseñó la construcción de diez ángeles y él mismo acabó los dos originales que sostienen la corona de espinas y la inscripción de I.N.R.I., pero ambas fueron requisadas por el papa Clemente IX para su disfrute personal. El nombre del puente, sin embargo, se debe al Arcángel que está situado sobre el castillo. El río Tíber discurre bajo el puente con arcos que permitía el tránsito del pueblo desde el centro de la ciudad hacia la Plaza de San Pedro y el Vaticano. En el interior del castillo hay un pasaje oculto que conduce hasta el Vaticano, que se puede contratar para visitas turísticas. Las farolas se alternan con las esculturas, cuya belleza se dora al caer la tarde antes de que la electricidad cumpla su función; de día o de noche es uno de los rincones imprescindibles de Roma.

Castel de Sant’Angelo (Roma)

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El Castel de Sant’Angelo se inspira en su aspecto exterior en el mausoleo de Augusto, construido en la rivera opuesta del Tíber más de un siglo antes. Fue realizado por el arquitecto Demetriano a partir del 123 d. C. como mausoleo para el emperador Adriano, que murió en el 138 d. C., antes de que estuviera terminado. Su sucesor, Antonino Pio, trasladó sus restos y los de su esposa Sabina en el 139 d. C. y, con posterioridad, fueron allí enterrados los restos de los emperadores que le sucedieron hasta Caracalla, cuyos nombres se leían en el friso de la fachada. Por su situación estratégica, con posterioridad fue un bastión defensivo de la ciudad. Las estatuas que adornaban el mausoleo, así como las columnas, incluido el carro y la estatua de Adriano desaparecieron debido a las guerras. La antigua Mole de Adriano se convirtió para siempre en castillo.

Visita al Coliseo por dentro.

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Visitar el Coliseo puede resultar agotador, pero es una ocasión única para rememorar lo que aquello suponía; la muerte estaba tan presente como la vida. La fiesta y la crueldad más despiadada se unían en unas celebraciones que hoy nos parecen bárbaras. La ingeniería romana, la arquitectura, el sistema para subir las fieras desde el piso inferior, todo ello nos habla de lo que fuera el grado de sofisticación de una cultura como la romana presente aún hoy en el legado que nos dejaron, no solo en la lengua sino en el derecho, por poner un ejemplo.

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Sarcófago de los esposos. Museo Etrusco. Villa Giulia (Roma).

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El «Sarcófago de los Esposos» de finales del siglo VI a. c. es una urna cineraria etrusca antropoide, hecha de terracota pintada. La colección de arte etrusco ubicada en Villa Giulia nos sorprende por su belleza; el Museo fue construido en una zona conocida como Vigna Vecchia como una villa suburbana y lugar de reposo que el papa Julio III encargó a Jacopo Vignola en 1551. El «Sarcofago degli Sposi» muestra una pareja casada reclinándose en un banquete en la otra vida; fue encontrado en unas excavaciones del siglo XIX en la necrópolis de Cerveteri. Inspirado en la época arcaica griega, muestra los ojos almendrados y el cabello largo trenzado de los esposos; el contraste entre los bustos de alto relieve y las piernas aplastadas es típicamente etrusco. Y, como se puede observar en las fotografías, dichas piernas han sido retiradas, supongo que para una restauración. Una se queda sin respiración ante los rostros sumamente expresivos, ante esas sonrisas típicamente etruscas y los brazos y manos gesticulantes llenos de vida. Es ahí donde centran la atención del espectador. Este sarcófago es muy parecido a otro encontrado también en Cerveteri y posiblemente del mismo artista. El bellísimo sarcófago de Villa Giulia muestran el afecto entre un hombre y una mujer nunca visto en la cultura griega con anterioridad, algo realmente asombroso, nuevo y fascinante.

El Coliseo por dentro.

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Si el exterior es impresionante, el interior no le va a la zaga. Solo hay que comprobar que el hombre se pierde ante la grandeza de sus dimensiones. En la actualidad, poder contemplar lo que había debajo de la arena, en los túneles subterráneos conocidos como «hipogeos», que es donde se encontraban las jaulas para los animales, así como los gladiadores, que esperaban el momento de salir, es realmente fascinante. El Coliseo tuvo una vez un techo retráctil llamado «velarium» hecho de lino y controlado por marineros. El emperador Vespasiano financió su construcción con el botín del templo judío de Jerusalén. Nos asombra las inteligentes salidas, «vomitorium», diseñadas para permitir vaciar el recinto en cuestión de minutos. En el Coliseo no solo había luchas entre gladiadores y cacería de fieras, sino que había espectáculos, «naumaquiae», representando batallas navales, para lo cual se llenaba el piso de abajo con agua y también se mostraban caballos y toros, previamente entrenados, nadando.

Exterior del Coliseo.

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El Coliseo, construido en el siglo I, es inabarcable. Su nombre responde a una escultura colosal de Nerón que formaba parte del conjunto. Desde fuera es imponente e impresionante; sobrecoge por sus dimensiones. El Coliseo o Anfiteatro Flavio (Colosseo, en italiano y Colosesum en latín) está ubicado en el Foro Romano y el coloso de Nerón, a su lado, que sufrió una serie de transformaciones posteriores, finalmente desapareció. Los materiales utilizados en su construcción eran bloques de mármol travertino, hormigón, madera, ladrillo, toba y estuco. Tenía un aforo para unos 65.000 espectadores con ochenta filas de gradas. El emperador, su familia y los senadores estaban cerca de la arena y, a medida que se ascendía, se situaban los estratos inferiores de la sociedad romana. En el Coliseo tenían lugar luchas de gladiadores y espectáculos de diversa índole, siendo su objetivo último entretener al pueblo.

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«En el barco». Costandinos Petros F. Cavafis

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Dibujo a lápiz sobre papel de Aurelio Serrano Ortiz.

EN EL BARCO

Este pequeño apunte hecho a lápiz

se le parece, ciertamente.

Dibujado con prisa, en la cubierta

del barco, una maravillosa tarde.

En torno nuestro el mar Jónico.

Se le parece. Pero yo lo recuerdo más hermoso.

Era muy sensitivo, hasta el extremo

de sufrir, y ello iluminaba su espresión.

A mi memoria vuelve más hermoso

ahora que mi alma lo evoca fuera del Tiempo.

Fuera del tiempo. Es tan antiguo todo

-el dibujo, y el barco, y la tarde.

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Del libro «Poemas». Colección Visor. Alberto Corazón, editor. Madrid 1971.

Galleria Borghese. Madera vs. mármol. Giuseppe Penone.

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Fotografías Aurelio Serrano Ortiz

Impresionante el contraste, en unas de las salas de esculturas romanas de la Gallería Borghese, con la exposición, preciosa, de un escultor contemporáneo; sus obras en madera me dejaron con la boca abierta. Los mosaicos romanos del suelo y las bóvedas profusamente pintadas, hacían que esas esculturas de madera rabiosamente actuales chocaran, destacaran y nos descolocaran por un momento, como si nos hubiéramos desubicado. El tratamiento de la materia más noble reflejaba todo el amor por lo natural y esa especie de árboles desnudos nos llevaba a la naturaleza, al bosque, frente al artificio del mármol o de la piedra, bellamente trabajada, eso sí. Queden aquí estas fotos como reconocimiento a la obra de Giuseppe Penone que tiene sus raíces en la naturaleza.