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La obra de el Greco y su influencia en Cézanne y otros pintores modernos

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«La dama del armiño» de el Greco, 1577-79

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«La dama del armiño, según el Greco», de Cézanne, 1885-86. Colección particular

Hace unos años en el Museo del Prado se celebró una interesantísima exposición en la que se mostraba la influencia que el pintor cretense tuvo en pintores posteriores de primera fila como Manet, Cézanne, Picasso, Modigliani, Zuloaga, Pollok o Saura. La exposición estaba formada por 106 obras de 70 prestaciones y 26 originales de el Greco. En dicha exposición queda patente la influencia post mortem del pintor, que recorre desde finales del siglo XIX hasta el XX. Ese dialogo entre uno y otros resulta sumamente elocuente: fijémonos, por ejemplo, en la elección del color azul por parte de Cézanne para hacer su versión particular considerada como innovadora del pintor postimpresionista, según explicó Javier Barón, comisario de la exposición; en realidad a mí me lleva, además, a la «época azul» y podría estar firmado por el mismo Picasso. Como así sucede en » El entierro de  Casagemas».  Modigliani hizo su versión particular de «El caballero de la mano en el pecho» en «Paul Alexandre ante una vidriera». Por su parte Rusiñol introduce la obra del Greco en los círculos artísticos catalanes y Zuloaga fue plenamente consciente de la influencia que irradiaba el pintor cretense. En dicha exposición figuraba el «Laocoonte», fundamental en el expresionismo germánico, y «La Resurrección» que influyó en la nueva figuración representada por Bacon en «Mujer tumbada» y en el expresionismo abstracto de Pollok, Antonio Saura y Benton.

Debo añadir que la polémica sobre la autoría del cuadro continúa. Para los interesados, les remito al post sobre Sofonisba Anguissola a la que muchos atribuyen el cuadro de «La dama del armiño» y no al Greco. Hoy día hay unos cuantos cuadros de magnífica factura que se atribuyen a distintas pintoras, pero que, por intereses evidentes, los museos no quieren admitir, pues el valor de dichos cuadros bajaría… Tremendo, digo yo. Y me quedo corta.

 

Toyen, pintora surrealista

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«Fordy», 1928

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«Retrato de André Breton», 1950

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1927

Artista nacida en Praga en 1902. Se desconoce casi todo de su infancia y adolescencia, pero es a partir de 1918 cuando comenzó a participar en las exposiciones de vanguardia en Praga y en París. Mantuvo una relación de veinte años con el fotógrafo y poeta Stirsky y ambos formaron parte del grupo de vanguardia Devetsil y frecuentaron círculos anarquistas y comunistas. Su verdadero nombre era María Cerminova que cambió para sus obras por el seudónimo de Toyen que algunos consideran que es un diminutivo de citoyen, ciudadano en francés; caso bastante frecuente entre las artistas mujeres a fin de reivindicar su paridad en todo con el género masculino; ella misma se refería a si misma usando el género masculino y solía vestir con trajes de hombre. Durante su estancia en París ilustró libros y revistas de carácter erótico como las que hizo para la obra del Marqués de Sade, «Justine ou les infortunes de la vertu». Comienza su inmersión al surrealismo cuando vuelve a Praga donde participa activamente en dicho movimiento. Breton junto con Benjamín Péret viajaron a Praga en 1935 y luego ella volvió a París; desde ese momento Toyen participará ya en todas las exposiciones internacionales de los surrealistas. Durante la ocupación nazi ella siguió trabajando en el arte que ellos consideraban «degenerado» y tuvo el coraje de ocultar en su casa al poeta judio Jindrich Heisler. En 1945 marchó a París con la obra de su compañero muerto en Praga y con la suya y ya nunca más volvió a su país. Tras la muerte de Breton la mujer de este la invitó a instalarse en su estudio de la rue Fontaine. Murió en 1980 y está enterrada en Batignolles donde también lo están Breton, Péret y Heisler.

Cézanne, sus autorretratos

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«Cézanne  à la palette». Autorretrato

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Retrato del artista

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Autorretrato

Cézanne nunca tuvo una buena opinión sobre su físico, que consideraba poco atrayente para las mujeres y, quizás por eso, era tímido con ellas y no se atrevía a utilizar modelos desnudas. Más tarde, no impediría a su fiel sirvienta que posara para él a menos de un metro de distancia. Su inseguridad, no obstante, le llevó a hacerse alrededor de treinta autorretratos. Su amistad con Zola tuvo una gran importancia en su vida. Zola escribió: «…nos escapábamos en carreras locas a través del campo, teníamos necesidad de aire libre. de sol, de senderos perdidos…» Y él, que tuvo una gran formación clásica y podía componer versos en latín, siempre añoró los años de su juventud, las lecturas que le protegían del embotamiento, de la falta de actividad, de la provincia. Su padre le obligó a estudiar Derecho, pero su destino le llevó por otros derroteros, nada más y nada menos que a ser el pintor que inaugurara y diera paso a la pintura moderna.

Remedios Varo, su rostro

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Remedios Varo

Remedios Varo era sin duda una muer atractiva y entre sus obras me he encontrado esta fotografía que me apetecía subir para poner rostro a la autora de esa obra tan peculiar e interesante como es la suya.

Remedios Varo, dibujos

 

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«Naturaleza muerta resucitando», 1963

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«La calle de las presencias ocultas», 1956

 

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«Ritos extraños», 1959

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«Exploración del río Orinoco», 1959

La pintora Remedios Varo preparaba de forma muy minuciosa, con unos dibujos precisos y con toda clase de detalles, las obras que luego llevaba al lienzo. Sus cuadros, de un surrealismo muy personal, combinan una concepción vanguardista no exenta de sentido del humor. Estudió en la Academia de Bellas Artes de S. Fernando de Madrid, donde tuvo de profesor a Julio Romero de Torres y conoció a Salvador Dalí. Se casa con el pintor Gerardo Lizárraga y viven en París durante un año. Regresa a Barcelona y allí conoce a Esteban Francés, un vanguardista con quien comparte estudio, y se divorcia de su marido. Esta pintora nacida en Anglés (Gerona), republicana, marcha a París con el poeta Benjamín Péret, donde permanecen hasta la invasión nazi. Remedios, con su nueva pareja, permanece en Marsella hasta obtener el visado que les permita partir hacia México, donde fijan su residencia hasta su muerte, como tantos exilados republicanos españoles. Su odisea personal termina en el año 1941 en México, donde encuentra refugio. Su obra tuvo reconocimiento póstumo y se caracteriza por representar lo sobrenatural, la magia, la alquimia, el mundo de los sueños y sus personajes son andróginos y rodeados de misterio.

Retrato de Noa

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«Retrato de Noa». Retrato y fotografía de Bárbara Carpi, que es como firmo mis obras.

 Al abordar el retrato de alguien a quien quieres mucho, siempre se ha de tener presente, yo por lo menos lo intento, de no tratar de idealizar, más bien todo lo contrario, hay que ajustarse a lo que esa persona es, lo que transmite, y es en los ojos sobre todo, en la mirada, donde se encuentra la esencia, el espíritu de lo que la hacer «Ser». En ese sentido, sin falsa modestia, creo que he conseguido captar la viveza, la alegría que ella, mi niña preciosa, nos da todos los días; en definitiva, la inteligencia de alguien que tiene una gran curiosidad por todo lo que la rodea, por la vida.

Las flores de Egon Schiele

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«Girasol», 1916

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«Crisantemo Rojo», 1910

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«Campo de flores»

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«Girasol»

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«Flores estilizadas frente a un fondo decorativo», 1908

La acusada personalidad de Egon Schieler, que difícilmente se confunde con otros artistas, sobre todo en el tratamiento de la figura,  quizá por su dureza, nos sorprende en este apartado donde afronta su acercamiento al mundo vegetal con una delicadeza, belleza, armonía y originalidad en ciertos casos que emociona y conmueve. Personalmente me entusiasman todos.

Museo Departamental de Arles Antiguo (II)

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Barcaza de la época romana

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Barcaza y al fondo típico sarcófago

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Herramientas

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Reproducción de una barca de trasporte.

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El Ródano en la actualidad

El Museo Departamental de Arles Antiguo nos acerca a la vida cotidiana de un pueblo con una muestra extraordinaria de utensilios de labranza, herramientas, barcazas, ánforas, sarcófagos… la vida y la muerte de los habitantes de esta zona de la Provenza cuyo testimonio es tremendamente semejante a cualquier otro pueblo a orillas del Mediterráneo. Y me estoy acordando del magnífico Museo de Arqueología Subacuática  de Cartagena al que por cierto quiero volver porque Museos así hay que disfrutarlos despacio, sin prisa, y volviendo cuantas más veces mejor.

Ánforas del Museo Departamental de Arles Antiguo

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Foto: Barbara

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Foto: Barbara

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Foto: Barbara

El Museo Departamental de Arles Antiguo nos muestra la importancia que la ciudad tuvo en la época romana y el florecimiento comercial que experimentó y su relación con la metrópolis. La Plaza del Forum y el Circo nos hablan de su condición plenamente romana; el Ródano era la vía fluvial por la que grandes barcazas transportaban grano y aceite. El Museo se inauguro en 1999 y es un bello espacio que bien merece una visita sosegada.

 

Madame Cézanne

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«Madame Cézanne dans la Serre»

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«Madame Cézanne»

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«Madame Cézanne cheveux denoues»

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«Madame Cézanne»

La mujer de Cézanne debía tener una paciencia infinita pues, su marido, dedicaba para cada retrato alrededor de unas cien horas. Y eso que el retrato, ya de por sí difícil; lo es en menor medida si se conoce perfectamente a la modelo y aun así, si el retrato es tratado, no como la imagen fidedigna del que posa, sino como un todo, es decir, como una obra en la que cada elemento es parte esencial del conjunto y tiene la misma consideración que los elementos de un paisaje o de un bodegón; entonces el retrato se convierte en una obra de arte cuando, como en el caso de Cézanne, cada pincelada tiene su razón de ser. Así, en el primer retrato, en el que el fondo comparte con el rostro de Madame Cézanne los mismos colores y que se considera inacabado, en mi opinión se adelanta a obras posteriores, pongamos por ejemplo a las de periodo azul de Picasso, porque fondo y forma son la misma cosa armónica. En el segundo, las rayas, aun siendo horizontales, de la falda dan sensación de cubrir una volumen rotundo. En el tercero, la inclinación de la cabeza con el óvalo de la cara perfectamente delineado muestran una tristeza o melancolía infinitas, con los labios apretados. Y, por último, el rostro inexpresivo de la modelo, como una máscara, contrasta con la viveza de la camisa azul que parece tener vida propia.