Las flores de la lantana en diciembre salpican el jardín con tonos rosas y amarillos. Quise plantar lantanas por recordar aquel jardín en Santa Bárbara donde Marieta mimaba sus flores y sus árboles frutales. Allí, en Ciutadella, las prunas amarillas doradas por el sol competían con las moradas; allí las guardaba en el bolsillo del babi para comerlas sentada en el banco de azulejos debajo del estanque. Allí, en aquel jardín, transcurrieron los mejores días de mi infancia.


Las flores son un hermoso billete de viaje a la infancia, la única patria. Felicidades.
Y esa única patria reconforta el resto de mis días. Un millón de gracias, estimado poeta.
Que flores tan hermosas que florecen en este tiempo de frío con ese recuerdo tan bello de la infancia. Gracias por compartir, guapísima. Un fuerte abrazo.
Tuve una infancia maravillosa en Menorca y esas flores forman parte de esos recuerdos. Muchas gracias a ti por estar ahí. Un abrazo enorme.