La noticia corrió como el rayo. Simón se había tirado por el acantilado; decían que estaba loco, otros que era idiota. Solo Margalida, la del puesto del mercado, la vieja desdentada, la pescadera, sabía porqué lo había hecho y lo decía a todo el que quería escucharlo: «La Tramontana empezó a soplar al amanecer y el Simón se dejó ir; babeaba como de costumbre y pasó corriendo por delante del puesto; yo lo vi, lo vi mientras colocaba el pescado sobre las bateas, encima de las hojas de parra y el hielo. Simón, el idiota, reía mientras corría y daba saltos de contento. El viento le hinchaba la camisa y lo empujaba hacia el mar. Él se dejaba ir. Yo lo vi. El rugido del viento apagaba su voz, pero pude oír que llamaba al viento por su nombre: «Es la Tramontana, es la Tramontana», decía como si fuera un amigo que viene de lejos». Margalida, después callaba, suspiraba y al rato sentenciaba: «Son cosas de ese viento nuestro, que todos los años se cobra alguna pieza». Después escupía en el suelo con resignación.
Una pagoda en París.








Las fotos no son mías.
Recuerdo mi sorpresa cuando en una de mis visitas a París, vi cerca del Parc Monceau, un edificio con forma de pagoda. Ya me habían hablado antes de ella, pero aún así la impresión fue tremenda. Esta mansión, no era un templo sino la residencia de Ching Tsai Loo un legendario anticuario chino. En 1922 este anticuario compró un palacete de estilo Louis Philipe, pero como necesitaba más espacio encargo al arquitecto François Bloch que rediseñara la casa y que le diera el aspecto actual; la obra finalizó en 1926. Al fallecer C. T. Loo en 1957 el negocio lo continuaron sus hijos y nietos. Es enorme la labor que realizó para dar a conocer el arte chino a través de los valiosísimos objetos orientales que suministró a clientes, coleccionistas y museos como el Quimet de París, el Metropolitan Museum of Art de N.Y., J. D. Roquefeler, JP Morgan… y otros muchos. En el 2010 fue comprado por un inversor privado y en la actualidad se sirguen exponiendo colecciones de objetos de arte orientales y con fines de investigación se puede consultar la biblioteca privada del señor Loo. El espacio que él creó continua siendo un lugar de primer nivel para dar a conocer el arte oriental y contemplar las exposiciones que allí se muestran. Para todos los que quieran admirarla está en el 48 de la rue de Courcelles, 75008.
Edificios modernistas en París



Fotos Bárbara.
París siempre es una sorpresa. Cuando menos te lo esperas, te encuentras con un edificio que bien podría estar en China, una pagoda, que la hay, como estos claramente modernistas decorados profusamente con elementos vegetales.
Palazzo Vecchio. Primer patio. (Florencia)







Interior del Palazzo Vecchio. Fotos Bárbara.
Fue construido con forma de castillo con una torre de 96 metros de alto se inicio en 1299 y se terminó en 1314. En principio se llamó Palazzo dei Priori o Palagio Novo y después en el siglo XV Palacio de la Señoría, después como Palacio Ducal al establecer su residencia Cosme I de Medici en 1540. En la actualidad se llama Palazzo Vecchio desde 1565 al mudarse al Palacio Pitti. Decorado por Vasari, la riqueza interior es apabullante, murales, pinturas, columnas bellamente decoradas, esculturas y mobiliario espectacular. El primer patio fue construido en el siglo XIV y modificado por Michelozzo, quien sustituyó los pilares por columnas cilíndricas y octogonales. En el centro del patio está la fuente de Francesco del Tadda con una reproducción del putto y el delfín de Andrea del Verrocchio, cuyo original se encuentra en el mismo palazzo. Las bóvedas cruzadas fueron adornadas por Marco da Faenza quién cubrió las columnas de estuco dorado con motivos vegetales, putti y otra figuraciones encargadas por Cosimo I de Medici con motivo de la la boda entre Francesco de Medici y Juana de Austria.
Faroles florentinos



Fotos Bárbara.
Mi adicción por las farolas y los faroles, estos más discretos pegaditos a las paredes, hacen que esté donde esté sienta la imperiosa necesidad de inmortalizarlos y llevármelos como recuerdo. Estos son de Florencia cerca del Duomo y si no recuerdo mal de la calle dei Banchi y de una callecita que lleva a Santa María Novella.
La Plaza de los Vosgos (París)




Fotos Bárbara. Place des Vosges.
Le Marais, el barrio donde vivió Victor Hugo, es uno de los barrios más antiguo de París. Está situado en la orilla derecha del Sena y es hoy uno de los más vibrantes de París, con numerosas boutiques, museos, restaurantes, bares y tiendas interesantes de todas las nacionalidades. Un crisol de culturas, donde no hay que perderse la visita al Museo de Picasso en la Rue Thorigny 5. En las fotos, los peculiares edificios que cierran la famosa Place des Vosges o Plaza de los Vosgos en cuyo centro encontramos una bonita fuente. Si no recuerdo mal en la misma plaza, en el n. 6, bajo una de las arcadas, está la casa de Victor Hugo, de piezas enormes, pero muy desangeladas sin apenas mobiliario. También se puede visitar el Museo Carnavalet en el n. 23 de la Rue de Sévigné para conocer la historia de la ciudad. Muy interesante ir de comprar por Le Marais en las calles comerciales Rue des Francs-Bourgeois o la Rue Vieille du Temple. Es también el barrio gay más famoso de Francia y para ver el ambiente hay que acercarse a la Rue du Temple y a la Rue des Archives. Interesante pasarse por el Marché des Enfants Rouges, el mercado de comida cubierto mas antiguo de París, donde poder comprar productos frescos. Indispensable pasear por la Rue des Rosiers y la Rue des Écouffes centro de la antigua comunidad judía de París donde degustar su comida; allí probé por primera vez unos deliciosos falafel; son a destacar los sándwiches de Florence Kahnn. La palabra marais significa marisma y era debido a que esa era una zona pantanosa. La nobleza construyó allí sus palacetes y tras la revolución francesa tuvo que abandonar sus mansiones siendo ocupadas por comerciantes y artesanos. En definitiva, un barrio imprescindible que hay que visitar y vivir en cualquier visita a París.
Una ventana no indiscreta

Foto Aurelio.
Una ventana sellada, por tanto nada indiscreta, nos lleva de inmediato a la deliciosa película de Alfred Hitchcock donde un siempre, magnífico James Stewart postrado temporalmente, se entretiene espiando a sus vecinos. Aquí esta posibilidad es imposible, pero la asociación de ideas era inevitable.
La iglesia de Saint Séverin. (París)





Fotos Bárbara.
En el centro, corazón del Barrio Latino, un conjunto de calles estrechas llenas de sabor, de restaurantes de todas las nacionalidades, de bistrots, escoltan la iglesia de Saint Séverin, la arropan. De estilo gótico flamígero fue construida entre los siglos XIII y el XV y semi destruida durante la guerra de cien años por un incendio, se reconstruyó en estilo gótico tardío, agregando una nave al norte, la aguja de la torre, el ábside y las dos naves laterales. La nave central está decorada con vidrieras del siglo XIX y termina en un ábside semicircular. No tiene crucero, Es monumento histórico de Francia y una se las iglesias más antiguas de París junto con la de Saint Germain. Sus bellas vidrieras se encargaron a René Jean Bazaina entre los años 1953 y 1969, que están situadas en la girola detrás del altar y que representan a los Siete Sacramentos. Bajo la figura de los dos leones del porche de la entrada de la rue Saint Séverin se reunían las autoridades administrativas de la ciudad a impartir justicia. La iglesia está situada a tan solo unos doscientos metros de Notre Dame. En plena «canicule» de 2003, una ola de calor tremenda asoló Paris. Saint Séverin fue un refugio fresco, silencioso y tranquilo donde descansar en las pequeñas sillitas, como de cuento.
Por el teatro Odeón (París)




Fotos Bárbara.
Callejeando por la rue Monsieur le Prince, andando hacia Saint Germaine des Près, una se encuentra con la Place Odeon, donde está el teatro con el mismo nombre. Dicho teatro es para los franceses un lugar mítico donde se debatió, en los gloriosos días del mayo del 68, con total entusiasmo, las frases encendidas de aquellos días; la revuelta estudiantil cambió el panorama y ya nada fue como antes. En la rue de Vaugirard nos encontramos la típica brasserie, «Au Petit Suisse», donde seguro el maestro Cortázar, que amaba este barrio, escribió más de una página.
Tras el sueño
El repiqueteo del agua en los cristales la despertó. La habitación estaba en penumbra; la pequeña ventana, detrás de la mesilla, tenía la persiana casi bajada del todo; normalmente la dejaba levantada hasta arriba, pero esa noche la luz de la farola de la calle le molestó en la ojos cuando se acostó. Quería dormir y olvidarse de la gata y de los tres gatitos que había parido; se dio la vuelta en la cama hacia el otro lado y se tapó la cabeza con la almohada; los maullidos no cesaban. El termómetro marcaba los treinta grados y eran las doce de la noche. Alargó la mano y encendió el aire acondicionado. Treinta grados y lloviendo, ni en el trópico, pensó. Y eso que ni siquiera sabía si eso era posible. Boca arriba tampoco era mejor. Oyó un trueno y luego otro y un ruido a lo lejos. La noche no avanzaba, solo el agua en los cristales, en el hierro de la barandilla y los maullidos de los gatos que habían tomado posesión de su jardín y que no se irían nunca, nunca, nunca. Y ella odiaba a los gatos…