Visita al Coliseo por dentro.

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Visitar el Coliseo puede resultar agotador, pero es una ocasión única para rememorar lo que aquello suponía; la muerte estaba tan presente como la vida. La fiesta y la crueldad más despiadada se unían en unas celebraciones que hoy nos parecen bárbaras. La ingeniería romana, la arquitectura, el sistema para subir las fieras desde el piso inferior, todo ello nos habla de lo que fuera el grado de sofisticación de una cultura como la romana presente aún hoy en el legado que nos dejaron, no solo en la lengua sino en el derecho, por poner un ejemplo.

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Comer en «El Huerto del Cura».

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Comer en el Hotel Huerto del Cura en Elche siempre es una delicia. En esta ocasión unos medallones de rape con alcachofas, un tartar de atún y unos espárragos rellenos de ensaladilla extraordinarios, casi nos hicieron levitar. Sin olvidar decir que el personal es sumamente amable y el lugar, inolvidable.

La Dalia.

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La dalia, con todas sus variedades es, desde siempre mi flor preferida. La forma casi tubular de sus pétalos, al principio, se van agrandando a medida que la flor crece. Esta variedad de color lila me parece preciosa. Por las mañanas espero ver como se van abriendo los capullos y es una forma estupenda de comenzar el día.

Sarcófago de los esposos. Museo Etrusco. Villa Giulia (Roma).

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El «Sarcófago de los Esposos» de finales del siglo VI a. c. es una urna cineraria etrusca antropoide, hecha de terracota pintada. La colección de arte etrusco ubicada en Villa Giulia nos sorprende por su belleza; el Museo fue construido en una zona conocida como Vigna Vecchia como una villa suburbana y lugar de reposo que el papa Julio III encargó a Jacopo Vignola en 1551. El «Sarcofago degli Sposi» muestra una pareja casada reclinándose en un banquete en la otra vida; fue encontrado en unas excavaciones del siglo XIX en la necrópolis de Cerveteri. Inspirado en la época arcaica griega, muestra los ojos almendrados y el cabello largo trenzado de los esposos; el contraste entre los bustos de alto relieve y las piernas aplastadas es típicamente etrusco. Y, como se puede observar en las fotografías, dichas piernas han sido retiradas, supongo que para una restauración. Una se queda sin respiración ante los rostros sumamente expresivos, ante esas sonrisas típicamente etruscas y los brazos y manos gesticulantes llenos de vida. Es ahí donde centran la atención del espectador. Este sarcófago es muy parecido a otro encontrado también en Cerveteri y posiblemente del mismo artista. El bellísimo sarcófago de Villa Giulia muestran el afecto entre un hombre y una mujer nunca visto en la cultura griega con anterioridad, algo realmente asombroso, nuevo y fascinante.

Flores en abril. (Roma)

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Entre las ruinas del Foro, las amapolas crecen con la fragilidad que las caracterizan. En los grandes maceteros de la via Tor d’ Conti, frente al mismo Foro, las diminutas flores saludan a los inquilinos del hotel Forum y, al lado de la pequeña iglesia, las monjas lo hacen con un «hola», como si la ciudad estuviera tomada por los españoles; al otro lado de esta, un balcón florido preside este rincón tranquilo.

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El Coliseo por dentro.

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Si el exterior es impresionante, el interior no le va a la zaga. Solo hay que comprobar que el hombre se pierde ante la grandeza de sus dimensiones. En la actualidad, poder contemplar lo que había debajo de la arena, en los túneles subterráneos conocidos como «hipogeos», que es donde se encontraban las jaulas para los animales, así como los gladiadores, que esperaban el momento de salir, es realmente fascinante. El Coliseo tuvo una vez un techo retráctil llamado «velarium» hecho de lino y controlado por marineros. El emperador Vespasiano financió su construcción con el botín del templo judío de Jerusalén. Nos asombra las inteligentes salidas, «vomitorium», diseñadas para permitir vaciar el recinto en cuestión de minutos. En el Coliseo no solo había luchas entre gladiadores y cacería de fieras, sino que había espectáculos, «naumaquiae», representando batallas navales, para lo cual se llenaba el piso de abajo con agua y también se mostraban caballos y toros, previamente entrenados, nadando.

Restaurante Antigua Fontana de Trevi (Roma).

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Muy cerca de la Fontana de Trevi, podemos comer en el restaurante de Trevi que, a pesar de estar una de las zona más turística de Roma, tiene una cocina excelente y un servicio muy atento, así como una bonita decoración, cuyo principal elemento es el caballo (figura emblemática de la famosa fontana). Pedimos una insalata di polipo (ensalada de pulpo), tagliata di manzo al aceto (ternera cortada con salsa de vinagre de Módena), cacio e pepe, 2 birre Peroni (la más popular en Italia) y un liquori di frutta (limoncello). Comimos muy bien en este «ristorante», situado en la via dei Crociferi, 36/40.

Un barco turístico llamado Livia Drusilla.

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Un barco turístico que hace la travesía por el Tevere lleva el nombre más romano que uno se puede imaginar: Livia Drusilla o lo que es lo mismo, Julia Augusta, que fuera la tercera esposa del emperador Augusto. ¡Vaya!, pensé, y se me vino encima todo el Imperio Romano. Recordé la genial serie de la BBC sobre Claudio. Y cómo no de la sublime y sagaz Livia, con fama de envenenadora e intrigante. Fue una mujer de gran inteligencia y la más influyente de su época; era hija de Marco Livio Druso Claudiano, el cual se suicidó en la batalla de Filipos. Su habilidad para la política y el control de los asuntos del Estado la convierten en la mas influyente del Imperio Romano. Se casó en primeras nupcias con Tiberio Claudio Nerón a quién dio dos hijos, el futuro emperador Tiberio y el gran general Druso. Muere en Roma el 28 de septiembre de 29 d. c. y está enterrada en el Mausoleo de Augusto, el cual está siendo restaurado y por todo ello me están dando ganas de volver.

Reunión en el Lungotevere.

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En la zona del Lungotevere, en las arenas de la rivera del río, se reúnen las gaviotas que van y vienen de un lugar a otro. Allí descansan tomando el sol en este rincón cerca del Castillo de Sant’Angelo y de nuevo al Vaticano o a la Piazza Navona, para mi la más bonita de Roma. Debe ser interesante saber el censo de gaviotas que hay en la ciudad; yo diría groso modo que son inumerables.

Exterior del Coliseo.

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El Coliseo, construido en el siglo I, es inabarcable. Su nombre responde a una escultura colosal de Nerón que formaba parte del conjunto. Desde fuera es imponente e impresionante; sobrecoge por sus dimensiones. El Coliseo o Anfiteatro Flavio (Colosseo, en italiano y Colosesum en latín) está ubicado en el Foro Romano y el coloso de Nerón, a su lado, que sufrió una serie de transformaciones posteriores, finalmente desapareció. Los materiales utilizados en su construcción eran bloques de mármol travertino, hormigón, madera, ladrillo, toba y estuco. Tenía un aforo para unos 65.000 espectadores con ochenta filas de gradas. El emperador, su familia y los senadores estaban cerca de la arena y, a medida que se ascendía, se situaban los estratos inferiores de la sociedad romana. En el Coliseo tenían lugar luchas de gladiadores y espectáculos de diversa índole, siendo su objetivo último entretener al pueblo.

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