Edgar Allan Poe

El libro » The Poems of Edgar Allan Poe», editado por George Bell & Sons, London, 1900, reeditado en 1970 y reimprimido en 1970 y 1971, está ilustrado y decorado por W. Heath Robinson con unos exquisitos dibujos modernistas de gran belleza. Además de los poemas incluye escenas de «Politian», «Carta a Mr…», «Ensayo de principios poéticos» y «Ensayo de Filosofía de la composición» -esta edición de 1971 que obra en mi poder, desconozco si se ha vuelto a editar-. El libro, comprado en Londres, es por su cuidada edición un objeto de culto para los bibliófilos y amantes de la letra impresa que disfrutamos desde el perfume de sus páginas a la música de sus poemas. La obra de Poe ha tenido una influencia decisiva en prácticamente todo el mundo literario. Poe, creador de ambientes, es el maestro para grandes escritores como Baudelaire, Faulknert, Dostoyevski, Mann, Borges, Bierce, James, Kafka, Lovecraft, Cortázar, Maupassant y un largo etc. interminable. El genial bostoniano nació en 1809 y murió en su ciudad natal a primeros de octubre de 1849.

El CUERVO

UNA VEZ, al filo de una lúgubre media noche,

mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,

inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,

cabeceando, casi dormido,

oyóse de súbito un leve golpe,

como si suavemente tocaran,

tocaran a la puerta de mi cuarto.

«Es -dije musitando- un visitante

tocando quedo a la puerta de mi cuarto.

Eso es todo y nada más»

THE RAVEN

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,

Over many a quaint and curious volume of forgotten lore-

While I nodded, nearly napping, suddenly ther came a tapping,

As of some one gently rapping – rapping at my chamber door.

«This some visitors,» I muttered, «tapping at my chamber door-

Only this and nothing more

Primera estrofa del poema.

Vista desde el puente de Alejandro III (I)

 

Bajando por el paseo de «Les Invalides» hacia el Sena, el puente nos conduce hasta la otra orilla donde nos aguarda «Le Grand Palais» y «Le Petit Palais». El paseo en barco a esa altura del puente  tiene unas vistas magníficas de las dos orillas. Foto: Bárbara

Vista desde el puente de Alejandro III

La Torre Eiffel tiene la virtud de verse desde los cuatro puntos cardinales; estés donde estés es el faro que te guía. El puente de Alejandro III dicen que es el más bonito de París. Foto: Bárbara.

«El retrato» de dos espíritus contrapuestos. Gauguin y Van Gogh

Cuando Gaugin, a instancias de Theo van Gogh, decide instalarse por un tiempo en la casa de Vincent van Gogh en Arles nadie podía prever, ni siquiera los amigos comunes de París, los acontecimientos que allí se producirían más tarde. Theo, el hermano de Vincent, trabajaba para una galería en París y estaba vendiendo muy bien los cuadros de Gauguin. Vincent trabajó durante todo el verano intensamente, al aire libre, soportando el calor y los mosquitos, con la ilusión de decorar la «Casa Amarilla» y el cuarto que iba a ocupar de su amigo; para ello pintó más de una docena de cuadros de girasoles y varias versiones del llamado «Jardín del poeta». Pintaba frenéticamente, con apremio, incluso por las noches, para lo cual había ideado un sistema de alumbrado muy peculiar que consiste en poner velas encendidas sobre su sombrero (método este ya utilizado por Goya) y en el caballete portátil. De esta manera pintó sus célebres noches estrelladas sobre el Ródano y los cafés -«Le café de nuit. Place Lamartine. Arles» y «Terrasse du café le soir. Place du Forum»-, así como «La viña roja», pintado en noviembre -único cuadro que vendió en vida-. El idealista Vincent quería fundar en Arles una comunidad fraternal de pintores en la que todos se ayudarían para salir adelante -una especie de lo que hoy llamaríamos comuna- al frente de la cual estaría Gauguin. Vincent le admiraba y confiaba plenamente en que su amigo se adhiriese al proyecto, de ahí la premura por pintar cuantos más cuadros mejor a fin de saber su opinión sobre ellos. Durante la estancia de Gauguin, la relación entre dos temperamentos tan opuestos se hizo insostenible hasta que sucedió el famoso altercado, el corte de la oreja y la huida apresurada de Gauguin hacia París. Se sabe que Gauguin fue a regañadientes a Arles y que si lo hizo fue por no contrariar a Theo, que como marchante le estaba vendiendo obras importantes que le estaban proporcionando no solo dinero, sino notoriedad en París. Prueba del respeto que el bueno de van Gogh tenía hacia su amigo es el sillón que pinta en diciembre de 1888, «El sillón de Paul Gauguin» y el cuadro en que pinta una humilde silla de enea, «La silla de Vincent con su pipa», pintado en el mismo mes. La silla de Vincent, en tonos predominantemente naranja, tiene la luz del atardecer con esa pata en primer plano que la hace avanzar hacia el espectador; la fuerza  que nos trasmite esa sencilla silla es admirable. El cuadro del sillón es así mismo admirable y maravilloso, pero tiene la luz de la noche, el reflejo de un espíritu también atormentado, pero menos claro y luminoso que el de Van Gogh.

Cuadros reproducidos: «La silla de Vincent con su pipa». National Gallery, Londres. Y  «El sillón de Paul Gauguin» . Rijksmuseum Vincent van Gogh, Amsterdam. Ambos pintados al óleo sobre tela en diciembre de 1888 en Arles.

Leonard Cohen: «Haiku de Verano»

Leonard Cohen. Poema: «Haiku de verano».

HAIKU DE VERANO

SILENCIO

y un silencio más hondo

cuando los grillos

dudan.

SUMMER HAIKU

SILENCE

and a deeper silence

when the crickets

hesitate.

 

 

 

Siria.

La ONU pide algo más de trecientos millones para asistir a los desplazados de Siria. El «saneamiento» que necesita la banca española y que se le va a conceder es aproximadamente de alrededor de cuarenta y tres mil millones de euros. La simple comparación les debería dar VERGüENZA a los responsables. El capitalismo feroz, de pronto me he acordado, no la tiene.

Le Grand Colbert

Le Grand Colbert. Foto: Bárbara.

Detrás del Palais Royal se encuentra uno de los más conocidos, y tradicionales restaurantes de París. Famosos son sus arenques, en una carta poblada de parte de las delicatessen de la cocina francesa. El ambiente elegante que se disfruta en el interior se vio reflejado en una película americana protagonizada por Diane Keaton y Jack Nicholson; comedia entretenida, con el aliciente de la parte parisina. En tiempos de crisis, en estos lugares se debería por lo menos un día a la semana dar, por un euro simbólico, comida tan exquisita y al alcance de tan pocos. Sería un buen ejemplo en el país que inventó algo tan extraordinario como lo de «Iibertad, igualdad y fraternidad».

No me resisto a poner esta foto de «Le Grand Colbert», porque es de esos lugares que siempre nos hacen soñar.

Mi homenaje a Cézanne-Zao Wou-Ki

Bárbara Carpi: «Las prunas» (Homenaje a Cézanne-Zao Wou-Ki) Óleo sobre tablex, collage, 157×97. Colección de la autora.

«Picasso -dice Zao Wou-ki–, me había enseñado a dibujar como Picasso. Pero Cézanne me enseñó a mirar la naturaleza china. Había admirado a Modigliani, a Renoir, a Matisse. Pero Cézanne es quién me ayudó a encontrarme a mi mismo, a reconocerme como pintor chino».  De hecho antes de venir a Europa en 1946 pinta unos paisajes desde el balcón de su casa al modo de Cézanne reproduciendo sus modulaciones cromáticas, la vibración de la luz, el escalonamiento de los planos, las pinceladas orientadas de forma sistemática.

En 1987 hice este particular homenaje A Zao Wou-Ki en el que unía un plato con ciruelas sobre un fondo con transparencias al modo del pintor chino. Con este cuadro quise sintetizar esa época inicial en el que Wou-Ki buscaba su camino. Las ciruelas Cézanne y el fondo Wou-Ki. El cuadro se expuso en la Galería Granero de Cuenca en 1987. Una exposición becada por las Juntas de Castilla-La Mancha y la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.

El Maestro Zao Wou-ki

Zao Wou-Ki: «3-11-68» . Óleo sobre tela, 195×130 cm. Galerie de France, Paris.

Chao Wou-Ki será en Francia Zao Wou-ki, a donde llega con 27 años. Nacido en China en el seno de una familia noble, de intelectuales y banqueros, muy joven decidió dedicarse a la pintura influenciado por las obras de Cézanne, Matisse y Renoir. Procedente de China, llega a Marsella tras un viaje de más de un mes; su objetivo era París. En un principio vive en distintos lugares de Montparnasse y posteriormente encuentra un pequeño estudio en la rue du Moulin-Vert cerca del de Giacometti. Se inscribe en la Aliance Française para aprender francés. Instalado en París en 1948, comienza a pintar como los pintores franceses que tanto admiraba, pero poco a poco su sensibilidad se va encauzando hacia una abstracción muy personal llena de misticismo. La delicadeza oriental impregna sus obras de grandes formatos donde el color fuerte se degrada con una sutileza llena de matices de una gran belleza. Descubre y aprende la técnica de  la litografía, que le entusiasma. Viajero infatigable por Europa y Estados Unidos, las grandes galerías exponen su obra y traba amistad con pintores como Hartung, Miró, Tàpies, Chillida… Sus paisajes imaginarios, de una belleza incontestable, tiene una base real en los distintos países del mundo que recorre, como Canadá, México, España… Sus dibujos al modo de Matisse de su época inicial tienen la suavidad del trazo de quien domina la caligrafía china y la levedad de las aguadas. En un viaje a Suiza, conoce la obra de Paul Klee, cuyo grafismo peculiar marcará sus pinturas durante una serie de años decisivos. La obra de Zao Wou-ki, este maestro universal de la abstracción, es el resultado del feliz maridaje de la cultura francesa y la cultura milenaria china. Es poco decir que me entusiasma su pintura: me parece de una grandeza inmensa. Un dato para los cortazarianos del mundo: en «Las armas secretas» se citan unas litografías de Zao Wou-ki porque Cortázar admiraba su obra. Otro dato curioso es que,el pintor, no titulaba sus obras, solo ponía la fecha en que las terminaba.