







Tras paisajes otoñales de exuberante vegetación, sin rastro humano, empezamos a ver barcas de pescadores con caña, gabarras-viviendas y todo tipo de embarcaciones surcando las aguas. Las «péniches» que transportan carbón y otro tipo de mercancías ya las había visto en París, así como gabarras adaptadas como viviendas amarradas en los «quais» de la ciudad hasta con sombrillas en la cubierta; a mí, que tengo espíritu aventurero, estas últimas me dan mucha envidia; navegar y amarrar en París, en la ciudad que adoro, me parece un sueño. Vimos muchos puentes -el de Normandía, soberbio- y unas casas preciosas con embarcadero, que me dediqué a fotografiar como testimonio de un tipo de vivienda a orillas del Sena desde sencillas cabañas de madera a villas impresionantes. Y seguimos navegando…



















































