






Llega la hora de abandonar Mantes-la-Jolie después de la visita a la colegiata y de dar un paseo por la ciudad. Nos ha sorprendido, a la entrada, esos dos perros de bronce como fieles guardianes de la villa en el puente de Peronnet, obras de la escultora normanda Bernadette kanter (2002), las casas alrededor de la hermosa iglesia que desde la proa del barco parece tan a mano como si pudiéramos tocarla y las cuestas que nos señalan donde encontrar esa belleza gótica difícil de olvidar.






































