Ventanal de la fachada del hotel Le Clos Medicis, un hotel con mucho encanto situado al lado del Luxemburgo y del boulevard Saint Michel. Es un establecimiento muy acogedor con unas instalaciones muy confortables. La decoración cuidada y con mucho gusto es otro aliciente para una escapada de fin de semana o de unos días más si el bolsillo lo permite. 57, rue Monsieur-Le-Prince -75006 Paris.
Archivos
El río
El río de la vida, la corriente que nos lleva. Aguas tranquilas o revueltas. El principio y el fin. La existencia que estalla.
El 22 de junio de 1890, en una carta a G. Geffroy, Monet dice:
«He retomado una vez más cosas imposibles de pintar: el agua con la yerba que ondula en el fondo…»
La luz y el silencio
La luz y el silencio de ciertos lugares suponen un remanso de paz para la vida trepidante de hoy. No hace falta ser religioso ni siquiera practicante, entrar en una iglesia de pueblo sin gente hace posible el «milagro» que se respira en la foto. Es la misma sensación que experimentamos admirando un paisaje solitario donde de pronto somos nosotros frente a nosotros y lo limitado frente al infinito.
El Invierno
Estaba cantado, después del otoño inexorablemente llega el invierno. Hace un día y algunas horas que se instaló en el calendario, como no podía ser menos. ¡Hala, pues a disfrutar de las aspirinas, de la leche caliente con coñac y de las mantas eléctricas. Y, si la gripe pasa de largo, a pasear por el campo, que no hay nada más sano y saludable. Como este otoño no ha sido por aquí generoso en lluvias, ansiosa espero un aguacero como dios manda para salir a buscar caracoles. Estoy escuchando a Juliette Greco y sueño con los hechos a la francesa, con mantequilla y perejil… Ella canta como musa existencialista de Saint Germain, como reina de «les caves», y yo sueño con gasterópodos a la «llauna». Voilà, asi es la vida de sencilla, si uno no aspira a más. Un buen libro, la mirada agradecida de la perra, una conversación inteligente con amigos y a esperar que llegue la primavera.
Surcando los mares
A los que somos marinos frustrados, como yo, a veces el ansia de navegar nos invade como una fiebre, como una gripe mal curada. Suele ser una gripe sin estornudos, pero con escalofríos continuos que recorren nuestro cuerpo enfebrecido. Si uno se atreve a mirarse en el espejo, los ojos enrojecidos denotan un cansancio de otras latitudes. Las gaviotas se estrellan contra la superficie que nos refleja.
En la cocina, el olor del café de la mañana huele a salitre y las tostadas se ondulan como las olas. Y entre un escalofrío y otro miramos el calendario. Diciembre ha tomado carrera y se nos va. Encendiendo motores, soltando amarras, va surcando la última página con rumbo desconocido.
Y yo me quedo sentada soñando con mares de otras latitudes; con países donde la injusticia y la intolerancia se las lleve el viento. Y veo en sueños las costas de Siria, de Argelia, de Túnez, de Egipto…, de hermosos países hermanos que luchan por los derechos humanos, por la libertad.
La cafetera del mediodía sigue sonando, brama como las olas al chocar contra los acantilados. Se me está inundando la casa y salgo nadando hasta el puerto buscando un barco que me quiera llevar…
Dedicado a todos los marinos. Especialmente a Josemari C. C., capitán de la marina mercante, a quien siempre querré.






