Archivos

Pier Paolo Pasolini en la Galería de Arte Moderno de Roma Capitale.

001

Subiendo por la via di Capo le Case nos encontramos con la fachada del Museo de Arte Moderno de Roma, donde se anuncia una exposición de pintura para el mes de octubre de pasado año de Pier Paolo Pasolini, el malogrado director de cine autor de filmes como «El Decamerón», «Teorema», «Medea» con María Callas, «Las mil y una noches», «Edipo Rey», «Los Cuentos de Canterbury»… A Pasolini lo mató, en el balneario popular de Ostia, un joven marginal, en noviembre de 1975, quien lo embistió con su coche. En las investigaciones que siguieron, no queda claro el motivo que llevó al asesino o asesinos a cometer el crimen. En un principio el asesino argumentó motivos sexuales, pero después se fue abriendo paso la sospecha de que detrás había habido una especie de complot por parte de algunas esferas del poder a causa de las feroces críticas que el cineasta hacía en sus películas, libros y discursos sobre la corrupción de ciertos sectores de la sociedad; sectores que deseaban la muerte del director. «Saló o los 120 días de Sodoma» es una de sus películas más críticas, donde adapta al Marqués de Sade y toda la crudeza del erotismo, la pornografía, el sadismo y la degradación humana. El cineasta italiano, galardonado en festivales prestigiosos de cine, fue odiado y amado, admirado y denigrado, pero siempre fue un artista integral que toca distinta manifestaciones del arte, como esta exposición de pintura.

Oliaigua u oliaigu (sopa menorquina)

016

Proust tenía razón. Cuando me pongo nostálgica, que es bastante frecuente, acudo al recetario menorquín. Los olores y los sabores me retrotraen a los días felices de mi infancia y parte de la adolescencia. Marieta, que fue como una abuela para mí, nos hacía unos dulces maravillosos como los pastissets, los crespells y unos bocados de leche condensada que no he vuelto a probar. El oliaigua o oliaigu viene a ser una especie de pisto o sopa a lo pobre que me encanta.

Ingredientes: 300 ml de agua, aceite de oliva, 1 cebolla grande, 2 pimientos verdes, 8 tomates de pera, perejil, 2 dientes de ajos, pimienta, pimentón y sal.

En una cazuela de barro al fuego ponemos un poco de aceite y cuando esté caliente agregamos los ajos laminados y la cebolla troceada. Cuando esta esté un poco pochada añadimos los pimientos cortados en cuadraditos, y a continuación los tomates sin piel y cortados en trozos. Salpimentamos y añadimos una cucharadita de pimentón. Removemos bien y que vaya pochando. Añadimos el perejil picado, el agua y bajamos el fuego al mínimo. No debe hervir. Se puede consumir tanto fría como caliente. Los isleños la toman con trozos de pan seco, melón o higos.

Botijos. Desde tiempos remotos.

333

Botijo. Museos Vaticanos. Roma

026

Botijo. Cerámica vidriada de Úbeda. España (Tito´s)

No es preciso hacer una loa al botijo, aunque hay que reconocer que fue un buenísimo invento. La forma, en estos dos casos, desde tiempos remotos, hasta el día de hoy, es muy parecida. Oficios como el del alfarero no deberían desaparecer porque los objetos que se encuentran en los yacimientos arqueológicos nos hablan de la forma de vida de los habitantes de los distintos pueblos, de sus costumbres, de su cultura.

«En el quai»

DSCF0043

EN El QUAI

(II)

Dentro del sueño

soy una Ofelia sin belloritas

sin adornos vegetales;

me dejo ir casi desnuda,

entre las aguas

solo con piedras

en los bolsillos transparentes.

Del libro «Poemas de Nina» de Bárbara G. Carpi

«El Palacio ideal» de Ferdinand Cheval

1236810151722

Las fotografías no son mías.

Este palacio es obra de un solo hombre, Ferdinand Cheval, un cartero rural que tardó más de treinta años en construirlo. Esta obra fantástica construida en piedra fue admirada por los surrealistas con André Breton a la cabeza. Inclasificable en cualquiera corriente artística, fue nombrada, no obstante, por André Malreaux como Monumento Histórico en 1969. Bretón Le dedicó un poema llamado «Le Revolver á cheveux blancs» y por su parte Max Ernst realizó una obra en homenaje a Ferdinand Cheval que se encuentra en la fundación Guggenheim en Venecia. Para Breton fue un precursor de la arquitectura surrealista y para Malreaux fue un ejemplo de arquitectura naïf y así clasificado por el ministro, en contra de la opinión de la mayoría de los funcionarios del Ministerio de Cultura. Picasso, Tinguely, Niky de Saint Phalle entre otros muchos artistas, mostraron su admiración por la obra de Cheval. El palacio se encuentra en Hauterives (Drôme). Ferdinand Cheval, nacido en 1836 en un pueblecito cercano a Hauterives, en el seno de una familia muy pobre. tenía 43 años cuando comenzó su obra. En la actualidad está abierta al público, 8 rue du Palais 26390C Hauterives. Cheval, próximo a Gaudí en su delirio barroco, se acerca también a Dalí en su decoración extravagante. Sin duda pudo llevar a cabo la realización de un sueño.

«El Capricho» de Gaudí

12356789

1011

Salvo tres edificios, el Palacio Episcopal de Astorga, La Casa Botines en León y la Villa Máximo Diaz de Quijano en Comillas, más conocida como El capricho, el resto de la obra de Gaudí se encuentran en Cataluña. El indiano que mandó construir esta última obra, Máximo Diaz, concuñado del marqués de Comillas, encomendó la obra a un joven Gaudí de treinta y un año. Por entonces Comillas era lugar de veraneo de los Reyes y de la aristocracia. Fue Eusebio Güell, mecenas de Gaudí, el que puso en contacto al indiano con el arquitecto. Basado en los planos y las maquetas de Gaudí, fue Cristóbal Cascante el que dirigió la obra ya que entonces él estaba trabajando en la Casa Vicens. El gusto barroco de ambas es evidente, incluso comparten colores. El pobre indiano solo pudo disfrutar de su flamante casa una semana pues falleció a su regreso. Después la casa pasó por diversas manos, siendo incluso un restaurante, hasta que fue abandonada tras la Guerra Civil. En 2010 fue convertida en museo. El exterior del edificio se compone de sillares de piedra en la parte baja y ladrillo vista y cerámica vidriada en el resto. Alterna tonos rojos y verdes con motivos de girasoles. Las ventanas de guillotina de la planta principal del edificio emiten un sonido producido por las campanas que se usan como contrapesos (son unas barras de hierro que suenas al abrirse y cerrarse las ventanas). La torre del edificio está inspirada en los alminares persas erigidas sobre un templete formado por cuatro columnas de piedra. La casa cuenta con tres plantas: semisótano, planta principal y planta superior. Todas las salas de la planta principal se distribuyen alrededor de lo que es el corazón de la casa: el invernadero, que Gaudí consiguió que fuera el regulador térmico para toda la casa; el invernadero acumulaba el calor que se distribuía por toda ella. La idea es genial. En la primera foto, se puede apreciar como la forja de las rejas tienen forma y funcionalidad de asiento. Una obra que tiene mucho que ver con la Casa Vicens y que fue realizada entre 1883 y 1885.

Debo decir que las fotos no son mías.

Casa Vicens, Gaudí (Barcelona)

12345689

Gaudí, Casa Vicens.

La Casa Vicens (1883-1885) fue la primera obra de Gaudí en Barcelona. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005 se encuentra en el barrio de Gracia. La casa, cubierta de baldosas blancas y verdes, tiene un marcado aire oriental y mudéjar. El señor Manel Vicens i Montaner, corredor de cambio y bolsa, se la encargó a un joven Gaudí, dándole total libertad para su creación. De inspiración india y japonesa, provocó un gran entusiasmo entre la élites de la época; esta casa es el punto de partida de la trayectoria artística de Gaudí y en ella se ven reflejados los elementos de la naturaleza con los que contará siempre, como, en este caso, la hoja de palmito y las flores del clavel del moro como elementos decorativos de las baldosas, Otro elemento a destacar, aparte de la forja, es el tratamiento de los ángulos del edificio, que escalona para romper la monotonía clásica. En este edificio, creado como casa de veraneo, prolonga los elementos decorativos de la naturaleza, desde el exterior hasta el interior, lo que hace que haya una continuidad decorativa. Personalmente, es la única obra de Gaudí que no me gusta; la encuentro muy abigarrada, excesiva en la decoración ya que, para mi gusto, mezcla demasiados elementos decorativos diferentes. La veo como la paleta de un pintor donde se mezclan los colores, lugar donde experimentar, donde pudo experimentar a su gusto.