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Medios de transporte romanos.

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¿Quién no recuerdan la película «Vacaciones en Roma» y el recorrido en vespa de sus protagonistas? Hoy la ciudad está tomada por las motos y se ven de todo tipo y cilindradas; la primera foto está tomada en la via Tor de Conti, así como la versión moderna de la vespa del servicio «BiciBaci» que se pueden alquilar para emular a Gregory Peck y a Audrey Hepburn correteando por Roma. No podrían faltar los patinetes, sin tanto glamour, y cómo no los tuck-tuck.

En la Piazza del Popolo, «bistecca alla fiorentina».

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En la zona Norte de Roma, y más concretamente en la Piazza del Popolo, las distintas terrazas están siempre llenas de gente, y nosotros escogimos la del «Rosati», que es un coqueto restaurante de ambiente viscontiniano abierto desde 1922. La terraza comenzó a vaciarse cuando, esa tarde, se levantó un ligero viento que nos obligó a refugiarnos dentro. Habíamos tomado un ristretto fuera, pero la noche se precipitó y decidimos cenar allí mismo. Una decisión estupenda, pues tomamos una bistecca alla fiorentina sublime a pesar del camarero, que se empeñaba en decirnos que «era muy grande»; nosotros «que si, que sí» y él, «pero es muy grande»…; al final nuestro empeño le convenció y la bistecca nos supo a gloria. ¡Muy recomendable!

Ponte Sant’Angelo I (Roma)

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El puente del mismo nombre que el castillo está, a lo largo y a ambos lados, custodiado por una serie de figuras de ángeles que portan los elementos de la pasión de Cristo. En principio se llamó Ponte Elio y también fue conocido como puente de Adriano. Bernini diseñó la construcción de diez ángeles y él mismo acabó los dos originales que sostienen la corona de espinas y la inscripción de I.N.R.I., pero ambas fueron requisadas por el papa Clemente IX para su disfrute personal. El nombre del puente, sin embargo, se debe al Arcángel que está situado sobre el castillo. El río Tíber discurre bajo el puente con arcos que permitía el tránsito del pueblo desde el centro de la ciudad hacia la Plaza de San Pedro y el Vaticano. En el interior del castillo hay un pasaje oculto que conduce hasta el Vaticano, que se puede contratar para visitas turísticas. Las farolas se alternan con las esculturas, cuya belleza se dora al caer la tarde antes de que la electricidad cumpla su función; de día o de noche es uno de los rincones imprescindibles de Roma.

Bibliobar Roma.

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Después de dejar atrás el castillo de Sant`Angelo, paseando por este lado del Tíber, nos encontramos con un bibliobar. Un lugar encantador donde tomar algo, sentarse y seguir disfrutando de la tarde mientras ver como van cayendo las sombras alrededor del ángel o jugar una partida de ajedrez o charlar alrededor de un libro o contemplar los buenos modales de un perro tan pacifico como paciente.

Castel de Sant’Angelo (Roma)

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El Castel de Sant’Angelo se inspira en su aspecto exterior en el mausoleo de Augusto, construido en la rivera opuesta del Tíber más de un siglo antes. Fue realizado por el arquitecto Demetriano a partir del 123 d. C. como mausoleo para el emperador Adriano, que murió en el 138 d. C., antes de que estuviera terminado. Su sucesor, Antonino Pio, trasladó sus restos y los de su esposa Sabina en el 139 d. C. y, con posterioridad, fueron allí enterrados los restos de los emperadores que le sucedieron hasta Caracalla, cuyos nombres se leían en el friso de la fachada. Por su situación estratégica, con posterioridad fue un bastión defensivo de la ciudad. Las estatuas que adornaban el mausoleo, así como las columnas, incluido el carro y la estatua de Adriano desaparecieron debido a las guerras. La antigua Mole de Adriano se convirtió para siempre en castillo.

Visita al Coliseo por dentro.

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Visitar el Coliseo puede resultar agotador, pero es una ocasión única para rememorar lo que aquello suponía; la muerte estaba tan presente como la vida. La fiesta y la crueldad más despiadada se unían en unas celebraciones que hoy nos parecen bárbaras. La ingeniería romana, la arquitectura, el sistema para subir las fieras desde el piso inferior, todo ello nos habla de lo que fuera el grado de sofisticación de una cultura como la romana presente aún hoy en el legado que nos dejaron, no solo en la lengua sino en el derecho, por poner un ejemplo.

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Sarcófago de los esposos. Museo Etrusco. Villa Giulia (Roma).

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El «Sarcófago de los Esposos» de finales del siglo VI a. c. es una urna cineraria etrusca antropoide, hecha de terracota pintada. La colección de arte etrusco ubicada en Villa Giulia nos sorprende por su belleza; el Museo fue construido en una zona conocida como Vigna Vecchia como una villa suburbana y lugar de reposo que el papa Julio III encargó a Jacopo Vignola en 1551. El «Sarcofago degli Sposi» muestra una pareja casada reclinándose en un banquete en la otra vida; fue encontrado en unas excavaciones del siglo XIX en la necrópolis de Cerveteri. Inspirado en la época arcaica griega, muestra los ojos almendrados y el cabello largo trenzado de los esposos; el contraste entre los bustos de alto relieve y las piernas aplastadas es típicamente etrusco. Y, como se puede observar en las fotografías, dichas piernas han sido retiradas, supongo que para una restauración. Una se queda sin respiración ante los rostros sumamente expresivos, ante esas sonrisas típicamente etruscas y los brazos y manos gesticulantes llenos de vida. Es ahí donde centran la atención del espectador. Este sarcófago es muy parecido a otro encontrado también en Cerveteri y posiblemente del mismo artista. El bellísimo sarcófago de Villa Giulia muestran el afecto entre un hombre y una mujer nunca visto en la cultura griega con anterioridad, algo realmente asombroso, nuevo y fascinante.

Flores en abril. (Roma)

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Entre las ruinas del Foro, las amapolas crecen con la fragilidad que las caracterizan. En los grandes maceteros de la via Tor d’ Conti, frente al mismo Foro, las diminutas flores saludan a los inquilinos del hotel Forum y, al lado de la pequeña iglesia, las monjas lo hacen con un «hola», como si la ciudad estuviera tomada por los españoles; al otro lado de esta, un balcón florido preside este rincón tranquilo.

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El Coliseo por dentro.

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Si el exterior es impresionante, el interior no le va a la zaga. Solo hay que comprobar que el hombre se pierde ante la grandeza de sus dimensiones. En la actualidad, poder contemplar lo que había debajo de la arena, en los túneles subterráneos conocidos como «hipogeos», que es donde se encontraban las jaulas para los animales, así como los gladiadores, que esperaban el momento de salir, es realmente fascinante. El Coliseo tuvo una vez un techo retráctil llamado «velarium» hecho de lino y controlado por marineros. El emperador Vespasiano financió su construcción con el botín del templo judío de Jerusalén. Nos asombra las inteligentes salidas, «vomitorium», diseñadas para permitir vaciar el recinto en cuestión de minutos. En el Coliseo no solo había luchas entre gladiadores y cacería de fieras, sino que había espectáculos, «naumaquiae», representando batallas navales, para lo cual se llenaba el piso de abajo con agua y también se mostraban caballos y toros, previamente entrenados, nadando.

Restaurante Antigua Fontana de Trevi (Roma).

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Muy cerca de la Fontana de Trevi, podemos comer en el restaurante de Trevi que, a pesar de estar una de las zona más turística de Roma, tiene una cocina excelente y un servicio muy atento, así como una bonita decoración, cuyo principal elemento es el caballo (figura emblemática de la famosa fontana). Pedimos una insalata di polipo (ensalada de pulpo), tagliata di manzo al aceto (ternera cortada con salsa de vinagre de Módena), cacio e pepe, 2 birre Peroni (la más popular en Italia) y un liquori di frutta (limoncello). Comimos muy bien en este «ristorante», situado en la via dei Crociferi, 36/40.