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Indignados

Más que indignado ya...

Se habla estos días de que la población aterrorizada de Siria intenta huir hacia las fronteras de Turquía, Líbano y Jordania. Se calcula que hay ya unos 15.ooo refugiados en Turquía. Por su parte el gobierno de Ankara hace un llamamiento para que los turcos que viven en Siria salgan del país. Lo inconcebible es que Rusia al tiempo que defiende un alto el fuego de las dos partes, siga vendiendo armamento y, lo que es más terrible, minas antipersona al régimen alauí, minas con las que el ejercito está cubriendo las distintas fronteras, de modo que la huída puede convertirse en una trampa mortal. Se sabe además que hay miles de desplazados de sus casas dentro de Siria. ¿Cómo sobreviven estos desplazados internos? Sin la posibilidad de crear una zona de exclusión aérea, como se hizo en Libia, o de corredores humanitarios para poder hacer llegar ayuda a la población, vivir el día a día debe ser dantesco. Mientras, ¿qué pasa en Occidente? En Occidente no pasa nada; la vía diplomática no está dando resultado; los estados que no son partidarios del régimen tampoco lo son de armar a los rebeldes, aunque se cree que algunos países árabes están haciendo llegar armas al Ejército Sirio Libre. ¿Y qué pasa con nosotros, ciudadanos demócratas occidentales? Nada, no pasa nada, seguimos indignados con nuestras cosas, que ya son, no digo que no, pero  frente al terror, frente a los asesinatos hay que salir a la calle. ¡Salgamos de una vez! ¡A qué estamos esperando!

El compromiso de Albert Camus.

Albert Camus, que falleció el 4  de enero de 1960 en un mortal accidente de coche cerca de Villebrevin, era de esos intelectuales del siglo pasado comprometido con la vida; nada que afectara al ser humano le era indiferente. Un intelectual que ejercía el deber de estar, de tomar partido ante los acontecimientos que le tocó vivir. Luchó contra las dictaduras, contra el estalinismo y se posicionó frente a la guerra de Argelia, de donde era originario, frente a los colonialistas, frente a los grandes colonos y a la metrópoli. Tras las guerras coloniales en el continente africano, la situación  de esos pueblos no mejoró sino todo lo contrario; los regímenes que se instalaron después nada tenían que ver con sistemas democráticos. Aún hoy en muchos la realidad, el día a día es dramático. Esta desoladora realidad Camus no la percibe desde el cementerio de Lourmarin, un precioso pueblo de la Provenza. Allí está enterrado cerca de su casa, cerca de los olivos de su jardín. Su amigo el poeta René Char nacido en l’Ile sur la Sorgue, la Venecia local, pueblo contaminado solo de belleza, le enseñó toda la que encierra el parque natural de Luberon y de los pueblos encaramados o esparcidos por sus laderas; le llevó a la Fontaine de Vouclus, lugar hecho agua donde Petrarca tiene su museo, a Gordes, a Lacoste, a Roussillon (donde cualquiera se perdería)… Cuando le concedieron el Nobel de literatura, Camus se compró una casa en Lourmarin, cerca del Mont Ventoux, a solo unos treinta kilómetros de la de su amigo. Reformó y acondicionó la casa, que había sido un criadero de gusanos de seda. Este hecho anecdótico parece una gran metáfora de su vida: precaria primero en Argelia, «pied noire» luego en Francia y finalmente inmenso escritor galardonado con el Nobel en 1957. Su hija en la actualidad vive en esa casa, en la calle que lleva el nombre de su padre. Camus murió joven y solo pudo disfrutarla dos años, pero estoy convencida de que en la Provenza encontró los colores, quizás la luz del Mediterráneo, de su Argelia natal. Aparte de ser un ejemplo de intelectual comprometido es, sin duda, uno de los grandes escritores del siglo pasado que arroja luz sobre la condición humana; es más, diría que para entender al ser humano hay que leer a Camus. Toda su obra es necesaria, más actual que nunca; solo destaco (por más cercanas a mí) «Calígula», «La Peste», «El extranjero» y «El primer Hombre», el manuscrito que llevaba en el coche el día que murió.

Banqueros de la UE

Cristo cargando la cruz. El Bosco (fragmento)

Satisfacción entre los banqueros europeos por los miles de millones que les ha concedido el BCE.

Indignados

Los cuerpos de la corresponsal de guerra Marie Colvin y del fotógrafo francés Rémi Ochlik muertos el miércoles pasado en Homs, continúan sin ser repatriados. La reportera francesa Edith Bouvier, el reportero británico Paul Conroy y el francés William Daniel, heridos, se niegan a abandonar Siria sin la asistencia de organizaciones internacionales.  En dos días son más de 150 victimas civiles las que hay que sumar a esta barbarie. En la cumbre de Túnez, los Amigos de Siria intentan sumar y acercar posiciones entre los países asistentes; China y Rusia  intentarán  convencer a Baschar el Asad para que abandone el poder. El problema, hoy, es la fuerte relación comercial existente entre Rusia y Siria.  Al final, el petróleo y los fosfatos. ¿Cuántos muertos tendrá que haber aún o, dicho de otra manera, a quién le importa los muertos mientras continúan los grandes negocios? Somos muchísimos los indignados en todo el mundo por los recortes sociales, por las corruptelas, por el todo vale… pero, ante la muerte indiscriminada, ante cualquier genocidio hay que decir: ¡BASTA, BASTA UNA Y MIL VECES! ¡ NI UN SOLO MUERTO MÁS!

Otro indignado intemporal