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Juana J. Marín Saura: “Del Azul”

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Esta no es la primera vez que me detengo en la poesía de Juana J. Marín Saura, esta vez con ocasión de una lectura poética que se celebró recientemente en la Galería de Arte Babel de Murcia. Juana respiró su poesía con su voz dulce de mujer valiente y luchadora que, como Frida, sabe que cada día debe ganar la batalla con su cuerpo esbelto y menudo que navega contra el dolor y que ella transmuta en olas regeneradoras de vida. Porque Juana sabe como nadie ganar el tiempo al tiempo, tornar la angustia en risa sonora, y por ello oímos al escucharla un cascabel de cristal con dureza acerada o diamantina; Juana no endulza porque es dulzura, no engaña, cada palabra que brota de ella es cierta, como que nació poeta y solo respira versos claros y meridianos. Su sabiduría viene de siglos, de ese lugar donde reposan las palabras con sonoridad ancestral, allí donde los poetas las rescatan para que los libros sigan siendo lo que son: un regalo de la inteligencia y de la sensibilidad que hace al mundo más habitable. De su libro “Del azul” traigo solo unos versos, pero en el enlace que os dejo tenéis su voz y el poema entero de L’Illa, que me encanta, amén de otros del mismo libro.

 

L’Illa

 

Poco a poco más pequeña te dejo,

en cada surco de ola que el barco forma

distanciándome de ti.

Te abandono angustiada en medio de la espuma

que se estrella contra tus rocas.

Me voy alejando dolorosamente veloz,

hasta dejarte allá, como un indefenso punto

sobre el horizonte.

Sola tú, desafiando rebeldes tempestades

en medio de las profundas aguas,

valiente e inmensa en tu pequeñez mi amada isla,

traigo tu luz en el centro mismo de mi pecho.

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Aquí su voz:

 

 

Henri Michaux

Henri Michaux:

Henri Michaux: Sin título, 1955. Acuarela y gouache sobre papel Arches, 37 x 56.

 

Henri Michaux:

Henri Michaux: “Composition”, 1959. Tinta china sobre papel japonés, 42 x 58.

 

Henri Michaux es una figura controvertida de las letras francesas. Aunque nacido belga, obtuvo la nacionalidad francesa en 1954 y, diez años después, es galardonado con el Gran Premio Nacional de las Letras francesas. El mundo de Michaux, poblado de palabras e imágenes, está influido por El Bosco, Lautréamont, William Blake y Goya, además de los surrealistas y de Jarry. Realidad extrema y pesadilla, ironía, sarcasmo y desgarrado lamento son algunos de los ingredientes de su poética, del que ha sido considerado uno de los grandes poetas del siglo pasado. El mundo sensorial experimentado por Michaux en una busqueda interior sin fin se veía potenciado por las drogas, como la mescalina o el cannabis, volcando sus experiencias en libros como “Les grandes épreuves de l’esprit”, “Misérable miracle” y “L’infinit turbulent”. Viajero infatigable, su posición y relación con el mundo físico es igualmente registrado y analizado en una visión paralela. Artista independiente y sin adscripción a movimiento alguno es una nota suelta de absoluta libertad y soledad buscada. Enigma y secreto que él cultivó, presiden su vida, y su primer libro, “Qui je fus”, publicado en 1927, ya desconcertó tanto a los lectores como a la crítica; tuvieron que pasar treinta años para que Gäetan Picon lo considerara uno de los cuatro grandes de la última poesía francesa junto a René Chard, Francis Ponge y Jacques Prevért. Pero Michaux no solo fue un poeta, sino que la pintura forma parte, desde mediados de los cuarenta, de su quehacer, creando un universo que tiene a Miró como inspiración y el automatismo surrealista como un medio para una ejecución rápida, concentrada de signos, manchas que derivarán en la abstracción. No es extraño que admirara la caligrafía japonesa y que inventara su propia caligrafía en un nuevo lenguaje. La poesía deliberadamente prosaica y su combinación con dibujos dieron un impulso renovador al panorama artístico en el que iba alternando sus exposiciones con sus breves “plaquettes” poéticas como esta:

Yo era una palabra que intentaba avanzar a la velocidad del pensamiento.

Las amigas del pensamiento estaban presentes. Ni una quiso apostar por mí, y

eran más de seiscientas mil que me miraban riéndose.

Espuma del mar: cenizas de Rabindranaz Tagore

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Lo dijo Juan Ramón Jiménez en este poema en prosa:

CENIZA DE RABINDRANAZ  TAGOR

Estando yo un día en la playa que yo sé, cogí con mi mano la espuma de una ola que me gustó, una como fresca ceniza de nácar, que se quedó en mi palma.

Sin saber por qué, una idea se me hizo en un instante palabra, palabra segura, natural; y yo dije en alto: “Es ceniza de Tagor”.

(…)

En el mar del mundo están esas cenizas de Tagor. ¿Por qué no hubieron de venir hasta mi mano, que ayudó a dar forma nuestra española al ritmo de su inmenso corazón?

Rebindranaz Tagore: “Obra escojida”. Aguilar, Madrid, 1965. Traducción de Zenobia Camprubí, con un colofón lírico de Juan Ramón Jiménez.

 Nota: En todo momento he respetado la particular ortografía de Juan Ramón Jiménez.

Este libro, es “mi libro”, el que desde los quince años estuvo en mi mesilla durante años y él ha sido consejero, maestro y guía, fuente de sabiduría y belleza; sé que es uno de los referentes filosófico y moral que hace que el mundo sea mejor. De modo que, gracias al poeta, cuando contemplo la espuma del mar diversa, cambiante, siempre diferente creo, también, que es parte de sus cenizas vertidas al Ganges y desde su desembocadura al mar del mundo, a todos los océanos; saber que él nos alienta rizando la espuma es más que una idea: es un sentimiento que me hace ir detrás de las olas.

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Bárbara Carpi: poema

Bárbara Carpi: "Las hoces" (fragmento II). 163 x 98 cm. Óleo sobre lienzo, Colección privada.

Bárbara Carpi: “Las hoces” (fragmento II). 163 x 98 cm. Óleo sobre lienzo, Colección privada.

 

Poemas de Nina

En el quai

 

Te vas y el aire

y la carne dolorida;

dentro de la noche

escucho tus pasos que se alejan

y los míos ya siempre

en otras direcciones.

 

De “Los poemas de Nina”, libro inédito de poemas de Bárbara Carpi.

“Las Hoces” de la exposición “En torno a Zóbel”. Cuenca, 1987.

Aurelio Serrano Ortiz: poeta y dibujante

Aurelio Serrano Ortiz

Aurelio Serrano Ortiz: “07-11-2012”. De la serie “Depuis l’art nouveau” (lápiz sobre papel).

 

Negativo

Negativo

 

 

Sí solo y en pie

cantando mis poemas

al dios del viento

escuchando las canciones

del dios del viento.

 

 

Solo y en pie sí.

Silencio y viento.

 

Del libro “Desde la soledad. Poemas”.

Mayakovski: “Verlaine y Cézanne”

Del largo poema de Mayakovski “Verlaine y Cezanne”  extraigo estos versos:

 

En esto

se nos acerca

Paul Cézanne:

“Así le pintaré,

Verlaine”

Pinta.

Observo

la pintura fresca.

Monsieur,

perdón,

nuestros viejos

se ponían de mil colores

solo

con oír su nombre.

Una temporada

nuestro Dios

fue Van Gogh,

otra temporada –

Cézanne.

Maiacovski, el poeta de la revolución rusa

El gran poeta ruso fue además, dramaturgo, director, actor teatral y de cine, conferenciante… su teatro responde como su poesía a los cambios sociales y transformaciones históricas que la revolución rusa marcó. Él quiere un espectáculo de masas, según sus palabras: “El teatro actual se olvida que debe ser un espectáculo”; la Revolución de Octubre cambió su orientación teatral. Su concepción  estética orientó a los artistas de su época, en especial al gran renovador teatral Vsevolód Méyerhold y a los pintores abstractos Malevich y Ródchenko. Además contó con la colaboración musical de Shostacovich. Cada estreno teatral constituía una conjunción de valores de primera fila. Fue amigo y colaborador del gran cineasta Einsenstein,  y junto con Ródchenko definían y teorizaban sobre el montaje, las superposiciones de imágenes, los primeros planos… Maiacovski concitó a su alrededor un grupo de trabajo de gran nivel y rigor artístico.

En 1929 escribió:

ALGUNOS PREGUNTAN.

¿Qué pienso yo de mis piezas?

A mí me contaron que:

En un tranvía se sentó un pasajero, no sacó boleto y quiso hacer el viaje gratuitamente. El guarda, al darse cuenta se enoja: ¡Eh, sinvergüenza -le dijo-, atorrante, aprovechador… chinche de Maiacovski…

Esta definición utilizada en la vida fue para mí el mejor comentario y el más agradable para mi obra.

¡Genial, digo yo!

“Alquimia”, de Colette Fournier. Traducción, Isabel Ramos

Foto: Bárbara.

Foto: Bárbara.

Vuelvo a publicar el poema que generosamente me dedicó Colette Fournier, con la mejor traducción posible, ya que mi francés es de andar por casa y en zapatillas, la de Isabel Ramos Serna, licenciada en Filología francesa, profesora y traductora, otra generosa amiga. A las dos mi agradecimiento más sincero.

Alchimie ( petit hommage et sourire à ma façon à Barbara Carpi)

Dans mon chaudron de sorcière bouillonnent

Dix-mille essences délétères

Oeil de perdrix, oeil de vipère

Pierre d’agate, ongles de sirène

Et quelques ombres plus austères

Dans la nuit épaisse et brouillonne

Drapée de pourpre et de vigogne

Je touille, je remue, je frissonne

J’éviscère, j’étête sans vergogne

Quelques chimères bien polissonnes

De ce brouet épais et noir

Où nagent tels des suspensoirs

Des ectoplasmes victorieux

Captant les ondes triomphantes

Je moule de mes paumes fébriles

La pierre qui ne ressemble à rien

Mais me fera renaître enfin

Phénix orgueilleux et comblé

Trônant au-dessus des nuées

Chaque matin me voit hélas

Echevelée, hâve et tenace

Et un plus usée que la veille

Cherchant alors dans le sommeil

Le rêve que je n’ai pas trouvé !

Alquimia

En mi marmita de bruja borbotean

Diez mil esencias perniciosas

Ojo de perdiz, ojo de víbora

Piedra de ágata, uñas de sirena

Y algunas sombras más austeras

En la noche espesa y sucia

Vestida de púrpura y vicuña

Remuevo, muevo, agito

Destripo, descabezo sin pudor

Algunas quimeras muy traviesas

De ese caldo espeso y negro

Donde nadan como colgantes

Ectoplasmas victoriosos

Capturando las ondas triunfantes

Moldeo con mis palmas febriles

La piedra que a la nada se parece

Pero que me hará renacer por fin

Fénix orgulloso y satisfecho

Presidiendo por encima de las nubes

Cada mañana me ve ¡ay!

desgreñada, macilenta y tenaz

Y un poco más gastada que la víspera

Buscando entonces en el sueño

El ideal que no he encontrado.