En vista de que tengo unos lectores maravillosos, cuatro capítulos nuevos un poco gamberros por exigencia del guión.
El famoso y colorista «Le Consulat». Algunos establecimientos no cambian, algo que se agradece mucho.
Este es uno de los bonitos edificios que uno se encuentra paseando por Montmartre. Las fotos no son buenas pero ayudan a fijar el recuerdo y puede que a algún nostálgico les guste.
Nuevo capítulo de mi novela PARÍSombra; esta vez es más largo de lo habitual, por ser une balade de Niko Sureda y Nina por Montmartre, sin duda para ello hay que tomarse un tiempo y recrearse en cada rincón, hay que sorber la atmósfera de este barrio parisino sin prisa, dejando pasar el tiempo…
El famoso «Café de Flore», lugar de encuentros y tertulias de intelectuales y gente guapa, al lado de la rebautizada Plaza de Sartre y S. de Beauvoir. En otro barrio, en la rue de Chabrol, Niko Sureda y el viejo exiliado confraternizan alrededor de una sobrasada menorquina, unas olivas y un vino del Priorato. Capítulos 23 y 24 de mi novela «PARISmombra».
En el cementerio de Montparnasse, sin buscarla, me encontré con la tumba del músico, compositor, cantante, pintor… del polifacético Serge Gainsbourg (1928-1991); las canciones de este provocador, que compuso para la Greco, como «La javanesa», la versión rompedora de «La Marsellesa» con tintes jamaicanos, y la celebérrima «Je t’aime … moi non plus» escrita para la Bardot, pero finalmente cantada a dúo con su pareja Jane Birkin están, forman parte de nuestra memoria. En su tumba nunca faltan flores y macetas y los típicos billetes de metro.
Enfrente de la tapia del cementerio de Montparnasse, en la avenida de Edgar Quinet, se encuentra está floristería muy bien situada para que nadie se quede con ganas de ofrendar unas flores a todos los que descansan, dicen que en paz.
Dos nuevos capítulos de mi novela «Parísombra» donde Niko Sureda se extasía en el Marly mientras observa fascinado la pirámide del Louvre, dejando pasar la mañana en elucubraciones nada rentables. Y el día a día de Monsieur Mir i Manent, el viejo comunista o «coco», que dicen los franceses, contándole a su perro «Cándido» sus memorias de guerra.