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Rosas amarillas

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No sé si es tiempo de que florezcan los rosales, pero los últimos que compré está así de pimpantes. Claro que como el cambio climático es un hecho, aunque algunos lo nieguen, igual las flores han decidido ir a su aire y hacen lo que el cuerpo les pide. Cosa que a mi personalmente me parece muy bien, nada hay mejor que la libertad de expresión y cómo se expresan ellas, pues a través de sus colores que es una forma de pintar el aire que ni los mejores pintores del Renacimiento que ya es decir.

La bignonia

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Mi bignonia, que lleva conmigo ya bastantes años, siempre florece en septiembre con unos pompones de flores preciosos; conozco otras que florecen durante todo el verano. Esta mía debe ser un tanto particular porque se hace de rogar y hasta este mes nada de nada. En fin más vale tarde que nunca y se lo perdono porque cuando lo hace es todo un espectáculo de belleza y generosidad. 

Fotos, Bárbara

El abejorro

Soñaba el abejorro mientras zumbaba alrededor de las flores; debajo de los macizos, a la sombra, buscaba el reposo del guerrero. La tierra húmeda tras el abundante riego matutino era el lugar donde  se repondría de su incesante agitar de alas. Un montón de hojas secas de la bignonia lo acogió. Y su cuerpo se aquietó por unos instantes. No muy lejos las avispas en su incesar sonoro le perturbaron el descanso y deseó emigrar a tierras lejanas, lejos de humedales, porque sabiamente sabía que donde hay agua hay bichos indeseables.  Nadia, desde la tumbona, lo observó en su huida precipitada y se alegró de que por fin las avispas volvieran a libar el néctar de las flores.

Lantanas rojas y amarillas

 

 

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Lantanas rojas. Foto, Bárbara

 

Volví al vivero y lo primero que me encontré eran las lantanas rojas y amarillas; no lo dudé, hacía años que iba detrás de ellas. Ya las he plantado en una maceta bien grande porque crecen una barbaridad. Habrá que podarlas de modo que las pueda controlar sin que se desmadren. Estoy contenta y más feliz que una perdiz… con poco me conformo, lo sé, pero con los tiempos que corren es casi demasiado. Ellas me llevan a los años felices en Ciudadella, cuando de pequeña jugaba en aquel jardín cuyo límite era el puerto por eso las prunas doradas y dulces sabían a sal, a mar…

Lantanas

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Lantanas. Foto: Bárbara

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Lantanas, Foto: Bárbara

Es ya la época, los macizos de las lantanas han crecido alrededor de un metro y están floreciendo. Cuando vivíamos en Ciutadella (Menorca) las lantanas del jardín tenía las flores amarillas y rojas. Estas en color lila  me gustan menos, pero es las que, en su momento, encontré en el vivero y estaba tan contenta de poder volver a tener que ni siquiera pregunté de que color eran. Fue un fallo mío y ya no hay nada que hacer, tienen unas raíces tan tremendas que ni me planteo cambiarlas.

Gotas tras la lluvia

 

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Fotos, Bárbara

Para este fin de semana se anunciaba lluvia, algo parecido al diluvio universal, por lo que renunciamos a los planes que habíamos hecho de antemano. El sábado por la mañana lució un sol esplendoroso y por la tarde se oyeron a lo lejos unos truenos y cayeron cuatro gotas. Cuando dejó de llover, me asomé y esto era lo que quedó del anuncio apocalíptico, eso sí bien bonitas sobre las hojas del rosal.

Mayo y sus flores

 

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Foto: Barbara

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Foto: Bárbara

Comienzan a salir las flores en este mes de mayo tan atipico en el que el confinamiento va abriendo paso a la esperanza. Cuánto añoro, ahora que empieza el buen tiempo, ir a los viveros. No muy lejos de casa hay uno con unas dimensiones tremendas; calles y  calles con las distintas especies, árboles enormes, bonsais, un sin fin de muestras de lo que la naturaleza es y de la enorme variedad que nos ofrece como regalos inmerecidos, que nos debería hacernos reflexionar sobre cómo estamos tratando el medio ambiente y si somos merecedores de tanto prodigio.

Capullo (no es un insulto, ¿vale?)

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Fotos: Bárbara

De pronto en el jardín aparecen cosas que una, ignorante, pero enamorada de la naturaleza, observa con curiosidad y asombro, y tiene que captar “eso” que parece el resultado de la labor de un bichillo que laboriosamente está fabricando su nido, casa o lo que sea mientras dure el proceso de transformación. He tenido, como muchos niños en Murcia, orugas que había que alimentar con hojas de morera para que luego se transformasen en hermosas mariposas y por eso hay que dejarlo así para que la naturaleza siga su curso.

El fuego del hogar

 

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Fotos: Bárbara

El post anterior me ha llevado a este, de un calor natural a otro igual de natural, que calienta nuestros hogares y nos anima a reunirnos con amigos que nos reconfortan el alma como bien dice mi querida Chelo Puente. Va por ti y por otro querido amigo que conocimos en Barcelona.

El sol se asoma

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Fotos Bárbara

El sol de invierno nos calienta de otra manera. Se agradece tanto cuando sentados en la terraza de un bar, charlando con los amigos, nos da de frente o en los riñones, que se ponen casi al jerez  de puro placer, hace que un bienestar enorme nos ponga una sonrisa de gusto y satisfacción en el rostro. Esa calefacción natural, igual que el fuego de leña de una chimenea, nos hermana con nuestros ancestros más primitivos; eso pienso cuando me siento como de Cromañón… Tampoco hemos cambiado tanto en eso.