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Bicolor.

Me fascinan las plantas que cambian de color a medida que van creciendo. Los bordos de las hojas cresas se vuelven de un bonito color lila mientras el centro continua verde. Estas falsas rosas son un buen ejemplo.

Atardecer en Ceuta.

Fotografía de Jero García Gázquez.

Un cielo al atardecer de la ciudad de Ceuta. Muchas gracias, Jero, por esas magníficas fotos que de vez en cuando nos regalas de la bella ciudad autónoma; tengo pendiente una visita a ese rincón español en el norte de África tan unido a mi familia, donde viví de pequeña y de donde tengo vagos recuerdos, unidos al olor inolvidable del té con hierbabuena.

Siguiendo las huellas del maestro Cortázar.

Buscaba por todo el Barrio Latino y por Montparnasse la huella del escritor. Amaba sus cronopios y famas y recorría sin descanso la calle donde vivió su personaje favorito, de tal forma que, cuando enfilaba la rue Lagrange, sonaba música de jazz. Sin darse cuanta se había convertido en el perseguidor cuando se sentaba en el pequeño velador del café Le Metro. Aquel día de cielo incierto donde lo brumoso persistía borrando los contornos de las esquinas, decidió darse una vuelta por el cementerio de Montparnasse, aun sabiendo que era un suicidio enmascarado. No obstante ascendió sin dudarlo por la calle y se sintió aliviado cuando el cuervo le fue guiando hasta la tumba; y allí se posó sobre la lápida para que él pudiese reposar junto a su maestro enhebrador de historias de cronopios y de famas.

Aspidistra.

La aspidistra es una planta que tanto puede estar al aire libre como en interiores con buena luz. A pleno sol no se debe tener, aunque es bueno buscarles un sitio a la sombra; el sol del atardecer les sienta bien, creando entre sus hojas preciosos contrastes de luz y sombra. Recuerdo que en Menorca era la planta preferida en los patios de interior de las casas y en las iglesias.

Mañana en el Vaticano.

Mañana, frente a la Basílica de San Pedro, frente a la cúpula que diseñara Miguel Ángel, se celebrará el funeral por el Papa Francisco. Hoy ya han pasado por delante de su féretro alrededor de doscientas cincuenta mil personas, que le han querido dar su último adiós. El Pontífice de los pobres y marginados, el cardenal que llegó de Argentina, que no quiso vivir en el Palacio Pontificio, se ha sabido ganar el corazón de todos, fieles y agnósticos; su figura se ha visto agrandada desde su fallecimiento. Mañana se espera que Roma sea el centro del mundo. Dignatarios de todos los continentes se reunirán en la plaza de San Pedro. Por estricto deseo del Papa, su cuerpo descansará en un solo féretro y no en tres como era habitual, además, sus restos no descansarán en la Basílica de San Pedro, sino en la Basílica de Santa Maria Maggiore, también por deseo del Papa. En todo lo posible se han simplificado los rituales, como dejó establecido.

Lavanda.

Desde un mirador de la Provenza vi un extenso campo de lavanda y esa imagen tan hermosa de un color lila intenso la llevo desde, entonces, en la memoria.

La tórtola en la morera.

Se nota que estamos en primavera, porque las tórtolas, mirlos y gorriones se hacen notar con sus cantos; es sobre todo por las mañanas, cuando forman una algarabía considerable. Las tórtolas emiten un arrullo bisilábico monótono para llamarse y cuando el macho está de cortejo el sonido es más rápido que el de la hembra. Y aunque no lo parezca, por que esta primavera es más fría de lo común, andan ya alborotados; será por aquello de que la primavera la sangre altera.

Vinagrillos.

Aparecen por todas partes, ahora entre los helechos, con sus flores amarillas. De pequeña me gustaba chupar sus tallos y cuando con el Instituto íbamos de excursión a Trepucó entre las tancas, siempre había alguno. Recuerdo un día en el que estando en el recinto prehistórico vimos un arco iris salir por detrás de la taula, enorme, y abarcar el talayot como abrazando el poblado. Parecía todo tan irreal y al tiempo tan hermoso que es una estampa que no podré olvidar nunca. A la vuelta, cerca del cementerio, unos pepinillos del diablo esparcieron sus semillas en todas direcciones a la velocidad del rayo. Y en la memoria todo junto, los vinagrillos, los pepinillos del diablo… y la taula.

Ya se ven los futuros frutos.

Aunque diminutos, como pequeños botones, ya se ven los que serán futuros paraguayos. Sentada en el jardín es una gozada contemplar esos proyectos de fruta que tanto me gustan. El paraguayo es un árbol bien bonito que ya desde la floración nos da, además, belleza; sus flores blancas se tornan de color rosa llenando las ramas desnudas. La cantidad de lluvia que ha caído esta primavera, lejos de perjudicarle, parece que le ha sentado muy bien.