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Cochifrito.

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Foto Bárbara.

La cocina del Hotel Palacio Infante Juan Manuel, en Belmonte, es realmente buena. El cochifrito que allí comimos estaba delicioso.

Ingredientes: cochinillo lechal, agua, sal, aceite de oliva extra para freír.

La elaboración es bien sencilla; en una cacerola ponemos a cocer trozos de cochinillo cortados en cuadrados de unos tres cm de lado. Cocemos durante 30 minutos. Pasado este tiempo, bien escurrida la carne la ponemos a freír en aceite de oliva virgen extra. Acompañamos de una ensalada o patatas fritas. Más fácil imposible. Sazonamos con sal en escamas. De «cocido y frito» viene la palabra cochifrito. ¡A disfrutar!

Retrato de Lucía.

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Retrato y fotos Bárbara.

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Detalle

El retrato es un género especial. Siempre se busca el parecido con el modelo, sin tener en cuenta que desde que existe la fotografía, el artista se ve liberado en parte de esa necesidad. Y es entonces cuando puede plasmar, con más libertad, lo que ve, lo que le transmite esa persona, el espíritu, lo que es. Este retrato de mi hermana Lucía lo hice en mayo del pasado año. Y hace unos días me tuve que despedir de ella para siempre. Nos pudimos decir todo lo que nos queríamos. Me quedo con ese regalo y con haber compartido con ella la vida. El dolor irá cediendo, pero su recuerdo no, mientras yo viva.

Hibisco

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Fotos Noa Serrano Plaza

El hibisco tiene variedades en distintos colores, rojo, rosa, champán… En cualquiera de ellas la limpieza y luminosidad del color hace del hibisco una planta muy bella. El género consta de especies herbáceas tanto anuales como perennes, arbustos y árboles de pequeño tamaño. Las hojas son alternas, simples, de ovadas a lanceoladas, a menudo con margen serrado o lobulado. Las vistosas flores suelen ser solitarias, de forma acampanada, con cinco pétalos de gran tamaño (más de 15 cm. de diámetro). Sus estambres se agrupan en una columna sobre el estilo. Su origen se encuentra en el sureste de Asia. En zonas de Latinoamérica es bastante popular la bebida llamada «agua de Jamaica» elaborada a partir de los cálices de una de sus especies; de la misma forma se usa haciendo té de hibisco o té de flor de Jamaica. Ayuda a prevenir catarros y gripes.

Mi nieta Noa me manda periódicamente fotos de flores, que yo agradezco mucho. ¡Gracias, preciosa!

Patio interior de la Hospedería Palacio de Buenavista.

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Fotos Aurelio, patio interior del Palacio de Buenavista. Belmonte (Cuenca)

Belmonte es el lugar de la Mancha, parada de la Ruta De D. Quijote, de cuyo nombre me gusta acordarme, pues al encanto de sus paisajes se une la hermosa Colegiata de S. Bartolomé, la muralla, sus puertas y los Palacios de Buenavista y del Infante D. Juan Manuel, sin olvidar el hermoso castillo que fue regalado a Eugenia de Montijo. Personajes célebres, hijos del lugar, fueron fray Luis de León y Juan Pacheco, ilustre político, señor feudal, figura influyente en la corte de los Reyes Católicos. Y qué decir de su gastronomía deliciosa y contundente. El porqué de tanta parada en Belmonte es tan sencillo como el hecho de que cada vez que vamos a la capital del reino nos gusta hacer parada y fonda en este delicioso pueblo. De hecho lo conocemos ya tanto que es como una segunda residencia.

El balcón abierto a la noche

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Fotos Bárbara desde el Palacio Buenavista (Belmonte)

El balcón abierto a la noche, la basílica iluminada y el visillo como los de antes primorosamente planchado; en la pared del patio, el trampantojo anudando otra realidad, como si eso hiciera falta…

Serie «Vuelos».

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Fotos Bárbara. Óleos sobre lienzo.

Durante la pandemia, años de incertidumbres, encierro y aislamiento, busqué refugio en mi estudio. Pintar, pintar era sobrevivir y respirar como mejor hacemos los pintores. Y el resultado más de cincuenta cuadros y, entre ellos, esta serie inspirada en el vuelo de los pájaros. Ellos seguían siendo libres…

Codillo de cerdo guisado.

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Foto Jero García.

Este es un guiso de toda la vida que resulta delicioso. Se puede hacer en olla a presión, pero soy partidaria, si tenemos tiempo, de hacerlo en olla normal y hacerlo poco a poco como lo hacían nuestras abuelas.

Ingredientes: 2 codillos, 1 cebolla grande, 2 dientes de ajos, 1 pimiento verde, 2 zanahorias, 1 vaso de coñac, pimentón rojo de la Vera, ciruelas negras, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta, perejil.

Salpimentamos los codillos, los sazonamos con el pimentón de la Vera. Ponemos a hidratar en coñac las ciruelas. Ponemos en una olla el aceite a calentar y vamos sellando los codillos dándoles la vuelta; añadimos las verduritas cortadas en trozos pequeñas, agregamos el coñac y subimos el fuego para que se evapore el alcohol; después, añadimos 1 litro de agua. Dejamos que vaya cociendo durante al menos una hora o hasta que veamos que la carne esté tierna, entonces la retiramos del fuego. Pasamos por la batidora la salsa (opcional, hay gente que no lo hace) y dejamos que espese un poco, agregamos las ciruelas. Añadimos la salsa a los codillos y a disfrutar. Al final se le puede dar un golpe de horno. Acompañamos con unas patatas fritas y ponemos por encima perejil o la hierba fresca que más nos guste.

La pirámide del Louvre desde arriba

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Fotos Bárbara.

Desde la galería de la cafetería del Louvre (foto2), vemos la pirámide de cristal y también la estatua ecuestre del rey Sol que en los años setenta estaba en el lugar que hoy ocupa la pirámide por donde hoy se tiene acceso al museo. Entonces, en los años setenta, debajo del citado rey, Luis XIV, había un pequeñito jardín con césped, y era allí donde, después de un recorrido extenuante por el museo, la gente joven se tumbaba a descansar, sonaba alguna guitarra y se cantaban canciones de todo el mundo. ¡Qué tiempos! En aquella época el césped de todo París nos pertenecía; ahora no se lo recomiendo, pues de inmediato un flic (léase guardia) te levanta. En la galería del museo, bien guardada por caballeros de piedra de la época del mismo rey Sol, había que afinar bien el acento, pues si pedías «deux déca» (léase dos descafeinado) te podían traer «deux cocas» o similar. Pero eso no era nada, pues la vista bien merecía cualquier equívoco sin importancia.

La aguja de Viollet-le-Duc

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Fotos Bárbara.

El mundo se paró cuando en abril de 1919 asistimos en directo al incendio de Notre Dame y pudimos ver como la aguja de Viollet-le-Duc se desplomaba junto con la techumbre de la iglesia. La aguja, todo un símbolo, fue inaugurada en agosto de 1859; estaba inspirada en la de la catedral de Saint-Croix d´Orléans, a su vez inspirada en la de la catedral de Notre Dame d´Amiens. Fue realizada por Auguste Bellu, quien realizó la estructura de madera, y por los talleres Monduit, que hicieron la cubierta metálica. De estilo neogótico, medía 93 metros, 21 menos que la de la catedral de Orléans. Su capa de plomo pesaba 250 toneladas, y cubría una estructura de 500 toneladas realizada íntegramente en roble de champaña. Estaba rodeada por cuatro coronas con criaturas legendarias como figuras guardianas mitológicas. La parte superior de la torre octogonal estaba adornada por 12 coronas de flores y arriba estaba coronada por una cruz de seis metros de altura rematada por un gallo de cobre. Las esculturas de los doce apóstoles enmarcaban la base y miraban a París, menos la de Santo Tomás, patrón de los arquitectos, que presenta los rasgos de Viollet-le-Duc, que miraba hacia la aguja para contemplarla. En una placa de hierro situada en la base aparecían unos signos masónicos que nos hacen deducir que el autor Viollet-le-Duc y el que realizó la estructura de madera, eran masones. En 2020 se decidió reconstruirla tal como era la original. Hasta su caída, la aguja era un punto de la red geodésica francesa. Curiosamente las dieciséis figuras (los doce apóstoles y los cuatro tetramorfos) habían sido retiradas cuatro días antes del incendio para su restauración, por lo tanto no se vieron afectadas por el fuego.