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Oliaigua u oliaigu (sopa menorquina)

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Proust tenía razón. Cuando me pongo nostálgica, que es bastante frecuente, acudo al recetario menorquín. Los olores y los sabores me retrotraen a los días felices de mi infancia y parte de la adolescencia. Marieta, que fue como una abuela para mí, nos hacía unos dulces maravillosos como los pastissets, los crespells y unos bocados de leche condensada que no he vuelto a probar. El oliaigua o oliaigu viene a ser una especie de pisto o sopa a lo pobre que me encanta.

Ingredientes: 300 ml de agua, aceite de oliva, 1 cebolla grande, 2 pimientos verdes, 8 tomates de pera, perejil, 2 dientes de ajos, pimienta, pimentón y sal.

En una cazuela de barro al fuego ponemos un poco de aceite y cuando esté caliente agregamos los ajos laminados y la cebolla troceada. Cuando esta esté un poco pochada añadimos los pimientos cortados en cuadraditos, y a continuación los tomates sin piel y cortados en trozos. Salpimentamos y añadimos una cucharadita de pimentón. Removemos bien y que vaya pochando. Añadimos el perejil picado, el agua y bajamos el fuego al mínimo. No debe hervir. Se puede consumir tanto fría como caliente. Los isleños la toman con trozos de pan seco, melón o higos.

Guiso de setas variadas.

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No hace mucho, en Madrid, probé un guiso de setas que me encantó, concretamente en el hotel D. Pio. Y ahora, probando, probando, he conseguido si no lo mismo algo parecido que me ha gustado mucho. Como todas las mías, esta receta es sencilla y rápida de hacer.

Ingredientes: 1 bandeja de setas variadas, patatas, aove, sal, pimienta y 1 brik de crema de setas.

Pelamos y cortamos las patatas en trozos medianos. Ponemos un chorrito de aceite de oliva virgen extra en una cazuela a la que añadimos las patatas troceadas, salpimentamos. Rehogamos unos minutos y a continuación agregamos las setas variadas. Seguimos dando vueltas y cuando las patatas comiencen a tomar un poco de color añadimos la mitad del contenido del brik de setas. Bajamos el fuego para que se vayan haciendo despacio ambas cosas, vigilando para que no se peguen. Con una puntilla pinchamos las patatas y cuando estén tiernas, agregamos el resto del contenido del brik. Probamos y rectificamos de sal si fuera necesario. Removemos, listo y a disfrutar.

«En el quai»

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EN El QUAI

(II)

Dentro del sueño

soy una Ofelia sin belloritas

sin adornos vegetales;

me dejo ir casi desnuda,

entre las aguas

solo con piedras

en los bolsillos transparentes.

Del libro «Poemas de Nina» de Bárbara G. Carpi

Casi blanco.

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He tenido, hace años, la planta que da esas flores de un azul pálido casi blancas. La planta, de cuyo nombre no consigo acordarme, tiene una floración abundante y no requiere grandes cuidados. Se va acercando la primavera y tengo, ya, necesidad de darme un paseo por el vivero.

El rojo.

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¡Como pintora no debería decirlo (pienso en Rotko, al que admiro), que no se me entienda mal, pero como fotógrafa aficionada debo reconocer que la mejor paleta corresponde a la naturaleza!

El color de agosto.

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Que el tiempo está loco, lo sufrimos todos los días; para los alérgicos esto es una locura. Y así, entre estornudo y estornudo añoro el verano. De él me fascinan sus colores, que no sus calores. dicho sea de paso; no obstante, me declaro más partidaria del otoño e incluso del invierno, que del verano en estas tierras moriscas del levante español.

Arroz con pulpo y salmón.

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Receta y foto Bárbara.

Si yo fuera china no sé si me gustaría tanto el arroz como a ellos o más; en todas sus variantes, seco o caldoso me encanta, comería arroz todos los días. Este arroz tiene dos ingredientes que le dan un plus, el pulpo y el salmón. Y como no tuve una buena experiencia con un pulpo que me salpicó agua caliente en la cara, pues lo compro ya hervido. El salmón, por su parte, al ser un pescado graso, aporta esa grasa tan saludable al arroz que queda meloso y muy rico. Lo hacemos con un buen caldo de pescado, fundamental, y un sofrito de cebolla y tomate, con dos dientes de ajo como siempre. Con la precaución de poner el salmón casi al final para que no salga seco. No tiene ningún secreto y sale muy, muy bueno.

Bodegón vertical.

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El brillo natural de la fruta me gusta tanto fotografiarlo como pintarlo. Perseguir ese efecto, desde que existe la fotografía, se volvió inútil. Liberada la pintura, cada cual lo hace como quiere.

Las hojas de la higuera.

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El olor de las hojas de la higuera a mucha gente le desagrada; este no es mi caso. A mí de la higuera me gusta todo, hasta el olor. Y cuando en verano podemos disfrutar de la dulzura de los higos, cogiéndolos directamente del árbol, entonces me siento como el emperador Augusto, con la salvedad de que no habrá ninguna Livia que los envenene.