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Visita al Coliseo por dentro.

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Visitar el Coliseo puede resultar agotador, pero es una ocasión única para rememorar lo que aquello suponía; la muerte estaba tan presente como la vida. La fiesta y la crueldad más despiadada se unían en unas celebraciones que hoy nos parecen bárbaras. La ingeniería romana, la arquitectura, el sistema para subir las fieras desde el piso inferior, todo ello nos habla de lo que fuera el grado de sofisticación de una cultura como la romana presente aún hoy en el legado que nos dejaron, no solo en la lengua sino en el derecho, por poner un ejemplo.

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Sarcófago de los esposos. Museo Etrusco. Villa Giulia (Roma).

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El «Sarcófago de los Esposos» de finales del siglo VI a. c. es una urna cineraria etrusca antropoide, hecha de terracota pintada. La colección de arte etrusco ubicada en Villa Giulia nos sorprende por su belleza; el Museo fue construido en una zona conocida como Vigna Vecchia como una villa suburbana y lugar de reposo que el papa Julio III encargó a Jacopo Vignola en 1551. El «Sarcofago degli Sposi» muestra una pareja casada reclinándose en un banquete en la otra vida; fue encontrado en unas excavaciones del siglo XIX en la necrópolis de Cerveteri. Inspirado en la época arcaica griega, muestra los ojos almendrados y el cabello largo trenzado de los esposos; el contraste entre los bustos de alto relieve y las piernas aplastadas es típicamente etrusco. Y, como se puede observar en las fotografías, dichas piernas han sido retiradas, supongo que para una restauración. Una se queda sin respiración ante los rostros sumamente expresivos, ante esas sonrisas típicamente etruscas y los brazos y manos gesticulantes llenos de vida. Es ahí donde centran la atención del espectador. Este sarcófago es muy parecido a otro encontrado también en Cerveteri y posiblemente del mismo artista. El bellísimo sarcófago de Villa Giulia muestran el afecto entre un hombre y una mujer nunca visto en la cultura griega con anterioridad, algo realmente asombroso, nuevo y fascinante.

El Coliseo por dentro.

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Si el exterior es impresionante, el interior no le va a la zaga. Solo hay que comprobar que el hombre se pierde ante la grandeza de sus dimensiones. En la actualidad, poder contemplar lo que había debajo de la arena, en los túneles subterráneos conocidos como «hipogeos», que es donde se encontraban las jaulas para los animales, así como los gladiadores, que esperaban el momento de salir, es realmente fascinante. El Coliseo tuvo una vez un techo retráctil llamado «velarium» hecho de lino y controlado por marineros. El emperador Vespasiano financió su construcción con el botín del templo judío de Jerusalén. Nos asombra las inteligentes salidas, «vomitorium», diseñadas para permitir vaciar el recinto en cuestión de minutos. En el Coliseo no solo había luchas entre gladiadores y cacería de fieras, sino que había espectáculos, «naumaquiae», representando batallas navales, para lo cual se llenaba el piso de abajo con agua y también se mostraban caballos y toros, previamente entrenados, nadando.

Exterior del Coliseo.

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El Coliseo, construido en el siglo I, es inabarcable. Su nombre responde a una escultura colosal de Nerón que formaba parte del conjunto. Desde fuera es imponente e impresionante; sobrecoge por sus dimensiones. El Coliseo o Anfiteatro Flavio (Colosseo, en italiano y Colosesum en latín) está ubicado en el Foro Romano y el coloso de Nerón, a su lado, que sufrió una serie de transformaciones posteriores, finalmente desapareció. Los materiales utilizados en su construcción eran bloques de mármol travertino, hormigón, madera, ladrillo, toba y estuco. Tenía un aforo para unos 65.000 espectadores con ochenta filas de gradas. El emperador, su familia y los senadores estaban cerca de la arena y, a medida que se ascendía, se situaban los estratos inferiores de la sociedad romana. En el Coliseo tenían lugar luchas de gladiadores y espectáculos de diversa índole, siendo su objetivo último entretener al pueblo.

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«En el barco». Costandinos Petros F. Cavafis

Dibujo 4

Dibujo a lápiz sobre papel de Aurelio Serrano Ortiz.

EN EL BARCO

Este pequeño apunte hecho a lápiz

se le parece, ciertamente.

Dibujado con prisa, en la cubierta

del barco, una maravillosa tarde.

En torno nuestro el mar Jónico.

Se le parece. Pero yo lo recuerdo más hermoso.

Era muy sensitivo, hasta el extremo

de sufrir, y ello iluminaba su espresión.

A mi memoria vuelve más hermoso

ahora que mi alma lo evoca fuera del Tiempo.

Fuera del tiempo. Es tan antiguo todo

-el dibujo, y el barco, y la tarde.

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Del libro «Poemas». Colección Visor. Alberto Corazón, editor. Madrid 1971.

Galleria Borghese. Madera vs. mármol. Giuseppe Penone.

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Fotografías Aurelio Serrano Ortiz

Impresionante el contraste, en unas de las salas de esculturas romanas de la Gallería Borghese, con la exposición, preciosa, de un escultor contemporáneo; sus obras en madera me dejaron con la boca abierta. Los mosaicos romanos del suelo y las bóvedas profusamente pintadas, hacían que esas esculturas de madera rabiosamente actuales chocaran, destacaran y nos descolocaran por un momento, como si nos hubiéramos desubicado. El tratamiento de la materia más noble reflejaba todo el amor por lo natural y esa especie de árboles desnudos nos llevaba a la naturaleza, al bosque, frente al artificio del mármol o de la piedra, bellamente trabajada, eso sí. Queden aquí estas fotos como reconocimiento a la obra de Giuseppe Penone que tiene sus raíces en la naturaleza.

De la serie «Árboles» de Aurelio Serrano.

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Dibujo a lápiz sobre papel.

La línea ligera que define las ramas del árbol se sustenta con el bloque rotundo de raíces volumétricas, el mundo real (lo que se ve) y el mundo subconsciente más complejo y profundo.

Pier Paolo Pasolini en la Galería de Arte Moderno de Roma Capitale.

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Subiendo por la via di Capo le Case nos encontramos con la fachada del Museo de Arte Moderno de Roma, donde se anuncia una exposición de pintura para el mes de octubre de pasado año de Pier Paolo Pasolini, el malogrado director de cine autor de filmes como «El Decamerón», «Teorema», «Medea» con María Callas, «Las mil y una noches», «Edipo Rey», «Los Cuentos de Canterbury»… A Pasolini lo mató, en el balneario popular de Ostia, un joven marginal, en noviembre de 1975, quien lo embistió con su coche. En las investigaciones que siguieron, no queda claro el motivo que llevó al asesino o asesinos a cometer el crimen. En un principio el asesino argumentó motivos sexuales, pero después se fue abriendo paso la sospecha de que detrás había habido una especie de complot por parte de algunas esferas del poder a causa de las feroces críticas que el cineasta hacía en sus películas, libros y discursos sobre la corrupción de ciertos sectores de la sociedad; sectores que deseaban la muerte del director. «Saló o los 120 días de Sodoma» es una de sus películas más críticas, donde adapta al Marqués de Sade y toda la crudeza del erotismo, la pornografía, el sadismo y la degradación humana. El cineasta italiano, galardonado en festivales prestigiosos de cine, fue odiado y amado, admirado y denigrado, pero siempre fue un artista integral que toca distinta manifestaciones del arte, como esta exposición de pintura.

Botijos. Desde tiempos remotos.

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Botijo. Museos Vaticanos. Roma

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Botijo. Cerámica vidriada de Úbeda. España (Tito´s)

No es preciso hacer una loa al botijo, aunque hay que reconocer que fue un buenísimo invento. La forma, en estos dos casos, desde tiempos remotos, hasta el día de hoy, es muy parecida. Oficios como el del alfarero no deberían desaparecer porque los objetos que se encuentran en los yacimientos arqueológicos nos hablan de la forma de vida de los habitantes de los distintos pueblos, de sus costumbres, de su cultura.