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Maurice deVlaminck

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“Ramo de flores”, c. 1909

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“Naturaleza muerta”, 1910

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“La pêche au Chevesne”, 1916

Maurice de Vlaminck fue un pintor francés autodidacta nacido en Paris en 1876 dotado para las artes que practicó en sus diversas facetas como escritor, poeta, dibujante pintor y además, fue, desde bien joven, un buen deportista. Practicó el ciclismo y pensó en dedicarse profesionalmente hasta que unas fiebres tifoideas truncaron su carrera. Dio clases de violín y se casó en 1984. Durante el servicio militar conoció a André Derain, cuya amistad mantuvo a lo largo de su vida; juntos compartieron estudio en 1900 en Chatou y juntos realizaron viajes por el sur de Francia; un viaje a Londres le hizo cambiar la atmósfera de sus cuadros. Casi todos sus paisajes están realizados a lo largo del Sena. En 1905 expuso por primera vez en público en el famoso Salón de Otoño de París junto a pintores como Raoul Dufy, Charles Camoin, Matisse, Henry Manquin, André Derain; esta muestra de pintores fauvistas les marcó a los dos amigos, que se convirtieron al movimiento fauve. En 1907 visitó una exposición retrospectiva de Cézanne, que le impactó grandemente. Durante la Primera Guerra Mundial vivió en Ruán donde comienza su etapa de poeta y posteriormente escribe dos novelas eróticas que ilustró Derain. Su temática se centró en el paisaje y en el bodegón. Su admiración fue para Vincent van Gogh, del que adoraba su colorido, y su animadversión fue para Picasso, del que no apreciaba casi nada.

Dos experiencias muy cercanas: Ramón Serrano Avilés

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Ramón Serrano Avilés

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Ramón Serrano Avilés

La fuerza de la primera obra aquí representada, de este arquitecto radicado en Madrid, con resonancias del expresionismo alemán, con esas dos figuras entrelazadas, de modo que son dos en uno, fundidas, ensambladas en esa especie de sonoro silencio, me entusiasmaron cuando las vi no hace mucho. La segunda, ese paisaje urbano de color tan matizado, denota la  enorme sensibilidad de un colorista innato, donde no solo la sólida estructura sino el color nos deleita y sugiere todo un cromatismo muy sutil que crea lo que un buen cuadro debe tener: atmósfera.

Alcalá de Henares en diciembre

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Fachada de la entrada de la Universidad Complutense de noche. Foto: Aurelio Serrano

 

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Fechada de la Universidad Complutense, Foto: Aurelio Serrano

 

La Universidad de Alcalá de Henares se fundó en 1499 y es la tercera más antigua de España. Su fundador, el cardenal Cisneros, fue ministro de los Reyes Católicos y, gracias a una bula pontificia del papa Alejandro I se crea dicha universidad que en un principio fue una escuela eclesiástica. El mismo cardenal Cisneros dirigió personalmente su creación con la idea de que fuera el centro de formación de los mejores funcionarios reales y del clero más preparado, de modo que Madrid sería la capital administrativa y Toledo la religiosa y entre las tres se repartirían por así decir el poder del Estado. La universidad de Alcalá de Henares fue llamada praeclaríssima Complutense Universitas y fue la primera ciudad universitaria planificada del mundo, modelo para las que después se formaron en Europa y en otra partes del mundo. Este proyecto renacentista de Cisneros suponía un conjunto de edificios y calles de moderno trazado, de colegios mayores y menores con un rector elegido cada año por sus colegiales, y con becas para estudiantes con pocos recursos. Se construyó, además, el Hospital Universitario de S. Lucas, la imprenta y viviendas para profesores y sirvientes. En su época de mayor esplendor allí estudiaron grandes maestros y personajes ilustres como Nebrija, Tomás de Villanueva, Ignacio de Loyola, Domingo de Soto, Juan de la Cruz, Lope de Vega, Quevedo…

La Universidad de Alcalá o Complutense alcanzó su mayor grandeza en los siglos XVI y XVII. Su espléndida fachada plateresca es de Gil de Hontañón y, junto con los tres patios, el de Santo Tomás de Villanueva, el patio de los filósofos y el patio trilingüe, desde donde se accede al Paraninfo, otra joya donde se concede cada año el Premio Cervantes de Literatura cada 2 de abril, construyen la gran riqueza arquitectónica de dicha universidad.

Arte africano: Mali

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Todos los grupos de la zona del lago Tanganica tienen creencias religiosas parecidas a las de los Hemba, en las cuales se pide a los ancestros que intercedan o para activar a los espíritus de la naturaleza para atacar o provocar enfermedades o desgracias; para ello se tienen que revelar en los sueños o a través de la adivinación.

Fotografías: Máscaras de la sociedad korè del pueblo Marka de Mali.

Arte africano: República Democrática del Congo

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La fuerza del arte africano que tanto inspiró a los pintores de principios del siglo pasado en Europa, más concretamente a pintores como Picasso dando paso al cubismo, o a Modigliani, con sus rostros ciegos, como máscaras, se evidencia en estas dos figuras talladas en madera de los pueblos Hemba del Este de la República Democrática del Congo. La primera de ellas representa al fundador del linaje, un ancestro respetado y venerado; este tipo de figura se llama “singiti” y denota una actitud de serena calma y tranquilidad. Los brazos hacia adelante, reposando en las caderas, con las manos en actitud de reposo, contribuyen a dar ese aire de sosiego. Las figuras se utilizan en eventos religiosos, invocando a los ancestros para que protejan a los vivos.

Monet en Honfleur

 

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“Barcos de pesca en Honfleur”

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“Barcas en Honfleur”, 1866

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“Barco en marea baja”, 1881

Muchos pintores de la época, y aun hoy, buscan la luz de Normandía. Honfleur, una ciudad situada enfrente de Le Havre,  en la desembocadura del Sena, según palabras del pintor dirigida a un amigo la describía así: “Esto, querido amigo, es adorable, descubro todos los días cosas cada vez más bellas”. Allí Monet pintó una serie de cuadros con el tema de las barcas y los barcos que fondeaban en el puerto rodeado de casas muy pintorescas de pizarra donde hoy la mayoría albergan restaurantes y algunas han sido declaradas monumentos históricos. Durante sus estancias estivales, se hospedada en un local que fue casa de postas en el siglo XV llamado le Cheval Blanc. Igual que sucede en Bruselas, el menú típico eran les moules-frites, los mejillones con patatas fritas y un calvados. Curiosamente el local más famoso entonces, por su excelente cocina, era la granja Saint-Simon, un albergue frecuentado también por pintores y de precio muy asequible -ahora es un famoso hotel de cinco estrellas que ofrece clases de pintura, ¡lo que hace el turismo!-. La diferencia de tratamiento del segundo cuadro al tercero es muy evidente y en la datación se percibe claramente; el segundo, de los tres es el más “clasico”, siendo el tercero en el que se aprecia de manera muy patente como el impresionismo lo impregna todo: la atmósfera envolvente y las pinceladas, los contornos difuminados…

Paul Cézanne, el gran maestro

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“Tulipanes en un jarrón”, 1892

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“El jarrón azul oscuro”, 1880

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“Vaso con flores”, 1900-03

Paul Cézanne, el padre de la pintura moderna, se sintió atraído por las naturalezas muertas y por los bodegones. En el primer lienzo, destaca la superficie de la mesa desde la nueva perspectiva, levantada hacia el espectador, brillantemente equilibrada por las piezas de fruta a la izquierda. Las pinceladas, sueltas, de diversos tonos, del fondo y del mantel presagian una  forma de dotar de vida lo que antes podría ser un fondo plano. Y el jarrón, mitad vidriado del mismo color que las ramas verdes de la composición, unifica el conjunto de forma magistral, sin olvidar unas luces más claras que hacen vibrar el conjunto. Y, coronándolo todo, el rojo de los tulipanes… Realmente soberbio.

Picasso decía que, para que un cuadro funcionara, todos los colores utilizados debían estar en todos sitios a la vez  Eso nos lleva a la reflexión y a analizar de esta manera las obras de arte. Desde entonces yo lo hago y debo darle la razón; de esta manera, el equilibrio es perfecto, pero conseguir hacerlo ya es otra cosa.

En el segundo cuadro, Cézanne pinta la superficie del jarrón con flores; no se trata de que estas se transparenten a través de él, sino que añade ese detalle para volver, de otra manera, a unificar el conjunto oscuro y que, por tanto, no podría transparentar el interior… brillante.

Y por último, este cuadro muy empastado abre paso con ese tejido floral a lo que después muchos utilizarán, como Matisse con sus telas con arabescos en sus odaliscas. Curiosamente este cuadro, por el tratamiento de la pintura, me parecería a simple vista anterior a los otros, aunque no sea así.