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Pedro Pardo, maestro de la forma (I)

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1ª Figura; 2ª Figura 2; 3ª Los amigos.

Me cuesta escribir sobre este gran escultor por ser además un gran amigo al que perdimos en noviembre de 1998. Hay amigos insustituibles y Pedro, Perico para los amigos, nos dejó un hueco en el corazón, pero un recuerdo imborrable y cuando su imagen se nos hace presente, su sonrisa, su mirada socarrona y bondadosa pone paz y alguna lágrima inevitable nos traiciona; en estos casos lo mejor es dejarse ir y llorar sin pudor. Perico nació en Cartagena, pero al poco tiempo su familia se trasladó a Murcia capital; allí curso estudios de escultura y cerámica en la Escuela de Artes y Oficios con Juan González Moreno. Su destino estaba en marcha. Se casó con Marisún, emparentando con una saga de artistas, los Gómez Cano, de fuerte arraigo en la capital. Su hijo Carlos Pardo lleva los genes de ambas ramas familiares y es hoy un magnífico pintor. Pedro, junto con Elisa Séiquer, otra enorme escultora, Josemaría Párraga, Antonio Ballester… formaban parte de la vida bohemia de Murcia, se reunían en «La viña» y compartían anhelos e inquietudes. Piedra, aluminio, acero, madera fueron doblegados por sus manos que rompían el aire cuando hablaba con la pasión que le era propia. Después, en los años ochenta, «El Continental» fue otro lugar de tertulias y reunión donde acudíamos artistas, intelectuales y gente del teatro como Antonio Morales y hasta Paco Rabal y Asunción Balaguer. La alegría que trajo la democracia se vivía en aquel lugar de encuentro de grato recuerdo. Pedro Pardo, Perico, era y es insustituible y está ligado a esos lugares hoy desaparecidos también.

Ángeles Santos Torroella, pintora universal

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1ªLeyendo en el Jardín; 2ª Niña durmiendo, 1929; 3ª El vaso de vino, 1928; 4ª Autorretrato, 1928; 5ª Naturaleza muerta (Lilas y calavera); 6ª Un Mundo, 1929.

Ángeles Santos Torroella es, sin duda alguna, una importante pintora que nace en Porbou el 7 de noviembre de 1911. Por el trabajo de su padre, funcionario de aduanas, el traslado del domicilio familiar era frecuente por lo que se habituó a vivir y a conocer bien la geografía española y los diferentes ambientes y la idiosincrasia de los distintos territorios; todo lo cual supuso tener una mente abierta y una curiosidad innata. Pronto se inicia en el dibujo y la pintura, y en Valladolid recibe clases del pintor italiano Cellino Perotti. Aunque no nos debe sorprender la evolución y los distintos estilos que su pintura tuvo, algo que es muy común entre los pintores hasta que encuentran el camino propio, su madurez nos muestra que sus principios no son balbuceantes sino que en cualquiera de ellos el dominio de la técnica y la pasión con que afronta cualquier tema es sorprendente. Así, desde un impresionismo sutil y delicado de «Leyendo en el jardín» hasta la impactante obra «Un mundo» de 1929, que se expuso en el Salón de Otoño celebrado en el Palacio de Exposiciones del Retiro de Madrid y que representa un extraño planeta surrealista, parece que todo cabe en su quehacer. Quizás este impulso a la larga la pudo perjudicar, pero por otro lado es el resultado de su inquietud creadora. Esta última obra de marcado carácter surrealista impactó y causó sensación entre los intelectuales del momento, como Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillén, entre otros. Se casó con el también pintor Emilio Grau Sala, quien se exilia en París cuando estalla la Guerra Civil. Ella se queda en Huesca donde nace su hijo Julián. El matrimonio se reconcilia a partir del 69. Tras diversas exposiciones, su carrera se ve relanzada tras las exposiciones en la galería Dau al Set, la Sala Nonell y en la galería Multitud, que la llevaron a hacer una muestra antológica en el Museo del Ampurdán. También es invitada a participar en la III Bienal Hispanoamericana celebrada en Barcelona. En el año 2003 se le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Murió con 101 años en su casa de Madrid, el 3 de octubre de 2013.

Las intelectuales de la generación del 27, «Las Sinsombrero».

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El término generación del 27 lo acuño Dámaso Alonso integrada por personalidades como Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Manuel Ángeles Ortiz… Una generación donde las mujeres artistas, escritoras, pintoras, filósofas, poetas, actrices, feministas, ocuparon por derecho un lugar durante la Segunda República. Sin embargo la historia las ha olvidado, como si sus respectivas obras no hubieron existido, aunque su importancia es tanta o mayor que la de sus compañeros de generación; nombres como María Zambrano, María Blanchard, Remedios Varo, Ángeles Santos, Zenobia Camprubí, Carmen Conde, María Teresa León, Rosa García Ascot entre otras forman un grupo cuya valía e importancia hoy ya nadie pone en duda. Hago un inciso para comentar una anécdota que me hizo feliz. Allá por los años ochenta se me encargó por parte de la Comunidad Autónoma de Murcia la realización de un cartel para una obra de teatro que había escrito el dramaturgo murciano y profesor de la escuela de arte Dramático Antonio Morales, que versaba sobre la escritora de Cartagena y primera académica de la Lengua Carmen Conde y su obra, llamada «El mundo de Carmen Conde». La realización de este cartel me proporcionó la oportunidad de hacer algo sobre una gran mujer a la que admiraba y me dio la oportunidad de conocerla personalmente el día del estreno de la obra en un teatro de su ciudad natal y de la mía. Y también la suerte de conocer a la actriz que daba vida a la escritora, la gran actriz Carmen Bernardos. No me he olvidado de ese encuentro ni de sus cariñosas palabras ni de su bondadosa e inteligente mirada. Me felicitó por el cartel, que no era más que las olas del Mare Nostrum, el mar de nuestra tierra,

Dicho lo anterior, vuelvo a la otra anécdota, el porqué a este grupo de mujeres tan notables se las llamó las Sinsombrero, esto se debe a que en la Puerta del Sol de Madrid, Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca, se quitaron el sombrero como gesto de rebeldía ante la sociedad encorsetada del momento. Después, unos productores de cine en el 2015 acuñaron este nombre al narrar el talento de estas artistas. Estas mujeres reivindicaban que se las incluyeran en las antologías del 27 en la generación a la que pertenecían y cuya exclusión dejaría incompleta, coja, la historia, nuestra historia en ese apasionante periodo.

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Federico García Lorca, María Teresa León y Rafael Alberti

Retrato de Mónica Carpi

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Retrato de Mónica Carpi, de Bárbara Carpi. Óleo sobre lienzo.

Siempre digo que hacer el retrato de alguien supone, por lo menos para mi, un esfuerzo no por el trabajo en sí sino por la carga de cariño que te nueve al hacerlo. Y si esa persona además es de la familia y a la que se le quiere mucho con doble motivo. Porque no se trata de hacer algo bonito, la dificultad está en plasmar la esencia de la persona, lo que esa persona es, su personalidad. Y si la persona retratada se ve, se identifica, entonces es que no lo has hecho tan mal.

Maurice Utrillo, el pintor de Montmartre

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nº 1) Place des Abbesses, 1931; nº 2) Place de Saint Pierre bajo la nieve, 1935; nº 3) Casa Berlioz, 1914; nº4)Le Moulin de la Galette bajo la nieve, 1933-35; nº5) Le Lapin Agile, 1936-38; nº6) Retrato de Maurice Utrillo hecho por Suzanne Valadon, 1921; nº7) Catedral de Chartres, 1913.

La vida y la obra de este pintor francés está unido indisolublemente al barrio de Montmartre al norte de París, el barrio bohemio por excelencia. Hijo de la famosa pintora Suzanne Valadon, que no tuvo una vida nada fácil, y que comenzó posando para pintores como Toulouse Lautrec, Renoir y Degas antes de dedicarse a la pintura, sin padre conocido, fue adoptado por el ingeniero y pintor catalán Miquel Utrillo. Pronto, con 15 años, comenzó a beber hasta convertirse en uno de los borrachos «oficiales» del barrio. La bebida y la pintura van unidos en su vida. Utrillo forma parte de la llamada Escuela de París, cuyos pintores realistas están al margen de los dos grupos que por entonces capitaneaban Picasso y Matisse; esta escuela estaba sobre todo formado por pintores extranjeros como Modigliani, Marinetti, Soutine… en el periodo que va entre las dos guerras mundiales. Utrillo pintó todos los rincones de Montmartre, callejuelas, plazas, casas. Pintaba lo que tenía enfrente, allí donde ponía el caballete. Amante de la vida desordenada y nocturna, frecuentaba los prostíbulos y a las prostitutas cuya ayuda le sacó de más de un apuro. Junto con su madre y su amante, el también pintor André Utter, formaban la llamada Trinité maudite, famoso por sus excentricidades. El conocido cabaret de entonces, Le Lapin Agile, toda una institución, que todavía sigue abierto, no podía escapar de ser pintado por el pintor de Montmartre. Una vida llena de penurias, que su madre intentaba suavizar a sus espaldas. Cambiaba cuadros por comida, hasta el punto de que en todas las tiendas del barrio había utrillos y falsos utrillos, que una vez que este alcanzó la fama inundaron el barrio. Mucho tiempo después, cuando André Malreaux fue nombrado ministro de cultura de De Gaulle, mandó quemar todos los falsos que había en Paris, en la Placita de Ravignan de Montmatre. ¡Todo un homenaje! La vida de Utrillo cambió cuando se casó con una rica aristócrata viuda de un banquero, Lucie Valore. De esta manera terminaron las preocupaciones que tenía su madre Suzanne Valadon sobre el futuro de su hijo el día que ella faltara. Utrillo comenzó a triunfar una vez que pudo exponer en el Salón de Otoño de 1909. Respecto a su pintura hay que destacar un periodo, en el que se dedicó a pintar fachadas de catedrales como la de Reims o la de Chartres, donde se casó, llamado místico, o el periodo más relevante en el que pinta obras de pequeño formato, los cuadros blancos de Utrillo, en el que aplica el emplaste blanco con espátula al que añadía yeso, creando un color vibrante que da a este periodo blanco un aspecto único, como en la casa Berlioz donde destaca el encalado de las paredes con cierto aire cubista.

Etel Adnan, de Beirut al mundo.

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Fôret. 2019, tapiz

1 y 2, óleo sobre lienzo, 1965-66 y 1963-64

Esta artista libanesa nacida en Beirut en 1925 fue, ha sido, descubierta a la edad de 87 años al gran público, gracias a la exposición conjunta con Vasili Kandinsky que se celebró en el Guggenheim de Nueva York. Esta polifacética mujer ha sido escritora, pintora, editora, poeta y tejedora de tapices, además de un ser humano brillante que ha vivido en sus cien años de existencia el desarraigo, la guerra de su país y la guerra de Vietnam, como algo propio, encarnado y transpirado a través de las herramientas que el arte y la literatura han puesto a su disposición. La modernidad de su mensaje rabiosamente actual lo consigue con armoniosos colores y un estilo carente de todo artificio. Es clara, directa y sencilla en una abstracción luminosa. Algo que la define como artista y como persona es su constante preocupación por lo que acontece en el mundo, dado que ella misma es el resultado de un mestizaje que la marcará y enriquecerá para siempre. Hija de madre griega, de Esmirna, y de un alto funcionario del imperio otomano, estudió en escuelas francesas y más tarde, en la Sorbona, filosofía. En 1955 marchó a EEUU para estudiar un post grado en Berkeley y Harvard. En América terminaría impartiendo clases en la universidad de San Rafael, en California. Cuando regresa a Beirut trabaja en dos periódicos como editora cultural. Y estalla la guerra que duraría tres lustros, La dualidad de esos dos mundos, el norteamericano y el libanés, la conforman y lo expresa en sus poemas de manera que las diferencias culturales y el colonialismo están bien presentes en su obra, en su vida. En 1976 regresó a París donde trasladó su residencia con su pareja, la escultora francolibanesa Simone Fattal. Al año siguiente regresa a California. Expone en Kassel óleos abstractos y leporellos ilustrados con sus dibujos y poemas. A partir de esa exposición todos los museos del mundo le abren sus puertas.

Giorgio Morandi, el pintor de las naturalezas muertas

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Morandi: 1) «Naturaleza muerta», 1920. 2) «Flores», 1950. 3) «Naturaleza muerta»; 4) «Naturaleza muerta y y botella blanca y azul pequeña», 1955.

La biografía de Morandi es la de un hombre más bien solitario que dedicó su vida a la docencia y al arte, pero poco o nada dado a las reuniones sociales, salvo quizás en la época en que trata a Giorgio de Chirico, padre del movimiento metafísico y a los futuristas. Alguien lo ha calificado como un Cézanne bajo el filtro metafísico. Realmente su obra se centra en las naturalezas muertas, bodegones donde los objetos cotidianos son los sujetos de sus cuadros. Para muchos es considerado el mejor pintor italiano del siglo pasado. Nacido en Bolonia (1890-1964), en 1907 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de dicha ciudad y desde 1909 instala su estudio en la Via Fondazza. Es el pintor del vacío y del silencio, su pintura es estática y lejos del movimiento. Los grandes pintores del Renacimiento italiano como Giotto, Uccello y Caravaggio y los contemporáneos como Picasso, Braque y Cézanne tuvieron gran influencia en sus primeras obras, pero pronto se apartó del paisaje y de la figura humana. Fue nombrado instructor de dibujo para las escuelas primarias de Bolonia. En Florencia participa en 1914 en la primera exposición futurista; con posterioridad, tras la Primera Guerra Mundial, al convivir con de Chirico, se unió al movimiento de la Pintura Metafísica que cuestiona los movimientos de vanguardia, y defiende la tradición clásica italiana. Amaba las líneas austeras de la arquitectura grecorromana. Con el tiempo su estilo se define y se centra en botellas, jarrones, vasos, etc. sobre una mesa o velador, centrándose en la luz y en el espacio. En 1930 empezó a enseñar en la Academia de Bellas artes de Bolonia donde permaneció durante veintiséis años. Expuso en la II Mostra del Novecento Italiano, en el 26 y el 29. En 1930 obtuvo la Cátedra de técnicas de grabado en la Accademia di Belle Arti de Bolonia. Participa en la bienal de Venecia en 1928, 1930 y 1934. Le otorgan el premio Carnegie Pittsburgh en 1929, 1933 y 1936, y en la Quadriennale de Roma en 1931, 1035… Premio de Pintura en la bienal de Venecia y en 1957 el gran Premio de la ciudad de Sao Paulo. Renunció a su cátedra y siguió pintando hasta su muerte, acaecida el 18 de junio de1964 en Bolonia. En el 2001 se inauguró el Museo Morandi.

En la actualidad, en Madrid, en la Fundación Mapfre, se muestra una exposición del pintor desde el 24 de septiembre al 9 de enero. Yo no me la perdería.

¿A quién se debe la difusión de la obra de Van Gogh?

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Autoretrato de Vincent van Gogh

Johanna Bonger, la cuñada de Vincent, fue la artífice de que hoy conozcamos la obra de este genio de la pintura; sin ella posiblemente hoy no sabríamos de su obra ni la disfrutaríamos en los museos. Entre la muerte de los dos hermanos solo pasó un año. La joven viuda se encontró con un legado ingente, toda la obra de Vincent y la correspondencia entre los dos hermanos. Johanna dedicó toda su vida a ordenar dicha correspondencia y conseguir que la publicaran y la tradujesen al inglés. Este mujer, que dominaba tres idiomas, enseguida se dio cuenta de la trascendencia de dicha correspondencia, pues en ella están todas las reflexiones, dudas e importancia que esta forma nueva de entender el arte supondría. Y también entendió que el mercado americano era de suma importancia, de modo que planificó muy bien la obra pictórica de Vincent a fin de que cuadros relevantes algún día entraran en los museos, no solo en colecciones particulares; conocedora como era del mercado del arte por su marido Theo, que era marchante en París. En vida Theo no consiguió que despegara la carrera de su hermano a pesar de que vendía obra de pintores como Gaugin, Toulouse Lautrec o Pissarro, poco o nada academicistas. A través de sus diarios, el director del Museo de Ámsterdam, Hans Luijten, ha escrito una biografía sobre Johanna gracias a tener acceso por primera vez a sus diarios. Es sobradamente conocido el apoyo material que Theo brindó a su hermano cuando este marchó a la Provenza en busca de la luz y del color del sur, pero yo tengo mi opinión personal al respecto. Para mí Theo no arriesgó, su trabajo como galerista, no apostó por él aunque le ayudara materialmente; son dos cosas distintas. Tuvo que ser su viuda Johanna la que entendiera la magnitud de la obra de Vincent y terminara el trabajo que Theo no hizo. Sin patrimonio propio, salvo el piso de París, tuvo que montar una casa de huéspedes para salir adelante con su hijo pequeño. ¡Una gran mujer sin duda a la que los amantes del arte le debemos mucho!

Al lado de la casa Batlló

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Fotos, Bárbara

Al lado de la Casa Batlló, en Barcelona, nos encontramos con este edificio del que ya puse las gárgolas en el post anterior. No sé de quién es el edificio ni quién fue el arquitecto, pero si la casa Batlló que hiciera Gaudí es una maravilla, esta no le va a la zaga. La primera fotografía es de la Casa Batlló, parada obligada y donde se concentra el turismo internacional, pero no se pierdan la de al lado porque es otra belleza.