Elsa von Freytag-Loringhoven II

 

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Elsa von Freytag-Loringhoven posando en su apartamento de N.Y. en 1915

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Elsa von  Freytag-Loringhoven posando en su apartamento de N.Y. en 1915

El personaje da para mucho más que una entrada; por ejemplo, me la puedo imaginar cuando usaba maquillajes brillantes y  se ponía sellos postales en cada mejilla, usaba sostenes con latas de tomate y luces intermitentes, amén de innumerables pulseras en los brazos, que eran anillas de cortinas de baño, labios pintados de negro… su aspecto en aquellos años debía de ser de lo más chocante, con la cabeza rapada y en diferentes colores. Lo que quiero decir es que, por más que los jóvenes de ahora nos quieran sorprender con sus peinados y vestimentas, todo eso es ya historia. Lo mismo me sucede cuando hoy muchos artistas quieran sorprendernos con obras que ya hace años son obras  museísticas. Y ya lo he dicho alguna vez, cuando algún despistadillo se siente el más vanguardista del mundo y nos ofrece sus excrementos, cuando el arte povera ya lo había enlatado hace ni se sabe. Con todo ello quiero decir que en arte todo está ya inventado y que mi admiración es para todos aquellos que fueron los primeros, los realmente rompedores y transgresores que lo que hacían era de alguna manera demostrar la estupidez de muchos, que sacralizaban en nombre del arte cualquier cosa. Pero para no caer en ello lo esencial es conocer la historia del arte y los movimientos de vanguardia; pretender que sea vanguardista en el 2019 lo que ya se hizo en los años veinte demuestra, por un lado, oportunismo y, por otro, ignorancia total. El urinario de porcelana, la famosa “Fuente” de Elsa hoy ya no sería rompedora. Lo que hoy habría que mostrar es un arte de vanguardia de este tiempo. Pero la fuente de inspiración parece que se ha secado… Un ejemplo magnífico nos lo da Elsa, quien nunca comercializó su arte y por tanto vivió en la pobreza extrema. En el 2000 su trabajo resurgió gracias a la biografía de Gammel y una antología de su poesía publicada un año después. Ahora es reconocida como la primera artista estadounidense de Dada y ciertamente la primera punk de Nueva York. Verdaderamente triste que sea sesenta años después. La mujer en el mundo artístico, por desgracia, siempre ha estado ninguneada y, en muchos casos, su obra, apropiada por sus colegas varones, como hizo Duchamp y el fotográfo Morton Livingston.

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