Durante el siglo XIX el paisaje fue un género del gusto de los pintores, género que, salvo rara excepciones, durante el siguiente siglo fue abandonado progresivamente. Y así como los impresionistas, amantes de pintar al aire libre, para captar las variaciones de la luz dieron al paisaje sus mejores logros, los precubistas y cubistas lo fracturan, descomponiéndolo en realidades nuevas que poco tenían que ver con la concepción preciosista y estética anterior. Matisse, sobre 1900, realiza distintas versiones y en diversos estilos de Notre Dame y el Sena sobre las vistas que tenía desde la ventana de su estudio; una de ellas, «Notre Dame», se encuentra en la Tate Gallery de Londres. Igualmente sabemos por Brassaï que Picasso realizó desde los muelles del río muchas versiones de la catedral, pero son obras de ejercicio a las que nunca dio mayor importancia. En 1905 Matisse pinta «Paisaje de Collioure», hoy en el Statens Museum for Kunst de Copenhague, en el que el color, de forma definitiva, es el protagonista principal.
Esta obra, diametralmente diferente a la anterior, «Charca de Trivaux», fechada en 1916 o 1917 (Tate Gallery, London), es una delicada y equilibrada composición conseguida por medio de los troncos desnudos y en donde la sensación húmeda del bosque la aportan los colores sobrios fundidos al crearse una atmósfera sutil en verdes, pardos y azules. Particularmente me gusta mucho, aun no siendo «característica» de Matisse.
Entre los años 1916 y 1917 Matisse pintó diversos paisajes sobre vistas de Meudon muy cerca de Issy. No obstante es la figura y los interiores el objeto sobre los que se desarrolla el grueso de su obra.

Muchísimas gracias por el cuadro y tu nueva lección de arte, Bárbara. Un abrazo
Gracias a todos los maestros que nos dan lo mejor de su arte y a ti por tu fidelidad!
Un abrazo.
Y que me dices de los recortes de papel pintados en tonos brillantes de su última etapa…? Ahora puede parecer… pero no me importaría en absoluto tener uno en la pared de mi salón.
Te vienes a la Tate Modern a dar un paseo….?
Un beso de esos de los de… crear un pequeño jardín… [ como diría Matisse ]
¡Son maravillosos! Vi en el salón de exposiciones del Senado sito en el Luxemburgo, una expo de papeles recortados como base de enormesss tapices que ríete de los gobelinos: fantásticos; no me importaría, tampoco, tener uno en mi casa.
¡Me encantaría…. Josep!
Sabio Matisse; Confucio también decía que para ser feliz hay que tener un jardín y la casa llena de libros… Besos de esos que alimentan el espíritu!
Magnífico Matisse y tu texto y foto también.
Estoy de acuerdo con Confuccio en que para ser feliz hay que tener la casa llena de libros… ¡me encantan los libros! por las historias que cuentan, pero también como objeto preciado.
Besitos felices, querida Bárbara.
¡Y qué bien huelen los libros y qué delicia acariciar sus tapas! Nos hacen viajar por las ideas, por las mentes de los grandes hombres, nos abren las nuestras y nos hacen más personas… en fin que te voy a contar a ti, querida Chelo, anfitriona de las letras.
Besos de connivencia literaria!
Ay, cómo me gusta ser anfitriona de las letras, sobre todo de las vuestras que me encantan 🙂
Para Chelo
Reitero, afirmo y lo mismo digo…!
Besos de… cómo me gustaría conocerte…
Me gustan los colores intensivos!
¡Y a mí también! Este paisaje es poco Matissiano, pero me gusta por su equilibrio casi japonés…
Gracias por tu comentario.
Un cordial saludo!