Remedio casero

Flor de cactus. Foto de Aurelio Serrano Ortiz.

Ochichornia era gótica. A todas horas, negra como una cucaracha. El trópico, donde vivía, le achicharraba las tupidas medias negras, su melena a lo Greco de cave de Saint Germain, su tendencia al existencialismo antiguo. El negro en los trópicos atraía los rayos solares que prendían la ropa de Ochichornia hasta que salía la luna aulladora y el lobo resplandecía como en cuarto menguante (fenómeno este prodigioso, teniendo en cuenta que en el trópico no hay lobos). Ochichornia se hartó de arder para nada, de tanta monserga cíclica y se quedaba como el perro de las dos tortas. El primer galeno al que consultaba siempre le decía: “Bien hecho, lo mejor en estos casos es no echar a correr; pero el reumatismo en los ojos es preocupante”. El segundo galeno le decía: “Bien hecho, desprenderse de los vestidos es lo más práctico; pero el reumatismo en los ojos es lo más preocupante”. Cierto día los objetos de la casa ardieron solos de forma inesperada; sin dudar los roció con amoniaco como si estuviera habituada; le vio el arranque a la cosa y se dio cuenta que era ignífuga.

Moraleja: Si usted es ignífuga, gótica, está desubicada en el trópico y tiene además reuma en los ojos, váyase a vivir a las orillas del Volga donde crece el saúco, que es lo más para los enjuagues oftalmológicos. Y si además se llama Ochichornia, Olga, Nadiesna …. estará en su casa.

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