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Un pinsapo en la playa.

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En la playa de San Juan, en Alicante, la primera vez que lo vimos, este pinsapo nos llamó poderosamente la atención. ¿Es normal que un abeto se adapte tan bien a estas latitudes? No sabemos calcular su altura, pero es enorme. En mayo esta clase de abeto estaba lleno de piñas femeninas. Hace años ya que lo conocemos; cada verano sigue ahí altivo, fuerte, vigoroso y es como encontrarnos con alguien amigo que forma parte de un paisaje conocido.

Lavinia Fontana, extraordinaria pintora del Barroco. II

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«Venus y Cupido».

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«La Sagrada Familia con santa Catherine de Alejandría»

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«Autorretrato con clavicordio y una sirvienta». Galería de los Uffizi.

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«Retrato de Ginebra Aldovandi»

Lavinia Fontana, excelsa pintora nacida en Bolonia, tuvo la suerte de aprender pintura en el taller de su padre y, como dije en el post anterior, casarse con otro pintor alumno de su padre y que este se diera cuenta del genio de su mujer; todo ello propició que el marido de Lavinia se hiciera cargo de los once hijos que tuvieron y que, por ejemplo, le pintase los fondos de los cuadros a fin de facilitar su trabajo. Aunque anecdótico, es de destacar el papel que jugó su marido, todo un ejemplo de feminista en una época nada propicia para el desarrollo profesional de cualquier mujer. Lavinia, manierista, adoptó el colorido de la escuela veneciana y recibió el influjo de Corregio y de Pulzone. En los dos primeros cuadros se puede apreciar el gusto por los detalles, las transparencias, las joyas, con una precisión magistral. La viveza del color y la naturalidad de los personajes retratados, así como su técnica clásica, hacen de Lavinia Fontana una de las mejores pintoras de todos los tiempos. Es una pena que la reproducción de los dos últimos retratos no sea buena y se vean borrosos.

Las Caracumbas de París II

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Las catacumbas de París se han puesto de moda entre los más jóvenes y sobre todo de anti sistemas que gustan de reunirse allí y citarse para celebrar actos que ellos convocan e incluso conciertos, según me han dicho. En el primer post ya expliqué que los cementerios de París se habían quedado pequeños y se aprovecharon los kilómetros de galerías de unas antiguas minas para crear esta necrópolis cuyas paredes está forradas por infinidad de huesos; en ellas encontramos pequeños altares, carteles donde se dice: «párate, aquí está el imperio de la muerte», o se señala la procedencia de parte de los mismos. En los mapas de la ciudad se señala la entrada a las catacumbas por si alguien se anima.

Museo etrusco II (Roma).

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Urna cineraria en forma de casa. Terracota. Último decenio del siglo VII a. C. Necropoli di Monte Abatone.

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Vaso della necropoli della Banditaccia.

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Ánforas, copas, vasos… Necropoli della Banditaccia.

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Sarcofago dei leoni. Cerveteri.

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Necropolis della Banditaccia.

A las afueras de Roma, como ya comenté en el primer post relativo a este museo, se encuentra el Museo Nacional Etrusco, ubicado en la villa Giulia, construida según diseño de Jacopo Barozzi da Vignola, un museo maravilloso, poco visitado a pesar de los tesoros que contiene. Su cerámica tiene ya mucho que ver con la griega y los enterramientos, así como los útiles domésticos, denotan la acción de un pueblo del Lacio refinado, nada tosco, sino todo lo contrario. Pero no solo el contenido de Villa Giulia es magnífico, asombra los bonitos y cuidados jardines que hacen del conjunto un lugar ideal para disfrute de los sentidos.

Vincent van Gogh, dos obras quizás menos conocidas.

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Cuando Vincent van Gogh llega a la Provenza en el invierno de 1888 nevaba; por ello sus primeros cuadros son paisajes donde domina el blanco, espacios nevados de gran serenidad y sobria belleza. Con la llegada de la primavera, descubre la luz del sur y su paleta cambia para pasar a captar la del Mediterráneo. La belleza de los nuevos colores impregnará sus telas y como un «runner» decide recorrer a pie toda la Provenza, visitar los pequeños pueblos costeros, cargando con sus lienzos, conviviendo con los pescadores, pintando todo lo que ve; sintiendo el mar y las olas que rompen en primer plano como en esa marina firmada solo con su nombre. En la segunda obra, con las canoas y el pescador que, pacientemente, espera que piquen los peces en medio de las aguas tranquilas de un río, ¿quizás el pequeño Ródano?; en sus riveras estalla la naturaleza que le rodea, que en la Provenza lo mismo cubre los campos de girasoles como los de lavandas, llenando de amarillos y lilas la paleta de Vincent van Gogh.

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Titulo de la marina: «Paisaje marino en Saintes Maries». Del segundo lo desconozco.

El soldado Marcus Curtius y su sacrificio por Roma.

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Vimos en la galería Borghese el altorrelieve, en mármol, que representa el sacrificio del soldado romano Marcus Curtius que se arrojó al abismo con su caballo en el año 362. Según se cuenta, ese año un terremoto abrió un pozo profundo cerca del Foro que no había manera de cerrar; consultados los augures dijeron que habría que arrojar allí lo más preciado de Roma. El soldado Marcus Curtius pensó que lo más preciado de Roma eran sus soldados y por ello se lanzó al abismo con su caballo. En las fotos se ve el lugar exacto donde se sacrificó el soldado.

Las tumbas de los hermanos Van Gogh.

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Vincent van Gogh está enterrado en el cementerio municipal de Auvers-sur-Oise donde falleció el 29 de Julio de 1890. En la tumba de al lado fue enterrado un año después su hermano Theo. El pueblo se ha convertido en un lugar de peregrinaje para los amantes de la pintura del artista. Theo estuvo acompañando a su hermano durante los dos días que duró su agonía, según este, las últimas palabras que profirió fueron: «La tristesse durera toujour».

«El entierro del señor de Orgaz» de el Greco.

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La obra maestra de el Greco es una obra manierista pintada al óleo sobre lienzo con unas dimensiones de 4,80 x 3,60 m. Se encuentra en la iglesia de Santo Tomé de Toledo. Merece la pena una visita a Toledo para contemplar esta obra de madurez del Greco. El 15 de marzo de 1586 se firma el contrato entre el párroco, su mayordomo y el pintor, en el que se cita de forma muy precisa la iconografía de la parte inferior del lienzo. En él se narra como dos santos, San Agustín y San Esteban, bajaron del cielo para enterrar el cuerpo de don Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de la villa de Orgaz, que luego sería condado; el uno, con mitra, sujetándole de la cabeza y el otro de los pies. En el acuerdo se establece «que encima de todo esto se ha de hacer un cielo abierto de gloria». Se pagan doscientos ducados a cuenta y la obra debía de estar acabada para la Navidad de ese mismo año. El Greco consigue tras un tira y afloja que se le pague el importe de 1200 ducados que pedía. El tema del cuadro es el milagro que se produce en el entierro de don Gonzalo donde, además de los santos, aparecen retratados una serie de personajes de la aristocracia contemporáneos del pintor vestidos con ropajes del siglo XVI, cosa anacrónica, ya que el hecho se produjo trescientos años antes. El cuadro se divide claramente en dos partes, la parte terrenal y la celestial; en la parte terrenal una fila de personajes vestidos de negro con gesto adusto asisten al entierro, entre ellos está el autorretrato del propio pintor, a la derecha del fraile dominico, mirando de frente. El conde es representado con reluciente armadura, algo que se contradice con su forma de vida ejemplar, devota y dedicada sobre todo a las obras de caridad. Él mismo arregló y amplió la iglesia donde está enterrado. En primer término, el Greco retrata a su hijo cuando tenía diez años vestido de gala y con golilla, una aparición que según mi opinión no viene a cuento. La unión entre el cielo y la tierra es el alma del conde que asciende de la mano de un ángel. Jesucristo preside la parte superior, vestido de blanco, con la virgen María, que acoge el alma, acompañados de los bienaventurados, entre los que vemos a Moisés, al rey David y a San Pedro con las llaves. El trabajo del Greco se alargó hasta finales de 1587, posiblemente para el aniversario del milagro y fiesta de santo Tomás. El lenguaje manierista del pintor está presente en esta obra, sus figuras alargadas, escorzos imposibles, colores ácidos y brillantes, cuerpos vigorosos, uso arbitrario de las luces y las sombras para marcar las distancias entre los diferentes planos…. Visitar Toledo en cualquier época del año, menos en verano, es una delicia.

Desde la terraza del Hotel Forum (Roma)

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Desde la terraza del Hotel Forum, con una situación inmejorable, por las noches se puede ver una parte del Foro iluminado. En ese ambiente super agradable, la noche romana se disfruta a tope. En la terraza no falta de nada, ni siquiera un guiño a «La boca de la verdad».

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Desde el Palatino.

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Para hacerse una idea más completa de todo el Foro, lo mejor es hacer piernas y subir a la colina del Palatino, desde allí se abarca todo. En las fotografía, esas cabecillas que se ven en lo alto pertenecen a aquellos que quieren verlo desde arriba.