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Los Jameos del Agua en Lanzarote.

En 1968 se inauguró Los Jameos del Agua, este espacio natural creado en el interior de un túnel volcánico. Los Jameos se formaron después de la erupción del Volcán de la Corona. La palabra jameo, que es de origen guanche, hace referencia al agujero que se ocasiona el hundirse el techo de un tubo volcánico. Tiene la categoría de Jardín Histórico. Los Jameos del Agua está formado por tres jameos; el Jameo Chico, por donde está la entrada, el Jameo Grande y el Jameo de la Cazuela, que se encuentra tras el escenario del auditorio. El Auditorio Jameos, es un auditorio natural con capacidad para 550 personas y una extraordinaria acústica debido a la piedra basáltica del tubo. Esta fue la primera actuación e intervención del artista César Manríquez, natural de la isla, en las bellezas naturales de su tierra, en sus paisajes. El lugar es declarado Bien de Interés Cultural y Científico y se concluyó en 1977. Situados estrategicamente hay varios bares y un restaurante. El 27 de este mes en el auditorio se ha programado «La traviata»; las entradas ya están a la venta. ¡¡¡ Quién pudiera ir!!!

De blanco.

De blanco impoluto estas campanillas muestran el paso del tiempo igual que nosotros, con manchas aunque sin arrugas, pero el día en que se marchitan lo hacen de golpe y no poco a poco con arrugas aquí y allá. Ellas son así, rotundas y decididas. ¿Menos doloroso?

Tagetes.

He tenido tagetes amarillos, nunca naranjas que yo recuerde. Me gustan por su sencillez y por su resistencia y porque me solían durar hasta bien entrado el invierno. Ahora están en todo lo suyo, con una floración lujuriosa e incontinente.

La flor de la platanera borde.

Quienes sigan el blog ya saben que tengo debilidad por la naturaleza y últimamente por la fotografía, aunque sigo pintando como algo inherente, imprescindible y vital. Ayer me sorprendió la belleza de la flor de esta platanera borde ( strelitzia augusta) y aquí la traigo con toda su delicadeza.

La hiquera y los helechos.

Lo prometido es deuda. Comenté en un post anterior que la higuera que tengo en el jardín se ha visto rodeada de helechos. Es posible suponer que dichos helechos, que son más propios de zonas húmedas y sobre todo del norte de nuestro país, estén buscando la sombra protectora de la higuera. No lo puedo saber, pero esta simbiosis es cuanto menos curiosa, sobre todo si pensamos en las altas temperaturas que aquí se alcanzan en verano y este está ya aquí. El verano pasado, sufrieron lo suyo, pero con las abundantes lluvias, de este invierno, se han puestos tremendamente grandes y fuertes y rodean a la higuera en un abrazo múltiple.

Finalizado el proceso.

Por fin, la falsa rosa, tiene todas sus hojas crasas de un color lila oscuro. Su belleza me tiene fascinada y no es para menos; lo que antes fue verde ahora tiene ese color de procesión, brillante e intenso. Fin de un proceso en el que la naturaleza, como siempre, no deja de sorprenderme.

La higuera crece y crece…

La compramos ya hace unos cuantos años y parece mentira lo que ha crecido. Esta, la higuera, tiene un mérito añadido y es que a sus pies crecen los helechos como locos; una y otros creo que se equivocan de ubicación, pero ahí están compartiendo suelo y, lo más disparatado, riegos. Mañana si tengo tiempo subiré los helechos a sus pies.

Del verde tierno al verde-verde.

Del verde más tierno al verde-verde que no llega a ser verde vejiga. Como pintora, el poder captar la luz con la Nikon sobre las plantas de mi pequeño jardín, me proporciona, casi, el mismo placer que cuando en el estudio me aplico al pintar un lienzo: la atención es la misma, la misma concentración, aunque el resultado con la máquina es totalmente diferente. Gana la máquina. La inmediatez del disparo es un valor añadido que, tras pasarlas al ordenador, me dejan fané y descangayá de satisfacción, como dice el tango del inefable Gardel.