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Vinagrillos.

Aparecen por todas partes, ahora entre los helechos, con sus flores amarillas. De pequeña me gustaba chupar sus tallos y cuando con el Instituto íbamos de excursión a Trepucó entre las tancas, siempre había alguno. Recuerdo un día en el que estando en el recinto prehistórico vimos un arco iris salir por detrás de la taula, enorme, y abarcar el talayot como abrazando el poblado. Parecía todo tan irreal y al tiempo tan hermoso que es una estampa que no podré olvidar nunca. A la vuelta, cerca del cementerio, unos pepinillos del diablo esparcieron sus semillas en todas direcciones a la velocidad del rayo. Y en la memoria todo junto, los vinagrillos, los pepinillos del diablo… y la taula.

Ya se ven los futuros frutos.

Aunque diminutos, como pequeños botones, ya se ven los que serán futuros paraguayos. Sentada en el jardín es una gozada contemplar esos proyectos de fruta que tanto me gustan. El paraguayo es un árbol bien bonito que ya desde la floración nos da, además, belleza; sus flores blancas se tornan de color rosa llenando las ramas desnudas. La cantidad de lluvia que ha caído esta primavera, lejos de perjudicarle, parece que le ha sentado muy bien.

La monstera y la luz.

En este caso, el sol y las sombras se proyectan aleatoriamente, pero cuando la luz platea las hojas de esta manera he conseguido lo que andaba buscando hace tiempo. ¿Habrá algo más bello que la naturaleza?

De Sicilia y rodeado de helechos.

Segundo año de mi limonero siciliano (limonero carrubaro) entre helechos. Temí por él, porque las hojas tuvieron minador en el otoño y pensé que no se salvaría, pero esta primavera sus hojas están creciendo a un buen ritmo, con ese color oscuro que luego se aclara, con ese brillo espectacular que pronostica unos limones con una acidez justa, más suave que los otros. ¡En fin, me tiene muy ilusionada!

Un cactus raro que no he vuelto a encontrar.

Este cactus es especialmente bonito; creo recordar que ya subí hace tiempo unas fotos. Ahora, quizás por añoranza, porque no lo he vuelto a encontrar en ningún vivero cercano, y porque la primavera todo lo altera. con morrina gallega por parte paterna, subo estas… ¡quien me iba a decir que acabarían gustándome los cactus!

Pleiospilos Nelii o piedra viva.

Esta planta suculenta es originaria de las regiones cálidas de El Cabo en Sudáfrica, que se mimetiza con las piedras para evitar ser devorada por los depredadores. Tiene unas hojas muy gruesas y carnosas que se presentan en pares, divididas por una hendidura central. Florece con flores muy vistosas en color amarillo o naranja, que contrastan con su apariencia rocosa. Un descubrimiento reciente que me entusiasma,

La primera flor del paraguayo.

A pesar de las lluvias de estos días que azotan el Levante, esta mañana el paraguayo me ha dado los buenos días con este regalo. No me olvido, sin embargo, de la desolación de las tierras anegadas en el altiplano ni tampoco de Valencia., con ellos está mi corazón. ¡Que esta flor sea un buen augurio de primavera!