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Indignados: Siria

 

Bárbara Carpi: «La guerra». 1975. öleo sobre papel. Colección particular.

Hace solo unos días en Tremseh el ejército del tirano cometió la mayor matanza contra la población siria; se calcula que murieron alrededor de doscientas personas en una única operación. Desde que comenzó la barbarie el número de muertos puede que ascienda a 17.000. Es difícil calcular. Asad se sigue sintiendo fuerte, contando como cuenta con el apoyo de China y de Rusia; el veto le sigue respaldando. El plan de paz propiciado por Kofi Annan y la Liga Árabe sigue siendo inoperante. Se habla de la posibilidad de que se puedan utilizar armas químicas, si es que no se han utilizado ya. ¡Hasta cuándo! ¡Basta ya!

Guy de Maupassant. El Horla

Bárbara Carpi, óleo sobre papel (1975) Ilustración del libro «Desde la Soledad. Poemas». de Aurelio Serrano Ortiz. Fotos: Bárbara.

Guy de Maupassant, escritor francés de culto, del que también se ha dicho todo trasladó de forma magistral su ser a su obra. Su corta vida (1850-1893) no le impidió escribir más de trescientos relatos breves y novelas, de entre las cuales destaca Bel-Ami. Gustave Flauber fue su amigo y mentor. De todos sus relatos, El Horla es para mi el exponente más claro del cuento de terror al mismo nivel de Poe. Su carácter nervioso, inestable, frágil, temeroso de lo sobrenatural, de la muerte otorga a sus geniales relatos breves la pulsión necesaria para hacerlos febriles, vivos. En el Horla, nos hace sentir, sentimos desde la primera página toda la alegría de la naturaleza, espléndida en su eclosión primaveral a orillas del Sena, en la zona que va de Rouen a Le Havre; y como poco a poco, cual si de una nube se tratara que de pronto ocultara el sol, nos va invadiendo la  zozobra, la inquietud y el desasosiego. Casi cogidos de sus manos asistimos a la progresiva perturbación del protagonista que, en un crescendo, finaliza casi en la locura. El Horla está narrado en forma de diario -abarca desde mayo hasta setiembre- y en él hay elementos como lo fantástico, el estado anímico, la hipnosis, la sugestión, las alucinaciones, las leyendas normandas… que pueblan sus escasas 54 páginas. Se trata de un caso de posesión, de dominio, pero de un dominio casi apocalíptico. El terror de Maupassant en El Horla es un terror sicológico que no precisa de muletas al uso, paisajes sombríos, chirriar de puertas o arrastrar de cadenas; ahí está el genio. Volviendo a su carácter nervioso, escribe como respira -de forma agitada-, con grandes dosis de exclamaciones e interrogaciones, con un ritmo que nos atrapa desde el principio, que nos deja, como todos los grandes, con ganas de más. Guy de Maupassant está considerado el maestro del relato breve y para muchos es el precursor de la «Metamorfosis» de Kafka. Si no lo han leído, dense un regalo para este verano.

El Horla, Alianza Editorial. Colección Alianza Cien. Madrid, 1994.

Baudelaire. Las flores del mal

Bárbara Carpi. Öleo sobre papel. Colección privada.

De Baudelaire está todo dicho. Nada mejor que dejar ahí estos versos de «Cuadros parisienses» del libro «Las flores del mal».

 

PAISAJE

 

Es dulce ver surgir, a través de la bruma,

La estrella en el azul, la luz en la ventana,

Los ríos de carbón que se elevan al cielo

Y la luna que vierte sus pálidos hechizos.

Veré las primaveras, los veranos y otoños,

Y al llegar el invierno de monótonas nieves,

Cerraré por doquier postigos y mamparas,

Para alzar en la noche mis feéricos palacios.

Aurelio Serrano Ortiz, poeta

Bárbara Carpi: Serie azul. Óleo sobre lienzo. Foto: Bárbara Carpi

¿Y qué dejó?

solo un poema sobre el mar.

Mao Zedong

 

Hoy

sobre tus cenizas

cielo y tierra

quisieran ser mar

Del libro «Desde la Soledad» (1967-1969)

Aurelio Serrano Ortiz, poeta

Bárbara Carpi: «Serie azul». Óleo sobre lienzo.

Como un aire azul

 entre la tierra

Rozar con dormidos ojos

instantes blancos de eterno

y locas manos calladas

quisieran llegar

a palabra silencio

Mas

infinito

ha

nacido

muerto

De su libro «Desde la soledad. Poemas» (1967-1969). Doctor en Filología por la Universidad Autónoma de Madrid.

Animula vagula blandula. Alma que se desprende del cuerpo. El emperador Adriano y Cortázar.

Bárbara Carpi. Ornitortero, óleo sobre tablex, 98 por 124 cm. Colección Udina-García. Alcalá de Henares. Foto: Bárbara Carpi,

Julio Cortázar tradujo el libro «Memorias de Adriano» de Marguerite Yourcenar; los versos del emperador Adriano, «Animula vagula blandula», introducen el primer capítulo de la excelente novela de la escritora francesa, que se aproximó a la figura histórica con una precisión rigurosa, con una prosa elegante, con un conocimiento del mundo clásico que la erudición del traductor en ese ámbito ayudó de forma magistral. Los versos de Adriano, según una traducción que se atribuye a Cortázar, dice así: «Mínima alma mía, tierna y flotante / huésped y compañera de mi cuerpo / descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, / donde habrás de renunciar a los juegos de antaño.» Es una forma bella de expresar el sentimiento por el alma compañera que abandona el cuerpo. En el precioso poema que Cortázar dedica a Alejandra Pizarnik aparecen estos versos producto de su propia creación: «animula el tabaco / vagula Anaïs Nin / blandula vodka tónic», claro, nada que ver con el Imperio Romano; el surrealismo tiene sus propias no-leyes que hacen que sea lo que es y no otra cosa o todas las cosas a la vez o ninguna. Amén.

Braque y Picasso: cubismo analítico y cubismo sintético

Bárbara Carpi: Guitarra y velador. Óleo sobre lienzo. Foto: Bárbara.

«No hace falta imitar lo que se quiere crear», máxima de Braque extraída de su diario «El Día y la Noche (1917-1952)», que bien puede servir para los que, como ellos, abrieron nuevos caminos. Georges Braque, nacido el 13 de mayo de 1882 en Argenteuil, muere a los 81 años en París. Pintor y escultor en su primera época, abraza el fauvismo con entusiasmo; cuando a través del poeta Apollinaire conoce a Picasso y visita el estudio de este en el después famoso Bateau-Lavoir y ve «Les demoiselles d’Avignon», su pintura da un giro copernicano: cansado de la preeminencia del color de los fauvistas y, tras conocer la obra de Cézanne, el nuevo lenguaje de Picasso lo embarcará en un proceso que dará lugar al nacimiento del «cubismo analítico», donde los planos sustituyen a los volúmenes y el espacio cobra su máxima importancia; el color pasará a ser algo secundario -para algunos críticos-, aunque yo pienso que es una armonía diferente la que se crea. Durante el verano de 1912, Picasso y él pasan dos meses en Sorgues (¡siempre la Provenza!), cerca de Avignon. Comparten, en ese momento, amistad e idéntico lenguaje que más tarde dará lugar al llamado «cubismo sintético» en el que, según Apollinaire, «el color vuelve a cobrar importancia». Será tras la segunda guerra mundial cuando cada cual siga su propio camino; Picasso abriendo surcos nuevos hasta el día de su muerte y Braque creando sus famosos bodegones. Los dos realizarán decorados y figurines  para balés de bailarines de la talla de Diaghileff.

El incordio de la primavera

«Anémonas». Óleo sobre lienzo: Bárbara Carpi. Colección privada, Barcelona. Foto: Bárbara.

«La primavera ha venido y nadie sabe como ha sido…» De cualquier manera se ha instalado entre nosotros provocando rinitis alérgicas, estornudos, picores, procesos asmáticos y un sinfín de «incordios» propios de la nueva estación.