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Reapertura de Notre Dame.

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Ayer a las seis de la tarde Macron, el presidente francés, presidió la reapertura de Notre Dame tras el incendio declarado en abril de 2019. Cinco años y medio después, tras intensos trabajos de restauración junto al Sena, se ha culminado algo que parecía imposible, reabrir la catedral en un tiempo récord. En los cinco años que ha durado la restauración, el presidente francés ha visitado las obras en siete ocasiones y ayer, por fin, el Estado ha entregado el edificio a la Iglesia Católica. Más de cuarenta jefes de Estado han sido invitados entre ellos el nuevo electo presidente de EEUU Donal Trump y Zelenski. Macron y su mujer fueron recibiendo a todos y cada uno de los jefes de Estado en el «parvis» de Notre Dame adaptado para la ocasión con unas estructuras que les resguardaban del frío y de la lluvia. El arzobispo de París Laurent Ulrich golpeó con el báculo la puerta principal tres veces, tras lo cual se inició la ceremonia que constó de una parte civil y otra religiosa y que estuvo acompañada, en todo momento, por los cantores de la catedral y con todo el glamour del que hacen gala los franceses. Un dato curioso es que se han necesitado más de dos mil robles para reconstruir el llamado «bosque» de la cubierta. En el interior desfilaron los bomberos protagonistas destacados de la ceremonia civil. El presidente francés pronunció un discurso, en el que se remontó a otras épocas y donde destacó el papel, siempre, de los gremios de los artesanos franceses que han hecho posible, hoy, esta hazaña a través de más de doscientas empresas. Por su parte el arzobispo de París, presidió la ceremonia religiosa que constó de tres partes. En primer lugar el «despertar» del órgano, el más grande de Francia con más de 8.000 tubos y 116 registros, que no se quemó, pero que hubo que limpiar. En segundo lugar, el canto del oficio, con salmos y oraciones, y a continuación, impartió la bendición; finalmente el coro cantó el «Te Deum». Notre Dame lucía ahora blanca, más de lo que estamos acostumbrados a ver, pero con todo el esplendor de otros tiempos y, de siempre, del que habló Macron. Al final del acto sonaron las campanas y la Estirga y demás quimeras, desde lo alto lo celebraron a su manera.

De vuelta al puerto.

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En la parte alta de Honfleur vimos una iglesia totalmente de madera (foto 5 y 7) y de vuelta al puerto otra cuya entrada también lo era, hoy convertida en museo. Me dio pena dejar Honfleur, pero había que seguir el trayecto. Siguiente visita Rouen donde la presencia de Juana de Arco estaría en todas partes.

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Asombrosa, casi un jardín vertical.

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Cámara en mano, compartiendo el entusiasmo de todos por esta antigua casa de piedra con contraventanas de madera que es casi un jardín vertical. La fachada cubierta literalmente de flores nos dejó «bouche bée», como dicen franceses, en general porque en la lengua de oïl desconozco como se dice. La lengua de oïl, el normando, es una lengua romance que tiene cuatro variantes e incluso una quinta, como para aclararse. En el sur de Francia se habla el occitano o lengua de oc. !Un viaje muy instructivo!

Callejuelas y rincones sorprendentes de Honfleur

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Las casas entramadas, con esas maderas añejas que muestran el paso de los años, con la belleza que el paso del tiempo les procura, es uno de los elementos más personales de esta villa que ya en la Guerra de los Cien Años tuvo su gran importancia estratégica. Vimos buhardillas y muros cubiertos de hiedra y hasta una taberna con el rótulo en castellano; en nuestro deambular por callecitas estrechas que desde el puerto de pescadores subían y bajaban no dejó de sorprendernos lo bien que estaban conservadas tanto las casas, como la estructura del núcleo urbano antiguo. El Museo Etnográfico y de Cultura Popular de la Sociedad del Viejo Honfleur estaba cerrado, una pena, hubiera sido interesante poder verlo.

Llegada a Honfleur (Normandia)

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Llegamos a Honfleur en un día claro, luminoso y, lo primero que vimos, fue el bonito puerto de pescadores. Había todo tipo de embarcaciones de recreo. Esta villa tiene todo el encanto de la costa normanda, lugar preferido por la intelectualidad parisina y por los artistas del pasado siglo que en verano pasaban aquí sus vacaciones. Me hubiera quedado unos días, pero solo estuvimos unas horas y aún así me enamoraron sus casas, sus calles y su ambiente cosmopolita. Su autenticidad me encantó. Un lugar para volver, sin género de duda.

Las industrias a orillas del Sena.

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Seguimos navegando y viendo, ante nuestro asombro, que el Sena también tiene su lado oscuro, su zona industrial. Los ecologistas se llevarían las manos a la cabeza, pero así es «el progreso» y en mundo en que vivimos. Aún así las fotos de Aurelio son magnificas.

Lo que vimos por la noche desde la cubierta.

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Por la tarde vimos una industria cementera. Pero fue por las noches, desde la cubierta del barco, donde pudimos ver muchas cosas. Por decirlo de alguna manera, de día era la cara de un paisaje muy hermoso y por la noche la cruz en los tramos donde se había instalado la industria. Y eso, como es lógico, no figuraba en la guía. Y era por la noche cuando los trasnochadores pudimos ver, en primer lugar, la instalación de un parque de atracciones y algo más tarde comenzamos a pasar por una zona muy industrial y lo que nos pareció una refinería… y cargueros. El cielo acharolado se llenó de columnas de humo blanco y de un olor muy fuerte y penetrante. La cara y la cruz de un río que al paso por París nos hace soñar.

Tiempo de setas. Salmón con salsa de mostaza y níscalos.

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El otoño es, sin lugar a dudas, mi estación preferida. Salir al campo a coger setas, una gozada, pero siempre con alguien conocedor del tema. Si hay algo que me gusta son los níscalos, solos o acompañando carnes o pescados como en este caso. Preparar esta receta un día en la que no tengamos prisa, mientras degustamos un buen vino, como por ejemplo un Château Fombrauge 2017, uno de mis vinos preferidos, es para mí un auténtico placer.

La salsa de mostaza es ideal para acompañar pollo y verduras, pero en este caso la he utilizado para el salmón y debo decir que le va muy bien. La mostaza fue introducida por los romanos en la Galia a partir del 58 a. C. Aparte de mejorar el sabor de los distintos alimentos, la mostaza se usaba como digestivo y antiséptico.

Salsa de mostaza:

Ingredientes: 2 cucharadas de mostaza de Dijon, 1 cebolla, una pizca de azúcar, 200 ml. de leche evaporada o nata, sal y pimienta, y 1 cucharada de aceite de oliva.

Cortamos fina la cebolla y la sofreímos en aceite de oliva virgen extra, añadiendo un poco de azúcar para que caramelice. Cuando esté dorada añade la mostaza y la nata o la leche evaporada; cocer a fuego lento durante cuatro minutos y remover. Batimos a continuación y agregamos sal y pimienta.

Pasamos los filetes de salmón por la sartén y le agregamos la salsa.

Limpiamos los níscalos con un trapo de cocina limpio y los pasamos por la sartén con un poco de aceite y unos dientes de ajos bien picados. Los espolvoreamos con perejil. ¡Emplatamos todo como en la foto… y a disfrutar!

Los sauces llorones y los «viscum album» o muérdagos blancos.

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De todos los árboles, tengo debilidad por los sauces llorones. Y lo es, desde que viviendo en Ciudadela de Menorca, cuando era pequeña, veía todos los días al ir al colegio uno muy bonito. Ya el nombre me llamaba mucho la atención. En la ribera de los ríos evita la erosión de los suelos, protege la flora y fortalece los cauces ante posibles desbordamientos. Ojo con esto que es sumamente importante. Durante la travesía por el Sena vimos muchos a la orilla del río; su nombre científico es Salix babylonica del latín mimbre o sauce y babylonica porque se considera originaria de Babilonia. Este árbol se asocia con la melancolía, la luna, el agua y la fertilidad. La cocción de las hojas es un buen remedio para distintos dolores y es interesante saber que, en el sauce blanco, que es de la misma familia que el sauce llorón, se encuentra de forma natural la aspirina. Pero la sorpresa fue el ver, por primera vez, en la foto tercera y cuarta el llamado muérdago blanco, que parasita diversos tipos de árboles, como álamos, naranjos e incluso pinos, formando como una especie de nidos.